
Una bonita noche hace unos meses me presentaron a una persona con la que acabé teniendo una larga conversación sobre música, y que me recomendó de un modo entusiasta que escuchara a Klaxons, un grupo del que yo ya había oído hablar pero al que todavía no le había prestado mucha atención. Le hice caso y lo cierto es que me gustaron mucho. El azar quiso que algunas semanas después, en otra noche mágica y memorable, una canción de los londinenses, Gravity’s Rainbow, se convirtiera en banda sonora central, lo cual ayudó de un modo indudable a que acabara considerándola mi canción favorita de 2006.
Digo esto porque muchas veces a un grupo, una canción, un disco, es imposible juzgarlos exclusivamente por la música en sí, sino que hay coyunturas que van más allá que contribuyen definitivamente a construir nuestra opinión sobre ellos. En mi caso, fueron clave las circunstancias en las que los conocí y confirmé que me gustaban; en el caso de muchos otros bien podría ser todo el revuelo que se ha armado a su alrededor y que ha provocado un montón de apriorismos positivos y negativos, dependiendo de lo amigos o enemigos que seamos de dejarnos convencer de que Klaxons es el grupo que hay que escuchar.
En el New Musical Express se debieron de frotar las manos (y los ojos) al darse cuenta de que no sólo tenían sustituto a su hype anual (el último fue Arctic Monkeys), sino que además la banda en cuestión iba acompañada de su propio neoestilo musical (new rave), y de su correspondiente estética de neones, smileys y colores fluorescentes. Perfecto, no sólo un grupo, sino también todo un movimiento del que hacerse eco. Hoy por hoy todavía parece más un deseo o una campaña de márketing en ciernes que algo que se vaya a materializar realmente, pero me imagino que la verdadera medida de si cuajará o no esta nueva (o neo) subcultura podrá conocerse con más certeza a partir de la publicación (el pasado lunes) de Myths Of The Near Future (Polydor, 2007), su disco bandera.
Musicalmente no es, desde luego, ninguna revolución, porque mezclar punk, rock, dance y electrónica tampoco es algo novedoso. Ni cantar chillando, ni incluir sirenas, ni aferrarse a letras crípticas y enrevesadas con referencias a la literatura (J.G. Ballard, Thomas Pynchon, William Burroughs), el ocultismo, la ciencia-ficción, el realismo mágico o el futurismo, que no se sabe si forma parte de un afán de construirse un ideario propio o de simplemente parecer (y creerse) cool. Pero es que yo no quería un disco que marcara un punto de inflexión, que fuera abanderado de nada o que cambiase la historia de la música, yo quería un álbum que confirmara y completara los magníficos precedentes, y eso lo han conseguido. Recuperan la mayoría de los temas ya conocidos, todos ellos excepcionales (Gravity’s Rainbow, Four Horsemen Of 2012, Atlantis To Interzone, Magick y su último single, Golden Skans), y los nuevos acaban por conformar los 36 minutos (+ bonus track) más excitantes para los oídos de los últimos tiempos. ¿Qué, se animan?
Canciones favoritas:
- Gravity’s Rainbow
- Golden Skans
- Atlantis To Interzone
Puntuación: 9/10






Añade un comentario