“Es la primera vez que viajamos tan lejos para ofrecer un solo concierto. Pero valió la pena”. Ésas fueron las palabras de Eirik Glambek Bøe, una de las mitades de Kings of Convenience, hace apenas unas horas, durante su primer concierto en la Ciudad de México en el Polyforum Siqueiros.

En el pasado tuve la suerte de ver a KoC en vivo un par de ocasiones, y puedo decir sin temor a equivocarme que durante el concierto de esta noche su entrega al público fue total y sin reservas, algo que no había visto en sus presentaciones anteriores. El dúo, nórdico al fin y al cabo, suele ser distante con su público, pero hoy se les vio sonrientes, relajados y muy bien conectados con los asistentes. 

Los reyes de la conveniencia también son los reyes de la improvisación. Su presentación de hoy dejó ver que sus composiciones ya dejaron de ser material promocional para convertirse en preciosas oportunidades de jammings sabrosos, juguetones, sensuales. Dos guitarras (más un bajo y un violín, maravillosos invitados en algunas canciones) son más que suficientes para robar el aliento, estrujar el corazón y crear una atmósfera casi etérea.

Riot On An Empty Street (interpretado esta noche casi en su totalidad) es un álbum que llevo en el alma pues fue la banda sonora de uno de los veranos más intensos de mi existencia. Revivir esa música con nuevos arreglos y detalles fue como reencontrarme con un viejo amigo que sin ser irreconocible sigue siendo sorprendente y cautivador, y que por ello, acabo apreciando más.

Los puntos máximos de la noche: I Don’t Know What I Can Save You From, The Girl From Back Then, Singing Softly To Me, Misread, Homesick, Know-How y la siempre alegre I’d Rather Dance With You, canción que Erlend Øye siempre aprovecha para hacer gala de esa actitud tan suya de no tomarse nada muy en serio, ni siquiera a sí mismo.

Así que tienes razón, guapo Eirik: el largo viaje de ustedes, la larga espera de nosotros… todo valió la pena.