“Todos los cortes de este trabajo podrían ser singles, todos merecen repetidas escuchas por puro vicio” (MondoSonoro), “Con su debut el grupo gallego se ha convertido en la gran revelación nacional de este primer tramo del año” (Heineken.com), “El debut del lustro (La Opinión de Tenerife), “Una de las propuestas más salvajes y revolucionarias del indie español” (ABC).

Estos son algunos de los numerosos elogios que está recibiendo el primer disco de Triángulo de Amor Bizarro (Mushroom Pillow, 2007). No me voy a poner a discutir si el indie español necesita a estas alturas un hype, pero tampoco puedo dejar de rendirme a los pies de este inconmesurable álbum, a este trepidante festival del ruido, del guitarreo más guarro, cuyas puntuales bajadas de ritmo únicamente son una excusa para recobrar el aliento y retomar el discurso con más fuerza, si cabe.

Uno de los mayores atractivos de estos coruñeses es su falta de complejos: son deliciosamente irreverentes, encantadoramente maleducados, conscientemente provocadores y desvergonzados, y eso desemboca en un álbum que no puedo calificar más que de excitante, en el sentido más lujurioso de la palabra (que me pone, vamos). Son treinta y tres minutos de canciones potentes y musculosas, en las que los dos vocalistas ahogan sin complejos sus perfectas (para la ocasión) voces entre toda esa maraña de sonido, insuflando personalidad a cada segundo a pesar de contar con referentes tan reconocibles como Sonic Youth, My Bloody Valentine, Surfin’ Bichos, The Jesus & Mary Chain o incluso Los Planetas.

Es curioso que lo que podría haber sido un disco anacrónico (¿no era esto lo que intentaron todos los grupos de noise-pop españoles de los 90?) sea de facto un disco atemporal, poblado de letras de las que mola cantar, y es que poseen una innata capacidad para elaborar eslóganes imperecederos: “El mejor sitio para descansar es la universidad”, “Llevar navaja siempre es conveniente”, “Portaos bien, hijos de puta, Jesús os mira desde las alturas”, “Ya, ya es fin de año. ¿Por qué, por qué no folláis?”

Me gustaría acabar con una frase lapidaria que resumiera con concisión todas las sensaciones que me produce este disco, pero no se me ocurre ninguna tan perfecta como la de Nando Cruz en El Periódico de Catalunya: “Su debut sabe a carne cruda electrocutada”.

Puntuación: 9/10

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