La hermosa y clásica “What A Wonderful World”, original de los compositores Bob Thiele y George David Weiss, inmortalizada por el gran Louie Armstrong, fue desde siempre una canción con una sutil carga política: fue concebida en una época (finales de los años sesenta) en la que los disturbios sociales por la discriminación racial en Estados Unidos eran cosa de todos los días. El tema buscaba ser un símbolo de esperanza y paz en aquella turbulenta época.

En 2002, el cineasta Michael Moore utilizó está canción en su conocido filme Bowling For Columbine para ambientar una serie de tristes hechos sociales de violencia e intervención estadounidense, renovando la vigencia y relevancia de la carga política del tema—y usando la canción con un ácido tono de crítica y sarcasmo.

Veo esa parte de la cinta y las causas y efectos que muestra y que experimento son palpables, evidentes, inmediatos.

Causas: la música y la voz de Armstrong. Efectos: una emotividad sobrecogedora, un nudo en la garganta.

Causas: la constante intervención del gobierno de los Estados Unidos en los asuntos internos de otros países. Efectos: los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York que privaron de la vida a miles de civiles inocentes (como siempre, los que siempre pagan los platos rotos de los pendejetes que dicen ser “líderes mundiales”). Y sí, también un nudo en la garganta, igual que rabia.

¿Cuándo entenderán estos “líderes” algo tan simple como que a toda causa le sigue un efecto?