Ciertamente, del Reino Unido ha salido cualquier cantidad de bandas y exponentes revolucionarios y de calidad que han dejado marca en la historia de la música y en una gran variedad de géneros. Pero también es cierto que en este país—como en todos—hay mentes perversas que producen verdadera basura para los oídos. Y lo que es peor: la gente la escucha, la compra y la coloca en los topes de las listas. Algo que va más allá de mi comprensión.

Tal es el caso del grupillo pop Fast Food Rockers, ya extinto (una pérdida lamentabilísima para el mundo de la música). Me topé con esta monstruosidad en un canal de videos que presentaba una lista de los momentos más odiosos del pop británico, y este tema se ganó su lugar en la lista a pulso.

No sé qué sea peor: el nombre del grupo (se pusieron ese nombre quesque porque se conocieron en una convención de comida rápida, WTF?), la letra tan babosa (bien la pudo haber escrito un chamaco de ocho años), la coreografía tan chafa, el vestuario tan espantoso (¡¡¡ay mis ojos!!!), la ridícula mascota del grupo (hasta el nombre del perrote ése, Hot Dog, es un mal chiste), el varonil integrante del grupo que medio canta y medio baila… o saber que esta canciocita llegó al segundo lugar de las listas británicas por ahí de 2003… La comida rápida jamás fue tan mala.