Por favor, perdóname. UNKLE fue un grupo estrictamente electrónico en sus inicios, y probablemente uno de los más finos en llegar a la corriente principal británica de finales de los ‘90 junto con los Propellerheads. Su planteamiento fusionaba tornamesismo, el ensamble de bootlegs, beats trip-hopperos y eso sólo como la base de un concepto que integrara músicos de diversas escenas generando un sonido texturizado y vanguardista. Además, su gran tratamiento visual, porque no es casualidad que tengan un video considerado uno de los mejores de la historia.

Y todo ha cambiado. Ahora en su tercer LP en nueve años, James Lavelle parece plantear su proyecto más ambicioso a la fecha. Aquí la cosa es definitivamente más rockera por decirlo de una forma: las estructuras y la manera de entrar de los riffs me recuerda la producción de Before The Dawn Heals Us de M83. No porque sea un disco similar, sino porque tiene ese punch especial que explota en el momento adecuado.

Como siempre hay una serie de vocalistas invitados, esta vez no tanto así como estrellas (aunque talvez Josh Homme si sea considerado un evangelista por ciertos círculos de hoyos funky), pero sacan su voz de una manera muy compacta y a la vez llegadora emocionalmente. War Stories es como una colección de canciones convencionales pero muy enérgicas que contrastan situaciones a veces desgarradoras y siempre sentimentales; sin olvidar los excelentes beats que caracterizan sus discos, pero con muchos pasajes de guitarras acústicas y algunos elementos sinfónicos también.

El resultado final retrata la obscuridad que vivimos estos días y la forma en la que frecuentemente ni siquiera la percibimos. Pero que a pesar de todo, siempre nos afecta. Hay depresión, hay melancolía, hay amor y también mucha carga espiritual en el sentido de que la vida va retribuyendo a todas tus acciones de una forma consecuente. Quizá para algunos este disco no tenga el mismo impacto que cuando se debutara con Psyence Fiction pero creo que con tiempo se podría ver como una obra clásica de la talla de Mezzanine de Massive Attack, el Maxinquaye de Tricky u otros, sólo que en un contexto nuevo y distinto. Es cosa de irle dando su espacio, captar sus ambientaciones y especialmente sentir la construcción de los momentos de climax. Es cosa de entender un poco más el dolor y saber que nada está perdido. Todo está perdonado.

Puntuación: 10/10