Cuando murió Freddie Mercury, mis sueños de adolescente de poder ver a Queen en directo se derrumbaron. Múltiples rumores se sucedían sobre un nuevo vocalista en la banda. Sin embargo, con el paso de algunos años el resto del grupo tomó una decisión que se me antojó acertada: dejar morir de gloria a la Reina y que se la recordase por sus logros.

Tras una serie de movimientos que considero inadecuados, como el disco Made In Heaven o la publicación de recopilatorios innecesarios, al cabo de muchos años el anuncio de una gira del grupo usando como vocalista a Paul Rodgers fue un auténtico palo para mí.

Luego llegó el nuevo disco The Cosmos Rocks, y la cosa me dejó hecho polvo. Un disco donde no existe la magia de antaño, con tan sólo un par de canciones salvables -“Time to Shine”, parte de “C-lebrity”, “Small Reprise”- y sonando mucho menos moderno que discos del grupo de los años setenta y ochenta.

Aún así surgió la oportunidad, y allí estaba el primero para comprobar cómo había envejecido el grupo sin Deacon y Mercury. Lleno aceptable, puntualidad y organización impecable, para un comienzo impresionante: “Hammer to Fall” -un tanto descafeinada y acortada- y la siempre fantástica “Tie Your Mother Down”.

Desde el principio se mostró cuál es el mayor handicap del grupo, la mala elección del nuevo vocalista, Paul Rodgers. En numerosos momentos no dio la talla y en los tonos altos perdía la voz. Cuando decidía cantar las canciones en el tono natural de su voz todo iba bien, el problema llegaba en los numerosos momentos en que trataba de imitar la inimitable voz de Mercury. La muestra más clara: cuando interpretó magistralmente su propio tema “Al’ right Now”.

En cualquier caso, y ante mi desconcierto inicial, finalmente tuve mi concierto de Queen dentro del concierto de Queen + Paul Rodgers. Brian May blandió su guitarra acústica e interpretó “Love of my life”, que dedicó a Mercury. Posteriormente se unió al resto de miembros de la banda para tocar “‘39” también en acústico. Un extraño solo de Roger Taylor -usando sus baquetas para tocar en el contrabajo fragmentos de las líneas de bajo de algunas canciones de la banda-; cambio a la batería, que se montó desde un sencillo set acústico mientras Taylor no dejaba de tocar, y luego, a mi entender, el momento estelar: Taylor interpretó I’m in love with my car otra de mis canciones preferidas y una desaparecida en los últimos directos de la banda en su época en activo. La sorpresa no terminó allí sino que enfiló una versión novedosa de “A Kind Of Magic ” que él mismo interpretó.

Solo de guitarra más tarde de Brian May, con los retazos habituales de Brighton Rock, la interpretación de un tema de su disco en solitario Back to The Light, y finalmente otro momento sorprendente: Bijou con la voz de Freddie Mercury integrada en el directo.

Pese a que el grupo supo intercalar los temas nuevos de la banda con sus clásicos, tras este momento estelar hubo pocas cosas memorables. Rodgers fue incapaz de hacer un solemne homenaje con una desvaída “The Show Must Go On”, “I Want It All” sonó bien por la música, no por él, que quedó totalmente en sombra, un “Radio Gaga” al que le faltaba algo y el bis habitual con “We Will Rock You” y “We are the Champions”.

Así pasaron más de dos horas de concierto entre lo decepcionante y lo emotivo. Queda claro que May y Taylor siguen siendo las bestias sobre el escenario de siempre, pero parece que en lo creativo siempre habrá que seguir apelando a tiempos mejores.