Resulta extraordinario que un grupo tan importante como R.E.M. visite una ciudad relativamente pequeña como Murcia, por lo que quedé sorprendido al comprobar que la asistencia al concierto no había cumplido con mis expectativas. Al dato, quedaba libre un tercio del recinto, que ya de por sí no era demasiado grande. Quizás que fuese en un día laborable lo hacía más inaccesible a visitas foráneas. El caso es que este fenómeno permitió disfrutar sin agobios de los de Athens.

Cuando apenas había comenzado a entrar gente al recinto comenzaron a tocar los teloneros, We Are Cientists, que ofrecieron una sesión interesante, pese a que apenas nadie les estaba prestando atención. De nuevo buena calidad de interpretación para unas canciones demasiado pendientes del pasado pop de los noventa e incluso ochenta.

Con puntualidad pasmosa comenzaron REM su estreno en Murcia. El sonido dejaba mucho que desear, demasiado grave y saturado, lo cual sorprende en un grupo de su importancia. El show fue espectacular, con un Michael Stipe entregado y un formato que conseguía integrar al público en el show. Multitud de cámaras grababan a grupo y público, y casi en tiempo real las imágenes eran proyectadas sobre unas pantallas, añadiéndoles efectos. El hecho de estar totalmente integradas con el escenario y el juego de luces suponía simplemente ir más allá de la curiosidad de verte en una pantalla, para sentirte parte del espectáculo.

Momento estelar con la celebración del cumpleaños del actual batería de la banda, Bill Rieflin, al que se cantó el habitual Happy birthday entre banda y público. Stipe se metió a la audiencia en el bolsillo, y sobre ella vertió críticas al gobierno de su país y algún comentario que otro sobre las canciones que interpretaba.

El concierto falló al insistir temas de sus últimos años, especialmente los de su mediocre último trabajo y algún arreglo especialmente fastidioso: “The Great Beyond” apenas era reconocible hasta que llegaba su estribillo, y “Driver 8”, una de mis preferidas, adquirió un tono rocoso que diluyó completamente la sensibilidad de la canción original.

Sin embargo, fueron muchos más los aciertos: ortodoxia con “Imitation of Life”, “Drive” o “Losing my Religion” y arriesgando - esta vez con acierto- con una versión acústica y en corro de “Let me in” -que subestimado está Monster- y un “Don’t go back to rockville” interpretado por Mike Mills al que se le había acentuado su raíz country.

Respecto al repertorio, dos sorpresas: no sé si será habitual en los conciertos de la banda, pero aluciné con “Country Feedback”, ya que pensé que no la interpretarían. Lo negativo: me dejaron sin “Pop Song 89”, mi canción preferida.

El momento: “Orange Crush”. Apocalipsis naranja con megáfono.