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Uno está acostumbrado a que cuando se casa alguna infanta, cuando muere algún miembro de la familia real o cosas parecidas, toda la prensa despliegue medios y nos sature con fotos, recuerdos y opiniones diversas. También, en el caso concreto de España, que muera un personaje como Rocio Jurado también da lugar a ese tipo de despliegues.

Pero no me esperaba un fenómeno tan fuerte aquí con la muerte de Michael Jackson. Es difícil encender la televisión durante más de diez minutos sin ver la enésima información por la muerte del cantante. Mis feeds están también llenos de entradas relativas al asunto. Sin duda, la importancia del artista merece una cobertura especial pero... ¿necesitamos saber tanto? Apenas han pasado unos días y todo son datos y más datos -muchos de ellos basados en rumores, contradictorios entre sí o directamente falsos. Y todas esas informaciones no son un homenaje, ni tan siquiera información: son simplemente una forma de atraer a lectores y espectadores. ¿Realmente es necesaria esta saturación sobre los aspectos morbosos de la vida y muerte del artista?

En un periódico nacional este fin de semana venía un largo especial sobre el artista. Páginas y páginas con los datos de siempre -que si considero necesarios en un caso como este-, y muchos artículos de opinión de gente de la música y periodistas varios. Y todos recaían en los mismos tópicos, con la única diferencia del enfoque vital o más o menos destreza en contar las anécdotas de turno.

¿Qué tiene todo esto que ver con la música? Se alimenta el mito del personaje freak pero realmente lo que ha de vender discos y canciones es su música. Y desde luego aquellos que siempre la disfrutaron no tendrán ahora que comprarla, porque siempre la poseyeron. No es más que una feria del oportunismo, en la que quizás deberíamos hacer un esfuerzo por no caer. Al final, la verdadera celebración, el verdadero luto ha de ser una fiesta -y en eso han incidido pocos-. Una celebración por el legado de un gran artista.