A veces es inevitable desconfiar de aquellos artistas que salen a la luz pública a tambor batiente y sin aviso, y cuya música es reseñada y mentada en cada sitio musical como si de la segunda venida se tratara. Cínicamente, uno no puede más que pensar que hay una buena estrategia publicitaria plagada de favores detrás de tal éxito, algo que convierte en tarea difícil el acercarse a dicho material.

Mi primera reacción al ver la portada de I Speak Because I can fue precisamente la desconfianza. Sé que después del éxito de gente como Leslie Feist, las disqueras deben estar buscando como locas a la siguiente joven cantante de voz profunda para llenarse los bolsillos, y la portada de este disco es tan parecida a la de la artista canadiense como para levantar suspicacias.

Sin embargo, las comparaciones terminan aquí. Mientras Leslie es una cantante más pop y alegre, la música de Laura Marling, una británica de 20 años que a los 16 ya tenía su primera producción en el bolsillo, es mucho menos accesible y más seria, con un folk cimentado en su voz y letras más que en arreglos o innovaciones, y que a más de uno le recordará a gente como Joni Mitchell.

Estas influencias son sumamente claras en I Speak Because I can, pues la cantante ha dejado de lado las orquestaciones y arreglos pop de su primer álbum para reemplazarlas por un sonido mucho más obscuro y por momentos algo severo.

Más que seguir una temática o un concepto, la guitarrista ha construido en este álbum una colección de canciones hiladas únicamente por su magnifica voz. Las letras están escritas desde una perspectiva poco personal y más universal, inspiradas por el cine y la literatura más que por las vivencias de esta jovencita, quien por momentos recuerda a un trovador de la edad media, llevando historias de un país a otro.

El disco abre con "Devil's Spoke", un tema rítmico que incorpora el banjo y violín para crear una poderosa melodía y que es un buen preámbulo a un disco que no se anuncia fácil ni de satisfacción rápida. La exploración musical también es parte de "Alpha Shallows", en la que la cantante incorpora mandolinas y una vibra árabe para adornar un tema sobre contradicciones, en el que es clara su capacidad para narrar historias obscuras y enredadas más que momentos de la vida diaria.

El banjo y la mandolina se incorporan también en canciones como "Hope in the air" y "Rambling Man", un tema completamente folk, de buenos arreglos que a pesar de sus hechuras de sencillo es uno de los que menos me gustaron de este disco, tal vez porque por momentos la cantante pierde su personalidad para sonar demasiado parecida a sus influencias.

De hecho, los temas son mejores cuando la cantante disminuye el número de instrumentos. Por ejemplo, "Blackberry Stone" suena mucho más amable, con una guitarra minimalista, cuerdas de fondo y las palabras arrastradas para simbolizar la pérdida de un amor o una relación, y el dolor que significa la imposibilidad de seguir adelante. O "What he Wrote", en donde utiliza como único auxiliar su guitarra para contarnos una historia inspirada en la lectura de cartas de la Segunda Guerra Mundial, lectura que ella misma ha dicho fue una de sus inspiraciones para esta producción.

También está "Made by Maid", un tema de guitarra desnuda en el que se hace patente la madurez que muchos han señalado como una de la características de la música de esta cantante. Aquí se muestra clara la influencia de Joni Mitchell no sólo en la manera cómo canta y coge la guitarra sino en la letra, en la que la británica hila una especie de cuento fantástico sobre un niño nacido en el bosque que al crecer descubre la maldad del mundo.

En la misma tónica funciona "Goodbye England", tal vez uno de los temas más personales que encontraremos en este álbum, pues aquí la cantante aborda la nostalgia por la niñez y el país en donde creció, tejiendo las palabras a partir de una anécdota de su infancia al lado de su padre.

La placa sigue con esta diversidad de ritmos y cambios de instrumentación hasta el final, cerrando con un tema folk-americana llamado "Darkenss Descends" y una balada a piano, guitarra y cuerdas llamada precisamente "I Speak Because I Can".

Es un hecho que este no es un álbum fácil, pues son necesarias varias repeticiones para comprender la complejidad de las letras y el ritmo por momentos demasiado denso de algunas de las melodías. Al final, lo que queda muy claro es que Laura Marling es una letrista consumada y una contadora de historias. Eso explica la madurez con la que muchos han descrito sus canciones, pues más que hablar de las experiencias personales de una adolescente casi convertida en mujer, Laura retoma en su música temas universales para crear poemas de corta duración y narraciones épicas que lo mismo podrían aplicarse a su vida que a la de cualquier otra persona.

8.3/10

En este intento también es clara su resolución por encontrar una voz propia, a través de melodías con arreglos que privilegien su voz y su guitarra, y que sirvan para darle el tono a cada una de sus historias. Es necesario decir que la Marling no es una innovadora, pues su música tiene influencias claras de gente como la Mitchell y Bob Dylan, sin embargo, es sorprendente que a sus cortos años ya tenga tan clara la manera en cómo quiere sonar, y que ya sea capaz de construir un álbum sin sucumbir a las presiones de los charts y la música fácil.

En suma, este es un excelente segundo intento, perfecto para los días fríos y nublados y la introspección, un disco disfrutable en su complejidad y que pronostica un futuro brillante para esta cantante de voz profunda.

Fecha de lanzamiento: Marzo de 2010
Discográfica: Virgin Records
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Tres canciones destacadas: "Blackberry Stone", "Devil's Spoke", "Darkenss Descends"