Rememorar, recuperar e incluso copiar el pasado es un asunto tan común en la música hoy en día como lo son las historias inventadas, leyendas y casualidades misteriosas que han dado pie a un montón de bandas a lo largo de los años. Lo cierto es que uno tiende a desconfiar de cuentos demasiado telenovelescos y sonidos extremada y cuidadosamente vintage, aunque eso no evita que, de vez en cuando, un grupo con estas características nos conquiste utilizando los recursos más simples.

La historia de Tennis cumple de hecho con todos estos requisitos: un par de esposos, Alaina y Patrick, que decidieron cumplir su sueño y viajar por el Atlántico durante varios meses alejados de la civilización. A su regreso a Denver, su tierra natal, surgió la idea de juntarse para componer música que les permitiera rememorar las experiencias vividas en los meses de navegación y rendir tributo al pop bonito y simple de grupos como The Shirelles y The Beach Boys.

Así, una vez que lanzaron sus primeras canciones al espacio virtual, la banda, que nunca quiso ser banda, comenzó a sonar en los círculos indie del mundo y se vio lanzada al estrellato sin quererlo o buscarlo, haciendo gala de un sonido que estaba de moda aunque, aparentemente, ellos ni siquiera estaban enterados.

Así llegó a nuestras manos Cape Dory, el primer álbum de la banda que en realidad es la recopilación de los EP's que lanzaron luego de su descubrimiento, además de algunas canciones nuevas. Un conjunto de breves momentos pop, intencionalmente Lo-FI, en el que Alaina narra con su voz afectada y dulce algunos de los pensamientos que ocuparon su mente durante el viaje, como la necesidad de parar un momento, de huir hacia lo desconocido o simplemente lo grandioso que es estar enamorado.

Por supuesto la vibra playera es constante en esta producción, así como las progresiones de guitarra, un común denominador en todas las canciones. Además de la vibra vintage, los temas de este disco están llenos de shalala's y "oh,oh,oh`s", al mejor estilo de la bandas de los años 50. Todo esto se suma a la voz peculiar de Alaina para formar un sonido pop alegre, sin grandes pretensiones pero tremendamente disfrutable.

Curiosamente, en donde mejor se asienta este sonido es en los temas más movidos como "Cape Dory", canción que comienza con unos acompasados acordes de guitarra y una petición para salir, para después continuar con una guitarra y batería muy pop-rockeras y los consabidos coritos pegajosos.

Ahí está también "Marathon", tema que sigue la misma fórmula, sólo que ocupando las percusiones para dar ritmo a la melodía. Sobresalen asimismo "South Carolina", gracias a unas encantadoras vocales que también forman parte de "Seafarer", tema en el que la vocalista narra un poco de la historia de amor que condujo a este par a dejar todo detrás para viajar, viajar, viajar.

"Baltimore" llega casi al final del viaje con la misma guitarra y los mismos coros, pero no por eso aburre. Y es que en esa combinación de guitarras viejas, coros multicolores de otra época y vibra playera está su mejor fortaleza.

Las cosas sin embargo no son tan interesantes cuando la banda baja el ritmo y convierte sus encantadores tres minutos en baladas perfectas para el momento romántico de un musical de los años 50, en el que los protagonistas de la cinta se encuentran en medio del baile y finalmente caen uno en brazos del otro. Ahí está por ejemplo "Bimini Bay", tema que suena al mismo tiempo melancólico y demasiado familiar, como una especie de intermedio para lo que vendrá en la segunda parte del álbum aunque sin ofrecer ningún encanto.

En la misma tónica está "Waterbirds", tema con el que la banda cierra el disco y que por momentos se nota forzado y demasiado cansado ya. En esta categoría la única que se salva de hecho es "Pigeon", gracias sobre todo a Alaina y su magnífica voz de enamorada.

Como balada también comienza "Take me somewhere", sin embargo, a mitad de la canción se anima para tomar un ritmo mucho más playero y francamente más agradable, que asimismo llena los momentos de "Long Boast Pass".

El álbum conserva un buen equilibrio entre los temas un poquito más movidos y las baladas y, aunque prácticamente no ofrece grandes alteraciones de ritmo, son los pequeños matices los que permiten que no te aburras, especialmente cuando llegan las mejores canciones. Además, la duración de las mismas es tan corta que apenas estás pensando en adelantarle cuando ya llegó el siguiente tema.

8/10

Es cierto que por momentos Cape Dory parece el mismo tema repetido una y otra vez, pues como ya dije no ofrece sorpresas ni grandes cambios de ritmo. Ahí está de hecho el gran pero de este disco, especialmente si tiendes a desconfiar de las historias sorprendentes como la que trajo a este dúo a nuestros oídos.

Sin embargo, si uno anda a la búsqueda de un sonido reconfortante, alegre, sin mayores pretensiones y perfecto para pasar los peores momentos, Cape Dory es la mejor opción. No puedo decir si Tennis logrará conquistarnos de nuevo con su siguiente producción, o si este álbum sobrevivirá al paso de los años pero, por lo pronto, sus canciones son perfectas para esperar la primavera y soñar con un verano dorado que finalmente nos lleve al mar.

Fecha de lanzamiento: 18/01/2011
Discográfica: Fat Possum
Compra el disco: En Amazon
Descarga el disco: En la Web
Tres canciones destacadas: "Marathon", "South Carolina" y "Seafarer