Así debería acabarse el mundo. No con guerras ni encierros sino con música, con la música producida por cuatro corazones daneses, tan poderosa que es capaz de llegar a miles más para llenarlos de euforia y parar el reloj por un segundo, una hora, tal vez media más.

Momentos infinitos llenos de buena música. Eso fue lo que nos regaló Kashmir el pasado domingo 6 de marzo en su segunda (cuarta en realidad) presentación en la Ciudad de México. Un concierto marcado por la alegría, por aquella primera vez ocurrida hace exactamente un año, cuando estos escandinavos llegaron sin saber muy bien qué esperar, y se fueron con la certeza de que su música había llegado a mucha gente y era absolutamente necesario regresar.

365 días esperando el cumplimiento de una promesa, esa que hizo Kasper Eistrup al finalizar su presentación del 12 de marzo del 2010, cuando juró que iban a volver. Y así comenzó otra vez a girar la rueda: esperar el anuncio de las fechas, alistar la tarjeta, formarse o esperar la fecha señalada para comprar los boletos y prepararse así para el día en el que finalmente nos íbamos a reencontrar con una de las bandas más grandes de Dinamarca.

El día empezó temprano. Desde las 9 de la mañana ya había gente formada en el Vive Cuervo Salón para la presentación que comenzaría 12 horas después. Una larga espera que culminó con una luz amarilla titilante, mientras Henrik, Mads, Asger y por supuesto Kasper tomaban sus instrumentos frente a casi tres mil personas eufóricas, que no dejaban de gritar y aplaudir como si la vida les fuera en ello, para decir, en todo lo alto: "bienvenidos una vez más".

Así comenzó y terminó la cita pactada. "Danger Bear", uno de los temas extraídos de su más reciente producción, Tresspassers, fue la encargada de abrir la noche que se presagiaba espectacular. Porque el público ya estaba entregado a la banda desde el primer acorde y el cuarteto supo responder, con la sonrisa en los labios y aplausos compartidos, con esa sencillez de la que hacen gala los realmente grandes, pero sobre todo con su música, con esas canciones que para muchos han sido el soundtrack de la vida diaria durante varios años, el mismo tiempo que tuvimos que esperar para escucharlas en vivo por primera vez.

En esta ocasión, la banda se enfocó sobre todo en sus tres últimos discos. "Mothful of Wasps", primer sencillo de su nueva placa, fue el segundo tema de la noche y puso a brincar y a cantar a todo el mundo. Así los minutos pasaron mientras "Kalifornia" y "Melpomene" hacían su aparición para ponernos al borde la histeria, mientras Kasper sonreía desde su micrófono evidentemente disfrutando el momento, simplemente divirtiéndose como algún amigo suyo le dijo que debía hacer.

Pero él no fue el único que se lució esta noche. Hay que decir que, si estuviera en cualquier otra banda, Henrik Lindstrand sería seguramente tan amado como Kasper. En este caso es un hecho que el carisma del líder de Kashmir llena casi todos los espacios, sin embargo, su tecladista y segundo guitarrista es una maravilla en todos los aspectos.

No sólo le pone sabor a cada una de las canciones, ya sea con el teclado, la guitarra o el theremín, también es capaz de emocionarse igual que su compañero de banda, saltar, agarrar la guitarra y acercarse al público sin perder un sólo acorde, hacer coros y aventar sonrisas a la gente con tanto gusto que es imposible no agradecérselo.

Esta vez se quedaron un poco en la retaguardia sus dos miembros restantes: Mads, quien siempre trae cara de gruñón pero cuando le tocó el turno de hablar, antes de terminar la primera parte del concierto, logró mostrar su faceta cariñosa al agradecer al público de todo corazón, diciendo que querían cantar algunas canciones más. Y Asger, ese baterista tranquilo y amable que no pierde el ritmo un sólo momento, aunque permanezca medio oculto en las profundidades del escenario.

Los minutos pasaron demasiado rápido con la gente y la banda cantando clásicos como "The Curse of Being a Girl", "Petite Machine", "The Indian (that dwells inside this chest)" y "Pursuit of Misery", la adorable "Bewildered in the City" y "She’s Made of Chalk". Es necesario decir, sin embargo, que entre las más aplaudidas de la fiesta estuvieron tres adorados de su producción más famosa, esa que en el mundo marcó un antes y después para esta agrupación, aunque hay que aclarar que en Dinamarca la banda ya había ganado muchísimos premios y reconocimientos con su tercer álbum, The Good Life.

La mitad del concierto se vio sometida así al poder guitarrero de "Surfing the Warm Industry", definitivamente uno de los temas que más puso a brincar a la concurrencia y sin duda uno de mis favoritos de toda la vida. Tampoco ahorramos gritos para corear "In the Sand", otra de las joyas de ese magnífico Zitilites, que ya tiene varios años de vida pero sigue sonando nuevo.

No obstante, y aunque no me guste mucho porque si he de ser sincera este tema nunca fue de mis favoritos, la canción que definitivamente se llevó la noche, como seguramente siempre lo hará, fue "Rocket Brothers", ese tema escrito para el hermano de Kasper, Jacob, que ya es un himno para todos sus fans y que fue, de hecho, la melodía con la que llegarían a oídos mexicanos; la canción que definitivamente comenzó la euforia y que en justo reconocimiento recibiría las ovaciones más esforzadas de esta noche, incluso en su segunda parte, cuando la banda se puso a improvisar un poco alargando su final.

Así llegó también el fin de la primera parte del concierto, cuando el conjunto salió aplaudiendo pero sólo por un par de minutos, regresando con Kasper y su armónica listos para cantar otro de los grandes temas de este álbum "The Aftermath", y seguir con dos clásicos más recientes: "Still Boy" de Trespassers y "The Cynic", canción perteneciente a No Balance Palace que les abrió las puertas del mercado estadounidense gracias a la participación del gran David Bowie.

Ahora, los negritos en el arroz de este evento. El primero fue el abridor, que francamente no sé cómo se llamaba pero que sin duda fue un desacierto en esta noche casi perfecta. Sinceramente no entiendo a quién se le pudo ocurrir poner a un DJ a abrirle a una banda de rock, lo mejor que se puede decir es que el hombre es muy valiente, porque a pesar los gritos e insultos que la gran mayoría de la gente se la pasó diciéndole en sus 40 minutos en el escenario, él se la pasó sonriendo y bailando durante su hora de presentación. Es justo decir que casi siempre a los abridores en México les va mal, pero en esta ocasión yo creo que simplemente fue una elección muy equivocada. Si hubieran dejado los discos de The Cure hasta las nueve, creo que todos lo hubiéramos preferido.

El segundo pero que le pongo a este concierto es culpa de Kashmir por habernos consentido tanto la primera vez: me refiero a la brevedad del setlist. Vaya, y no es que realmente haya sido breve, porque casi siempre tocan este número de canciones, pero cuando has tenido el privilegio de verlos tocar 21 rolas, escuchar sólo 16 te hace pensar que te falta algo, extrañas especialmente los temas de sus primeros discos, que a muchos nos hubiera gustado oír.

En fin, lo cierto es que es sólo una observación producto, repito, de lo consentidos que nos tuvieron aquella primera ocasión, no realmente una falla en este concierto, que ya está en la terna para convertirse en uno de los mejores de este año.

Así, en poco más de hora y media se nos fue otro sueño cumplido. Hora y media de sonrisas, canciones; con las caras graciosas de Kasper hacia la concurrencia abriendo los ojos o gritando divertido para responder a los gritos eufóricos de sus fans, con Henrik brillando como nunca en sus instrumentos, con Mads y Asger siendo el bien entonado fundamento de esta maquinaria danesa. Con la gente bailando, cantando y gritando con todo el corazón, sin quitar los ojos del escenario en ningún momento, para decir, creo que de la manera más elocuente: "Gracias Kasper, Henrik, Mads y Asger, gracias por volver con nosotros una vez más".

Posdata: Esperen la entrevista que tuve la oportunidad de realizar con Kasper Eistrup al final de esta semana, porque sí, aquí todavía no se acaba la euforia Kashmir.

Fotos: Jackie Fonseca