Quizás, de jóvenes, muchas de las estrellas de rock que conocemos eligieron el camino de la música para no tener que tocar sus libros de Historia. De ser así, PJ Harvey no fue para nada una de ellas. En su octavo álbum de estudio, Let England Shake, la británica no sólo lo demuestra: hace de ello el peso principal de la obra con la que consigue tenernos comiendo de su mano una vez más. Tomada hasta el cuello por la presión de sus veinte exitosos años de carrera sobre una escena que puede devolverle un fracaso ante la falla —y por un potencial límite creativo girando en torno en lo que a sonidos concierne—, decidió proveer al sucesor de White Chalk (2007) de una armadura conceptual y, de esa forma, convertirlo en una de las placas más interesantes que ha lanzado hasta el momento. Es así como, a través de sus 12 canciones, éste intenta ilustrar el contexto de su país durante la Primera Guerra Mundial.

Como abanderada de Inglaterra, Polly Harvey arranca su disco con una desmedida dosis de orgullo nacional. En el bloque conformado por sus tres primeras pistas (la que le da su nombre, “Let England Shake”, seguida de “The Last Living Rose” y “The Glorious Land”), muestra un ejemplo de cómo el patriotismo romántico excede los límites de la pasión y se torna pendenciero a razón del orgullo, las rivalidades y hasta la carrera armamentística de la época de la Gran Guerra: presume el tamaño colosal de su ejército (“nuestras tierras no se hacen arar con metal, sino con tanques y pies, pies que marchan”), la belleza de su paisaje, maldice al resto de los europeos, le insinúa a los americanos que son “frutos de su tierra”, y declara: “Occidente está dormido”.

Pasado ese momento, el discurso no vuelve a ser el mismo. Como si la línea temporal se rompiera, de repente la oímos convertirse en una poetisa contemplando el escenario mismo de la batalla, en la que sólo hay muerte y destrucción. Y no hay nada más sanguinario que la forma en la que lo relata todo. Después de ser testigo de cómo “los soldados caen como pedazos de carne” en “The Words That Maketh Murder”, y a pesar de que parece que esta cronista de fierro nunca perderá la compostura, “All And Everyone” llega en forma de balada y catarsis emocional, mientras las imágenes van haciéndose cada vez más fuertes. Pero, aún después de pasar por las trincheras de “One Battleship Hill”, en “England” vuelve a renovar su promesa de lealtad. Más tarde, y para la segunda mitad de la obra, volverá a los campos minados.

Pero Let England Shake no es sólo un puñado de letras sesudas con peso literario. Es una obra íntegra que hace lucir a su compositora —y a su fiel equipo de asesores, en el que podemos encontrar nuevamente a Flood, Mick Harvey y John Parish— explorando los terrenos de un folk rock pastoral que hace que sus impactantes textos cobren vida al mismo tiempo que muestra una variada gama de nuevos sonidos y experimentos —como su más reciente capricho, el autoarpa, o las incursiones en el safoxón—.

Es impresionante ver cómo, un siglo después, esa nefasta guerra puede seguir inspirando obras artísticas que nos vuelan la cabeza. PJ, la última hija de sus vanguardias, ha hecho uno de los mejores discos que escucharemos en 2011.

9/10

Fecha de lanzamiento: 14/02/2011
Discográfica: Island
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Tres canciones destacadas: "The Last Living Rose", "The Glorious Land", "All And Everyone".