Si algo he aprendido durante los años que llevo haciendo música es que la creación no tiene tanto que ver con la invención como con la atención.

Igor Stravinsky, compositor de principios del siglo XX, parece haber sido poseedor de una atención envidiable. Estamos hablando del talento o el esfuerzo del compositor de darse el tiempo y el espacio de observar a su alrededor y codificar el intelecto con intuición, plasmando todos los elementos necesarios para considerar seriamente la existencia anticipada de un estilo que data de una fecha muy posterior, a mediados de los ’60.

Modernidad o Primitivismo

El pasado 29 de mayo se cumplieron 98 años del estreno de “La Consagración de la Primavera” en el Théâtre des Champs-Élysées de París, ballet con música compuesta por Igor Stravinsky y coreografía de Vaslav Nijinsky. Dicho estreno se recuerda como uno de los casos más famosos de disturbios producidos en un entorno “conservador” de la música y la danza. A los pocos segundos de haber comenzado la obra se empezaron a escuchar abucheos y quejas disonantes tanto en los palcos como en la platea. Algún compositor escondido en su butaca clamaba por penitencia ante la barbaridad de partitura encomendada al fagot en la introducción del primer movimiento, a la vez que la falta de argumentos daba paso a juegos de manos en los pasillos de la platea. Los pesados movimientos de un cuerpo de baile con trajes que dejaban ver mucho menos que de costumbre solo alimentaban la ira de una audiencia superada por la intrusión de un acontecimiento simultáneamente adelantado y atrasado en la línea de tiempo. Adelantado por la imposibilidad del distinguido de asimilar un torrente de energía contenedor de instinto, tierra y lava, y atrasado por la esencia primitiva que da forma a todo el concepto del espectáculo. No por nada Jean Cocteau etiquetó esta obra como “La pastoral del primitivismo”, donde primitivismo es la imitación estilizada de la música primitiva.

La historia que siempre se cuenta

A nivel general, un brevísimo mapa evolutivo de la música afroamericana (en el norte), tomando el Blues Rural como punto de partida hasta derivar al Rock, sería algo así:

  • Blues Rural (1900) --> Boogie Woogie (1920) --> Rhythm n’ Blues (1940) --> Rock n’ Roll (1955) --> Rock (1965)

Dentro del desarrollo de esta progresión existen un gran número de datos interesantes, elementos culturales, cosmovisión y aportaciones de un contexto social específico de cada época, como el racismo, la segunda guerra mundial y la ruptura generacional post-guerra, la contracultura con su máxima expresión con los Beatniks en los '50, migración campo–ciudad, etc., que alimentaron la personalidad de un género rebelde y sin complejos bautizado como Rock. Como verán, el Rock a secas los historiadores lo ubican en la década de los '60, con un punto de inflexión importante en la década de los ’50 donde nos encontramos con los primeros rasgos de una juventud irreverente y desafiante, que introduce el modelo de chico malo como algo “cool” en vez del modelo de niño bueno americano.

Si uno se pone a mirar, utilizando esa misma atención que podemos desarrollar para la mejora de nuestro arte, probablemente encuentre elementos de determinado género o estilo desde mucho antes de la fecha que se le ha designado en el calendario. Al pensar en el Rock y sus orígenes, a mucha gente le vendrá en seguida a la cabeza nombres como Bill Haley, Elvis, Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, The Beatles, The Rolling Stones, Led Zeppelin, Black Sabbath, y tantos otros, pero muy poca gente pensará en Mozart, Liszt, Wagner o Stravinsky. A pesar de que habría mucho de que hablar sobre todos estos personajes, me centraré en Igor Stravinsky por una sencilla razón: probablemente Stravinsky haya sido el primer músico en entregarnos una obra con todos los ingredientes necesarios para calificar una pieza musical como “Rockera".

Ingredientes del Rock

¿Qué debe tener el Rock para que sea Rock? Estos son algunos de los ingredientes necesariospara ello:

  • Una propuesta transgresora o un mensaje contrario a lo establecido.
  • Mensajes ocultos o subliminales.
  • Power chords.
  • Disturbios.
  • Experimentación sonora.
  • Base rítmica pesada.
  • Solos.

 Stravinsky como eminencia del Rock

Teniendo en cuenta los ingredientes ya mencionados, iremos punto por punto descubriendo que todos están presentes en “La Consagración de la Primavera”.

  • Propuesta Transgresora: No olvidemos que la obra de la que hablamos, además de ser una pieza musical, es también un ballet. Hasta ese momento las historias utilizadas eran sobre cisnes, muñecas y cascanueces. ¿De qué va “La Consagración de la Primavera”? Del rapto y sacrificio de una doncella para el deleite de los dioses y obtener así sus favores al inicio de la primavera. Como verán, con esto ya tenemos de sobra cubierto el primer ingrediente: Hermosa doncella virgen (por lo menos yo me la imagino hermosa), ritual pagano, trance (uno de los personajes es El Shamán, y los Shamanes siempre cumplen), sangre y sacrificio.

  • Mensajes Ocultos: El último acorde de “La Consagración de la Primavera”, el que marca el final de la obra y que nos anuncia la muerte de la doncella, además de presentar una armonía poco frecuente para la época, contiene en su estructura, concretamente en los bajos (la distribución de las notas del acorde que hacen los contrabajos), las siguientes notas ordenadas desde su fundamental y expresadas en clave americana: D (re) – E (mi) – A (la) – D (re): DEAD. ¿Casualidad?

  • Power Chords: El rock sin power chords no sería rock. Los power chords son acordes construidos básicamente por dos o tres notas, con una fundamental y un intervalo de 5ª justa. También se le suele añadir la 8va de la fundamental. Por ejemplo: Do – Sol –Do. Cuando escuchamos una guitarra distorsionada interpretando esos poderosos riffs, presentes en cualquier canción de Metallica, la mayoría de ellos están compuestos a partir de dichos power chords. En “La Consagración de la Primavera” no faltan. Otra vez los encontramos en los bajos, que nos disparan los acordes construidos por intervalos de 5ª, sosteniendo una potente armonía percusiva.

  • Disturbios: Ya he mencionado algo al respecto en la introducción del artículo y lo reitero. Al poco tiempo de haber comenzado la obra en el día de su estreno, el público empezó a abuchear, sorprendidos por un sonido incomprensible, por la imagen de un cuerpo de baile vestido con largos trajes de la Rusia antigua, esbozando además “movimientos primitivos”, de una estética totalmente inusual dentro de ese ambiente en concreto. Cuenta la leyenda que los presentes llegaron a darse de golpes e incluso comenzaron a lanzarse objetos entre sí. Imagínense a un noble parisino de la primera década del siglo XX, acostumbrado a melodías aterciopeladas y danzarinas adorables con sus tutús en flor, acribillado de repente por un chorro tribal de pura energía instintiva, un torbellino de sexualidad, animalidad y todos los mecanismos primitivos más esenciales de la humanidad. Si el rock debe ser provocador y generar reacciones extremas, pues esto también lo tenemos cubierto.

  • Experimentación: Si el Rock debe aportar elementos nuevos como parte misma de la provocación, esta obra los tiene de sobra. Además de los componentes que ya hemos mencionado, Stravinsky se centró especialmente en encontrar formas nuevas de emular sonidos a través de la fusión de timbres de dos o más instrumentos o de la utilización inusual de los mismos. “La Consagración de la Primavera” comienza con un solo de fagot donde la línea melódica está al límite de su registro, ósea, que las notas que el intérprete toca están fuera del rango práctico donde se suele mover el instrumento. Más de algún compositor se preguntaba en el estreno qué instrumento era ese que estaba sonando. No fueron capaces de reconocerlo.

  • Base Rítmica: Stravinsky desarmó la forma tradicional de tratar a la orquesta. Mientras el elemento globalizador de una pieza musical suele ser la melodía y la armonía, Stravinsky utiliza el ritmo como tal. Parece ser el ritmo el que guía las decisiones de orquestación, logrando aquel sonido pesado y muy percusivo que nos da esa sensación de intensidad tribal.

  • Solos: Los solos en el rock son como el topping en un helado: Pueden no estar, pero tiene menos gracia. El solo de guitarra alguna vez fue sagrado en las canciones de rock, y ¿qué me dicen de los solos de batería? Por ejemplo, en los ’80 no había concierto donde no hubiese un solo de batería. En “La Consagración de la Primavera” Stravinsky escribe un solo para los timbales. Es la primera vez que se escribe un solo para dicho instrumento.

No es casualidad que más de alguna banda de rock importante, especialmente las de rock progresivo, tengan como referencia a Stravinsky. Yes, por ejemplo, durante años abría sus conciertos con un fragmento de “El Pájaro de Fuego”. Al escuchar “La Consagración de la Primavera” sería imposible no reconocer el carácter moderno que aporta la polirritmia o algunas frases que muchos años después las bandas de rock progresivo han incorporado en sus composiciones. “La Consagración de la Primavera” marca un antes y un después no sólo en la manera de componer sino también de escuchar la música.

Lo sé, lo sé… estoy dejando de lado el sexo y las drogas tan característicos en la trinidad de los dioses del Rock, pero a veces es mejor no hablar de ciertas cosas…

Así que lo dejo aquí, recomendándoles ciegamente la escucha de “La Consagración de la Primavera; una escucha consciente, una escucha que les ayude a desarrollar la preciosa atención estabilizadora de una imaginación voluntaria, que a su vez los ponga delante de sus límites como creadores, o los maraville como receptores de un sonido explosivo, tan lleno de radiación propia de un chico malo del Rock como nuestro querido Igor. Que el Rock y sus herederos nos encuentren así como encontró antes a Stravinsky y que el espanto no nos sorprenda cuando escuchemos el futuro en un sonido estridente. Long live rock n’ roll…