Haciendo música desde hace ya 10 años, hoy os presento una banda que no he tenido el gusto de conocer hasta disfrutar de su último trabajo. Se trata de Leprous, un grupo noruego, natural de Notodden, que la semana que viene lanzará su obra más reciente: Bilateral.

A lo largo de esta década de carrera ya han puesto 3 discos en el mercado, todos ellos con muy buenas críticas, aunque tal vez no han llegado a llamar la atención todo lo que deberían. Eso seguramente cambie con su cuarto trabajo. No sé por qué se ha elegido ese título para el disco, pero bien podría ser una referencia al ataque bilateral que nos produce escucharlo, con una mezcla entre varios estilos, principalmente rock progresivo y rock alternativo, que funciona a la perfección y que reúne en sus composiciones temas que son fácilmente escuchables y disfrutables tanto por los amantes de la música más rara y exclusiva como por los amantes de temas más comerciales.

En Bilateral podemos escuchar elementos tan técnicos y a unos músicos tan virtuosos que por momentos creeremos que estamos escuchando a Dream Theather. Unas voces realmente sorprendentes que en ocasiones suenan muy a Muse pero que no se quedan ahí y sobrepasan con creces a los británicos. Y también unas composiciones que recuerdan a Shining, otro grupo noruego que se desenvuelve muy bien en el rock experimental. Pero veamos en detalle que puede ofrecernos Leprous con Bilateral.

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La obra abre con la canción que da nombre al disco, “Bilateral”, que comienza de forma muy enérgica y con un grito muy a lo Queen al que inmediatamente se le incorporan sintetizadores para pasar a una parte más progresiva. Según evoluciona la canción vemos que no se trata de un álbum progresivo, al menos no en su totalidad, ya que se combinan a la perfección partes muy comerciales y hacen que de entrada este primer corte sea accesible a cualquier persona que quiera disfrutar de la buena música.

“Forced Entry” es un tema de 10 minutos de duración que nos sorprende con un inicio que cuenta con unos efectos de teclado realmente eléctricos y enigmáticos a los que rápidamente se incorporan las voces claras de Tor Oddmund Suhrke, vocalista de la banda. Aunque no lo mencioné en la primera pista, la batería destaca no sólo debido a la técnica y ejecución que podemos escuchar a lo largo de todo el tema, sino también a los marcados cambios de ritmo. Del vocalista se podría decir lo mismo. Muchos cambios de registro, y cuando alarga las voces o intenta llegar a los agudos, lo consigue dando la sensación de que puede realizar su trabajo a la perfección, y al menos en estudio el aspecto vocal del disco es sublime. El efecto que escuchábamos al principio se irá repitiendo a lo largo del tema y será el hilo conductor que irá dando paso a los diferentes pasajes, siempre progresivos. A la mitad, la guitarra nos deleitará con una serie de espectaculares solos que llevan la canción a un nuevo nivel, y que acompañados por la percusión hacen que con lo poco que va de disco ya nos quitemos el sombrero. El bajo también destaca en varios de las partes, especialmente al finalizar el primer tercio, donde nos toparemos con unos segundos lentos y relajantes.

“Restless” también abre con teclado, pero esta vez de una forma mucho más sosegada. La batería, a ritmo constante, da paso a una línea vocal que bien podría pertenecer a una canción de Muse, como comenté anteriormente. Tras unos cuantos versos el ritmo cambia radicalmente y la canción parece convertirse en uno de los hits de grupos que triunfaron en el pasado como P.O.D. o Evanescence, un rock muy comercial. Afortunadamente se trata de un amago, y la banda opta por incorporar nuevos elementos, sobrecargando la línea vocal de este corto tema que a mi juicio no ha estado al nivel de las dos grandes composiciones que abrieron el disco.

“Thorn” es la prueba definitiva de que estos chicos van a dar mucho de qué hablar en los próximos meses. Tras una peculiar introducción con un sonido similar al de una trompeta comienza un tema en el que las voces apenas parecen leídas, y a las que tras recitar varias frases se le incorporan el resto de instrumentos, al ritmo de una melodía creada en torno al sonido que escuchábamos en el inicio de la canción. Un pequeño puente en guitarra nos da un respiro e inmediatamente se vuelven a incorporar las voces, esta vez algo más duras. Se trata de un tema con marcados cambios de ritmo y en los que la musicalidad se logra gracias a elementos que hemos escuchado anteriormente: una batería constante que sabemos cambiará de ritmo, una guitarra que parece querer salirse de su línea e improvisar solos, y un teclado y sintetizadores que contribuyen a la atmósfera y perfecta armonización del resto de instrumentos. Esta vez hay que añadir los toques avantgarde y vanguardistas que dan los pequeños dibujos que hace la trompeta

“Mb. Indifferentia” no dejará indiferente a nadie. Unas notas de piano sobre una producción que hace sonar los altavoces como si se tratara de una canción antigua dan el paso a una composición en la que primeramente llama la atención el bajo, además del propio teclado. Se trata de un tema muy melancólico en el que el cantante parece que vaya a arrancar a llorar. La guitarra parece acompañarle con su sentimiento, y por momentos parece darle el relevo e incluso hacer un dúo con él. En otras ocasiones ésta, totalmente transformada y convertida en acústica, sencillamente da la entrada a las voces, que siempre estan acompañadas pero llegan a destacar tanto que parecen estar cantando a capela, algo que contrasta con los últimos momentos, donde los tonos llegan tan alto y la canción se vuelve tan enérgica que la melancolía se convierte en esperanza y en superación

Cambio radical. Es al sobrepasar el ecuador de esta obra cuando nos tomamos con “Waste Of Air”, un tema que realmente parece consumir nuestro aire ya que es pura energía y puro virtuosísmo. El grupo parece reinventarse y nos muestra una composición que si no llega a ser porque es bastante dura, podría haber salido de alguno de los discos de Dream Theater. La canción es tan diferente que las voces se vuelven irreconocibles, claramente forzadas y cambian hasta en la producción. Sin embargo, eso no quita que escuchemos unas ideas que van camino de convertirse en marca de la casa, ya que han estado presentes durante los temas anteriores.

“Mediocrity Wins” comienza con una de nuevo chocante introducción que comienza tras el final en seco del corte anterior. La producción parece mejorar por momentos, y nos encontramos con un tema en el que podemos apreciar a la perfección todos los instrumentos, tanto individualmente como funcionando perfectamente en armonía. Durante los 6 minutos se hace bastantes experimentos vocales que van desde los susurros hasta las partes más limpias y claras del álbum, pasando por los efectos que disfrazan completamente al vocalista.

Un fade out nos mete directamente en otro tema que abre muy a lo Dream Theater. “Cryptogenic Desires” dura tan sólo 3 minutos, pero éstos son suficientes para disfrutar de una interesante composición que mezcla la tranquilidad del piano con la fuerza de la batería y rasgados de guitarra, y que encima tiene una línea vocal bastante pegadiza. Todo ello sobre una base muy progresiva, y en la que no puedo dejar de mencionar al vocalista, una de las grandes sorpresas de éste álbum.

“Acquired Taste” se presenta como un medio tiempo que abre con un piano y un batería que utiliza mucho los platillos. Según evoluciona escuchamos que, sin quitar protagonismo a éstos elementos, se incorpora una guitarra muy machacona a la que más tarde seguirá el propio teclado. Las voces llegan de nuevo muy alto.

“Painful Detour” cierra el disco mezclando muchos de sus elementos. La primera parte es completamente progresiva, y podemos encontrar momentos en los que la canción suene relajada y otros en los que la batería y voces le proporcionan una fuerza y potencia destacables. Se trata de un tema de 8 minutos, algo que si bien no llega a resultar excesivo, sí que creo que habría tenido mejor cabida en otra posición. Aunque eso no quiere decir que nos aburramos, y de hecho al finalizar nos quedamos con ganas de escuchar alguna canción más. Éste último tema aporta también alguna parte en la que destaca completamente una marcada guitarra rítmica que es rasgada una y otra vez e introduce una nota speed en este Bilateral. Respecto a la guitarra solista, destacable de nuevo, y la forma de poner el punto final, en piano, es sublime.

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8/10

Aunque no hay punto de comparación, he de decir que escuchar este disco me ha producido una sensación parecida a la que me produjo Opus Eponymous de Ghost, y eso es algo muy bueno. La mezcla de estilos, esta vez tirando más por la parte progresiva y dejando un poco de lado partes más duras —aunque las hay—, hacen que disfrutemos a la vez del metal más progresivo y a la vez de un rock muy fresco. La producción si cabe es aún mejor que las propias composiciones, y en prácticamente cada canción podemos escuchar a la perfección cada uno de los elementos que las componen. Escuchad este álbum con unos buenos altavoces o auriculares y disfrutaréis de una experiencia plena. Una experiencia que sin duda os dejará con ganas de escuchar trabajos anteriores, ya que Bilateral es toda una sorpresa.

Fecha de lanzamiento: 22/08/2011
Discográfica: InsideOut Music
Compra el disco: Amazon
Tres canciones destacadas: “Forced Entry”, “Thorn”, “Waste Of Air”

Imagen: Bjørn Tore Moen