Una sorpresa es un arma de doble filo. Si es positiva la alegría será muy grande, pero si no, más vale que nunca hubiera sucedido. Conforme van pasando los años y escuchamos más y más música se hace más difícil que nos sorprenda para bien. Y eso que hay una infinidad de estilos en los que podríamos reparar y no dejar de descubrir matices, pero lo que nos llama la atención de verdad no deja de ser aquello que nos gusta, lo que nos incita a seguir escuchando. Si no te gusta simplemente dejas de escuchar y ya está, pero si algo te convence seguirás prestando atención.

Con su nuevo disco homónimo, Megafaun se ha ganado el título de cautivador musical. Con sus catorce canciones seguro que, al menos, consiguen despertar en ti una curiosidad para evitar darle al stop. Para quien no conozca a la banda, hay que decir que está formada por dos hermanos -Brad y Phil Cook- y un amigo que conocieron en un festival -Joe Westerlund- que comenzaron a tocar hace más de diez años junto a Justin Vernon de Bon Iver en un grupo llamado DeYarmond Edison. Sin embargo, Vernon fue por otro lado y gracias a esa decisión acabaron naciendo dos buenas bandas que hoy podemos disfrutar.

Megafaun podría ser etiquetado a priori como folk, pero escuchando este álbum uno se da cuenta de que sus tres integrantes van mucho más allá. Y es aquí donde entran en juego las sorpresas sonoras que tanto agrada encontrar en este CD. Podríamos comparar la primera canción, “Real Slow”, con aquellas baladas nostálgicas que son tan comunes en la discografía de la gran Lucinda Williams. Sin embargo, justo después llega la extraña “These Words”, que juega con unos patrones de percusión bizarros y unos cambios de ritmo desconcertantes que rompen toda linealidad que pudiera tener. A pesar de ello, la virtud del grupo es que consiguen que estas sorpresas no te asusten. Al contrario, te animan a acomodarte y seguir escuchando.

Tan pronto podemos toparnos con canciones puramente folkies como “Second Friend”, “Resurrection” o “Everything”, que bien podrían servir para acompañarnos por alguna carretera perdida del oeste de Estados Unidos, como con cortes como “Isadora”, que tiene un inicio inesperado, cuernos incluidos, y que te mantienen a la expectativa de saber cómo sigue. Pasan, tres minutos y te das cuenta de que te ha encandilado por completo.

También hay temas tranquilos, más acústicos y sentimentales, como “State/Meant” o “Kill The Horns”, con la que el productor, B.J. Burton, seguro llegó satisfecho a casa. No es para menos, es una pieza musical admirable, llena de detalles y de musicalidad.

Pero hay más sorpresas repartidas en estos más de 60 minutos. “Postscript” o “Serene Return” demuestran el lado más psicótico y experimental de este trío de Carolina del Norte. ¿Alguien da más en tan solo 14 canciones?

Comprar

A través de la web oficial de su discográfica

Tres canciones recomendadas

“Isadora”, “Kill The Horns”, “Everything”

Escuchar