
Dicen que las mejores canciones, o al menos las más verdaderas, son aquellas que se componen en épocas difíciles. Si hiciéramos un repaso de los temas con más éxito de la cultura popular contemporánea seguramente nos percataríamos de que los músicos no solo viven de sus ideas musicales, sino de los sentimientos que les llevaron a crearlas, dando como resultado auténticas odas a la tristeza o incluso todo lo contrario, melodías para superarla.
Cass McCombs es una de esas personas con una vida peculiar que bien podría adaptarse a un libro o a una película. En realidad tampoco difiere mucho de la de millones de personas que no lo tienen fácil para subsistir. Su biografía está marcada por la falta de recursos y por un estilo vital basado en el nomadismo. Pasó gran parte de su juventud viajando de ciudad en ciudad junto a su guitarra acústica. Las experiencias que fue viviendo entonces le animaron a componer canciones hasta que en 2001 grabó su álbum debut, Not the Way E.P. -justo después de los atentados del 11 de septiembre-. Después fue ganando algo de fama a base de tocar y tocar y finalmente ha conseguido cierta estabilidad como cantautor.
Aunque el próximo 8 de noviembre publicará un nuevo disco llamado Humor Risk -del que ya podemos escuchar “The Same Thing”, el primer single-, hoy vamos a dedicarle un tiempo a WIT’S END, una obra que publicó hace varios meses y que viene acompañada de buenas palabras de la crítica especializada. Ocho canciones componen este “Final del Humor”. ¿Lo escuchamos?
“County Line” es la encargada de iniciar este CD. Los primeros compases ya nos sugieren que esto no va a ser una recopilación de momentos alegres. El video oficial refleja la rutina de las largas horas de viaje de una ciudad a otra, aunque también hay otros videos dedicados al consumo de heroína que tampoco rechinan con el mensaje de la canción. Se trata de una primera canción que ya crea un ambiente muy intimista, muy languido. Un ambiente que sigue manifestando “The Lonely Doll”, que incluye arreglos más brillantes, con algo más de luz. Una especie de caja de música y una melodía al más puro estilo nana vertebran un tema tranquilo y para disfrutar en soledad.
Y es que la soledad es uno de los detonantes de este álbum. El propio McCombs ha confesado que a la hora de crear las canciones que componen este trabajo se basó en los momentos en solitario “que todos pasamos”, y de la sensación de volatilidad que todos tenemos con la felicidad, por ejemplo. Así, con canciones como “Buried Alive”, los sentimientos se llevan al extremo. ¿Qué pasaría si fuésemos enterrados vivos? “Nada”, responde, “mientras nuestra alma quede intacta”. Se trata de uno de los cortes más destacados del disco, con melodía y mucho feeling de por medio. Me ha gustado sobre todo la parte instrumental del final, muy barroca.
Cualquiera diría que la siguiente canción, “Saturday Song”, es ideal para animar un sábado, día tradicionalmente dedicado a la fiesta. Los acordes disminuidos y tristes dominan en una composición cargada de tristeza y de pesimismo. Demasiado monótona y cargante como para escucharla con buen ánimo. “Memory’s Stain” inicia con un piano desbordado por el recuerdo y por la influencia de la música clásica. No me gustan mucho los fraseos que Cass hace en algunas líneas de voz, pero poco a poco el ritmo que crea la base musical te va atrapando, llevándote hacia un pasaje imaginario, a un recuerdo lejano que pronto se rompe por la realidad. Son más de siete minutos que hay que saborear, eso sí, inundado en la tristeza.
“Hermit’s Cave” comienza con algo de ritmo de percusión y alguna guitarra acústica alegrando nuestro oído, pero pronto acaba decayendo hasta un intimismo quizá excesivo, dominado por la voz del artista y que te sumerge de sentimientos pesimistas. “Pleasant Shadow Song” es, como su propio nombre indica, un tema agradable de escuchar, pero lleno de sombras. Parece como si las melodías te acariciasen, pero al final de la canción te das cuenta de lo tremendamente triste que te hace sentir. Aliviado, sí, pero con los ánimos por los suelos.
Y para cerrar el álbum nos topamos con “A Knock Upon The Door”, un tema de más de 9 minutos cargado de arreglos -que hay que agradecer al productor Ariel Rechtshaid, que repite papel en el próximo disco- y, como es habitual en este LP, de decadencia. Los arpeggios de guitarra acústica y los sonidos de oboes y faggots le dan un toque más agradable a una canción que, de por sí, es todo un deleite escuchar.
En líneas generales WIT’S END es un disco lleno de solemnidad, de madurez y de tristeza. Mejor no saber qué clase de momentos vivió Cass mientras componía estos temas, pero a nosotros nos queda un legado sentimental muy verdadero y muy apropiado para escuchar en los momentos difíciles. No obstante, no creo que sea adecuado para celebraciones. Tampoco era su propósito. He aquí, pues, un fragmento de música triste y bien hecha, para quien la desee gustar.
Fecha de lanzamiento: 26/04/2011
Discográfica: Domino Records
Compra el disco: Desde su web oficial
Escucha el disco: En Spotify o Grooveshark
Tres canciones destacadas: “County Line”, “Buried Alive”, “A Knock Upon The Door”









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