The Adicts

A las once de la noche, el domingo 16 de octubre, en la cancha Cincuentenario, donde se celebró el Festival Internacional Altavoz 2011, The Adicts, puso al público a saltar en ronda recordando en pogo de los 90’s. Más de cinco mil aficionados de la música soportaron, de pie, horas bajo la lluvia; algunos sentados sobre plásticos, otros tapándose con ellos y unos tantos bajo alguna carpa, esperaban ansiosos la presentación de la banda inglesa. Camisetas, banderas, caras pintadas, sombreros festivos y crestas, fueron la insignia de muchos que tras horas de espera tuvieron una gran recompensa.

Como sumirse en una de las mejores películas de Kubrick, así fue The Adicts, y no es para menos, pues atuendo, imagen y presentación eran la sátira representada, musicalmente, de la Naranja… en este caso Punk, que hizo estallar al público empapado del estadio Cincuentenario.

Gritos en contra del gobierno, saltos al ritmo de unos acordes que se hicieron legendarios gracias al proletariado inconforme, lluvia y más lluvia, botas, cabellos parados multicolores, chalecos anarquistas, estampados de grupos punk de los 80’s y 90’s… se sumaron a los trajes de luces y lentejuelas de la tarima, como si este grupo fuese el homónimo de una Lady Gaga o una Madonna en escena, divas de un género musical controvertido.

Saltan los balones al público, blancos en su mayoría, otros multicolores, discos, serpentinas, las bazucas a los lados del escenario estallan y los de papeles blancos caen opacando la verdadera lluvia, gritan, saludan a Medellín, vuelven a cantar y en su playlist canciones legendarias surgen y la multitud tararea, luces sicodélicas se pasean por el escenario, imágenes de lucha, de fuerza, de punk llenan las pantallas, la cámara del aire hace un paneo y solo se ven miles de cabezas agitadas gritando “viva la revolution”… tal vez fue acorde con un momento de coyuntura.

Skampida

La gama cromática de amarillos, rojos y anaranjados iluminando la tarima, y las trompetas con toda su fuerza, empujaron a los presentes a entregarse al delirio musical que es este grupo bogotano en escena. Coreografías, bailes y saltos de un lado a otro, el ritmo Ska moviéndose en el ambiente y el cielo despejado, dieron continuidad a la noche que parecía avanzar a toda máquina después de prendida la fiesta.

Un Ska bien logrado, que en ocasiones hasta impedía hacer el trabajo fotográfico por que si no eran los del lado, era uno quien terminaba brincando como canguro, agitando la cabeza y pidiendo más de esa música epidémica que se apoderaba de todo, una puesta en escena bastante particular, una fiesta en las tablas que se trasladaba al público, que contento, como en todos los conciertos pedía algo.

Una banda colombiana que sobresalió y resalto por su calidad, y lo digo con toda seguridad, por que después de una gran banda internacional, todo lo que siga se queda corto… pero Skampida arrasó al público, se lo llevo por los cuernos, lo inundó y lo agitó, quedando a la altura de las bandas extranjeras y mostrando que el producto nacional también puede robarse el show por completo.

Molotov

Han pasado los años y Molotov sigue siendo una banda que arrastra públicos de todas las edades, eso quedó demostrado en su presentación, en el Festival Altavoz 2011 de Medellín, con la euforia de un público fiel colombiano, manos levantadas bajo la lluvia, banderas y gritos de los seguidores de la banda mexicana, que esperaron durante horas su salida al escenario.

Mientras las guitarras arrojaban a los presentes, empapados por la lluvia, los primeros acordes de “Here we come”, la cámara aérea hacía tomas, y en alguna parte, muchos se atiborraban y empezaban a subir su temperatura con el ‘pogo’. Un remolino de energía, de expresión musical y de rock en las venas se abría campo en el público, al cual no le quedaba más remedio que seguir la corriente arrasadora del efecto Molotov.

Pero, no siendo suficiente, se vino una ráfaga de canciones con las que muchos adultos y algunos más jóvenes se hicieron un zafarrancho en alguna época de su vida; emoción colectiva y canciones que muchos años después parecían sonar mucho mejor que sus versiones originales, aunque es claro, los años se han convertido en experiencia y el cuarteto hizo gala de esto. Un grupo donde todos tocan todas las canciones y todos los instrumentos, los cuatro rotaron como si fuese una tarea mecánica y repetitiva, tarea que en realidad traía consigo toda una vida de empeño musical por hacer que la banda sonara siempre mejor.

Y como en el concierto de The Adicts, las pancartas en contra de las reformas del gobierno salieron a relucir, casi al final, mientras en el escenario el grupo botaba las primeras notas de “Give me the power” y sus palabras alentaban a la ‘lucha popular’ de los estudiantes. Nuevamente gritos, de parte y parte, una marea de personas saltando, uno más osado, logró que su pancarta contra la Ley 30, quedara inmortalizada en el escenario de Molotov… y no siendo suficiente, tocan “Puto” y luego “Hit me” para que no quede duda que el pueblo es la voz de Dios, en este caso, la voz del Rock.

Bajo Fondo

Un sonido único, indefinible, añejo y adelantado en el tiempo, un ir y venir en la milonga y el tango, entre lo electrónico y lo clásico, entre el getto y el teatro, un paseo, una oda musical, así se entregó al público el colectivo Bajo Fondo: totalmente delirante, a lo que el público respondió como sabe responder: con baile, gritos, aplausos, silbidos, histérico y dispuesto totalmente para disfrutar.

El Perfume inundó a los miles, que bajo la molesta lluvia y lejos de preocuparles mojarse, pedían un poco más de ellos, y aunque no lanzaron compilados musicales hacía las asistentes, las baquetas, toallas, y camisetas eran válidas para recordar un concierto totalmente absorbente, hipnótico y descrestante, donde algunos corrieron con la suerte de bailar en el escenario de Bajo Fondo y quedar grabados en las fotos ajenas.

El Mareo se apoderó del Cincuentenario y a unísono, todos cantaron, lloraron y homenajearon a Cerati, tal vez en algún lugar de su inconsciencia les escucho, pues miles fueron las voces que se levantaron y cientos los que con lágrimas le recordaron… emotivo y fiestero, eso fue Bajo Fondo al cierre del Altavoz, que después de despedirse y ante la petición del público (como todos los grupos) pero marcando diferencia por ser quienes son, regresaron para quedarse un rato más y dejar satisfechos a quienes por horas, días y meses les esperaron.

Fotos por Camilo Andrés Achury