15 de octubre de 2011, 13:00 horas. Estación del metro: Ciudad Deportiva. El vagón va lleno y de inmediato puedo ver que muchos de los que viajan van al mismo lugar que yo. No es tan difícil saberlo pues exhiben en sus manos el boleto de entrada al Festival Corona Capital, que este año celebra su segunda edición. También abundan las camisetas de The Strokes, el plato principal de la velada; los lentes de sol, pantalones ajustados y camisetas de las más variadas marcas y modelos. Así, mientras me maldigo por no haber salido más temprano (mi intención era estar en primera fila para ver a la banda que había motivado mi regreso a un festival al que juré no volver y que no, no es ninguno de los grupos principales), observo con curiosidad la variada mezcla de personas que han decidido pasar su sábado en esta experiencia.

Mexicanos de todos los tipos y gustos musicales, y hasta uno que otro extranjero (platican frente a mí un par de alemanes que curiosamente me voy a encontrar más adelante en un escenario), están aquí para ver tanto a los neoyorquinos como al otro grupo principal de la noche: Portishead, una banda que no sólo nos ha hecho sufrir discográficamente hablando, sino que este día presenta por primera vez en vivo sus canciones ante la gente de este país.

A la entrada es notoria la gran cantidad de personas que decidieron, igual que yo, llegar desde las primeras horas (el festival arrancó a las 11 de la mañana). Así, nos recibe una muchedumbre que se dirige a la entrada por el largo pasillo que lleva a la curva 4, entre vendedores de camisetas, tazas y llaveritos del evento y aquellos que simplemente deambulan pidiendo una entrada de sobra, pues ya un día antes los organizadores habían declarado el sold out. Para esas horas, sin embargo, los números no eran muy grandes, y todavía se podía caminar y entrar con tranquilidad, luego de haber pasado la seguridad y el arco con el título del festival que también nos recibió el año pasado.

A lo lejos comenzaba su set Bengala, una banda con dos discos y varios reconocimientos en su haber que ya juntaba a una buena cantidad de gente en su escenario. Sin embargo, yo venía dispuesta a no moverme del más alejado de los tablados para ver al grupo que había motivado mi jornada, así que sólo pase de lejos entre los gritos y aplausos de sus primeras canciones. Salas de descanso, de internet, playas y sobre todo espacios de bebida abundaban en el camino, que realmente era largo mientras pasabas el segundo escenario (todavía vacio, supongo que por la cancelación a último minuto de The Boxer Rebellion).

Finalmente, el alto volumen de las bocinas te recibía para escuchar a Javiera Mena, la chilena que también tiene su público y que para esos momentos ya iba a la mitad de su jornada, hora que eligió para cantar “Yo no te pido la luna”, un tema que hiciera famoso Daniela Romo allá en los años 80 y que ella actualizó con su sonido. Finalmente, dejamos atrás las lunas para llegar al Escenario Capital, uno de los cuatro que la organización había dispuesto para la presentación de los grupos y que estaba completamente alejado del resto de los tablados (algo que posteriormente acabaríamos maldiciendo).

Hay que decir que el año pasado hubo fallas en la organización. Muchos se quejaron de que la bebida y hasta el agua se terminó muy temprano, de la falta de vigilancia que te guiara en las salidas y de un sonido que por momentos no era lo suficientemente amplio para que todo el mundo pudiera escuchar con comodidad. La mía fue que eligieron poner el escenario donde tocaría Foals al final de un pasillo lleno de “media partners” y chunches en venta, tan estrecho que a las 5 de la tarde era imposible caminar más de 10 metros, razón por la cual me perdí a una de las bandas a las que sí quería ver.

Tal vez por ello, los organizadores decidieron este año separar más los escenarios y poner bocinas extras, algo que acabaríamos pagando aquellos ambiciosos que queríamos ver al menos un ratito de cada presentación, pues la caminata de al menos 10 minutos aseguraba que te ibas a perder más de la mitad de cada una, eso sin contar los grupos y cantantes que tocaban al mismo tiempo.

En el escenario de mis intenciones brillaban en dorado Ruido Rosa, una banda de chicas de rock duro que lograron prender a la buena cantidad de seguidores que ya estaba ahí. Temas como “Dentro” y “Miedo a Caer” fueron parte del repertorio que ofrecieron con buen resultado y bastantes aplausos al final. Luego de una pausa de 10 minutos, llegó el turno de Lebaron, agrupación que también tiene ya un buen trecho recorrido y que ha logrado ganar espacios especialmente gracias a sus presentaciones en festivales como éste. Al igual que el conjunto anterior, este cuarteto logró bastantes aplausos, aunque francamente a mi no me gustan ni tantito.

Mi presencia en ese escenario era sin embargo obligatoria pues después de ellos seguía la banda que había motivado mi presencia: “Wild Beasts”, el cuarteto de Leeds que se ha vuelto figura obligatoria en mi MP3 gracias a dos magníficos discos, el último de ellos editado en este 2011 con el nombre de Smother.


En mi post de grupos para no perderse, les había dicho que lo malo de la hora en la que se iban a presentar estaba en que la música del grupo es tan sensual que necesita luces y buen atmósfera para disfrutarla de manera completa. Además, su set iba a durar apenas media hora, pero yo francamente no iba a perdérmelos. Comenzaron un poquito tarde, como 10 minutos después, supongo que por fallas en la logística sonora pues pudimos ver a los integrantes salir antes para instalar bien sus instrumentos y checar que todo estuviera en orden.

Así, finalmente se arrancaron con “Bed of Nails”, uno de los sencillos de su nuevo disco que de inmediato nos puso a cerrar los ojos y a mover cuerpos al ritmo de la música. Éramos pocos (comparados con el número que ya se apiñaba a esa hora) los que realmente sabíamos quiénes eran, sin embargo, conforme pasó su cortísimo set de 8 canciones, la agrupación se encargó de demostrar porque han sido nominados a un Mercury Prize.

Temas como “The Devil’s Crayon” y “Albatross” sonaron de manera perfecta, aunque los que más prendieron a la gente fueron “We Still Got the Taste Dancin’ On Our Tongues”, que Hayden presentó como una canción “sobre querer tener los bebes de alguien”; “All The King’s Men”, su canción más famosa; y “Hooting & Howling”, un tema que ya de plano puso a todo el mundo a brincar.

Hay que decir que la banda parecía bastante nerviosa al principio, aunque conforme pasaron los minutos y vieron que se iban echando a la gente al bolsillo, se relajaron y comenzaron a reír y sonreír ante los gritos de la gente. La banda es además una delicia en vivo, pues logra replicar con bastante exactitud la intrincada sensualidad de sus discos.

Tom y Hayden también tienen a su favor sus estupendas voces y su capacidad para cambiar instrumentos de acuerdo a lo requerido. Mi única queja realmente es que sólo fueron 8 canciones. Ojala regresen en solitario y con un concierto en forma, pues créanme que hasta la gente que decía “pero es que quién son esos” al principio de su actuación, ya estaba moviendo la cabeza al final.

Con la tarea hecha (por si no lo notaron ESA era la agrupación a la que yo iba a ver, independientemente de lo mucho que me gusta Portishead y demás), llegó el turno de ir a comer de manera veloz, para no perderme el resto de las actuaciones. Aquí abro un paréntesis para decir que a esta hora ya había mucha gente, pero todavía era posible, luego de una cola de 10 minutos, conseguir comida y bebida en los diferentes puestos. Las cosas por supuesto no seguirían así ya llegada la noche.

Después de atragantarnos la comida (yo sé que a ustedes no les importa pero para que vean la dedicación de su enviada con tal de perderse lo menos posible de las actuaciones), llegamos al Bizco Club Stage para ver a These New Puritans, quienes fueron precedidos por No Age, una banda que lo hizo bastante bien por lo que pude escuchar de lejos. Los británicos también tardaron un rato en acomodarse, pero finalmente lo hicieron acompañados de un trío de metales y frente a miles de personas que se cubrían de la mejor manera posible del inclemente sol que decidió salir durante todo el día, a pesar de los pronósticos de lluvia y de un clima que hasta ese momento había sido tremendamente mojado.

La segunda falla que tuvo la organización, especialmente en este escenario, es que en su afán por grabar todos los detalles de los grupos, nos dejaron sin ver a buena parte de los que estábamos ahí. Yo por lo menos tuve una visión muy, muy ocasional del vocalista, así que me tuve que conformar con verle la espalda al camarógrafo y su acompañante, mientras disfrutaba de un set cimbrante (literal, el sonido estaba bastante fuerte) e intenso. El cuarteto se arrancó con uno de sus temas más famosos “We Want War” y de ahí todo fue para arriba con canciones como “Orion”, “Three Thousand” y “Elvis”. Mover la cabeza, bailar, cantar o simplemente observar el escenario era la tarea de la gran muchedumbre que ya se agolpaba en el escenario a esas horas. Francamente no conozco mucho del grupo pero lo que escuché me dejó sumamente convencida. Su actuación también fue breve, incluso creo que mínimo una canción más corta pues al final comentaron algo de un aparato que ya no sirvió. Aún así, convincentes y bastante atractivos.

Continuará…