
Continuamos con nuestra reseña del Festival Corona Capital, que se llevó a cabo este sábado 15 de octubre. La primera parte ya está arriba. Aquí la segunda:
Después de These New Puritans vino una de las fallas más tristes de la velada, pues implicó media hora menos de M83, grupo que apenas estaba presentando su nueva placa en nuestro país (y a nivel mundial) y que desafortunadamente fue presa de la mala organización, pues por alguna razón sus aparatos nunca terminaron de arrancar, a pesar de un técnico desesperado que iba de aquí a allá moviendo cables y conectando cosas. Se tardó media hora en terminar, tiempo que fue suficiente para checar mis fotos, ver mi celular mil veces, maldecir al sol y pensar si no sería mejor ir a otro escenario a ver al resto de las bandas. Pero realmente tenía ganas de verlos así que me quedé.
Seis canciones tocó el grupo, entre ellas “Midnight City”, “Teen Agnst” “Graveyard Girl” y la magnifica “Couleurs”, todo con buena recepción por parte de la audiencia, aunque Anthony Gonzalez no dejaba de agradecer aclarando que éramos muy lindos por aplaudirle aunque el sonido era una porquería (¿una muestra de nuestra ignorancia? pensé yo que también aplaudía). Fue un set, corto, bonito y agridulce, de ahí que no dejé de envidiar a los que irán a verlos hoy a El Plaza. Una lástima realmente que haya fallado, no sé si la organización, o a la banda o los técnicos, lo que en un principio prometía ser una de las actuaciones más lindas de la ya noche.
Corriendo en medio de más y más gente, y algunas escenas dantescas que no contaré para no arruinarles la mañana, llegamos nuevamente a uno de los escenarios principales, a tiempo para ver a Editors, una banda que sorprendentemente, y este día lo pude confirmar otra vez, tiene una larga y muy fiel cantidad de seguidores en nuestro país.
Siendo el tablado en el que un rato después se presentaría Portishead, no era extraño que la gente ya estuviera bastante concentrada en el lugar, no obstante, muchos de ellos sí estaban ahí para ver a los ingleses, quienes no han sacado nada nuevo desde 2009 pero, aún así, prendieron al respetable con un set de 12 canciones. Ejecutaron temas de su más reciente placa como “Eat Raw Meat = Blood Drool” y “Bricks and Mortar”, además de algunos clásicos como “An End has a Start” y por supuesto “Munich”. El grupo cerró con “Papillon”, ya con la noche encima y con los asistentes brincando de contento. A mi simplemente me dejó sin palabras la cantidad de fans que tienen, cómo todo el mundo se sabía sus canciones y el sonido de las bocinas, que ya para ese momento comenzaba a molestar un poquito si estabas muy adelante (ya sé que quién me manda, pero bueno).
Pues aquí vamos a señalar otra falla, que es que el sonido, tal vez para compensar lo que pasó el año pasado, estaba bastante fuerte, lo que seguramente le provocó dolor de oído a muchos de los que lograron estar en primera fila (yo lo sufrí y eso que traía tapones). Vaya, sin ser técnico o especialista, supongo que hay maneras mejores de lograr que todo el mundo escuche que subirle a las bocinas a todo lo que dan (torres de repetición ¿tal vez?), pero bueno, supongo que no había de otra.
En el resto de los escenarios ya había pasado gente como Austin Tv (con sus infaltables máscaras), Santigold y Mogwai que al parecer lo hicieron muy bien; Coheed and Cambria, que también rockearon duro para semi-cerrar su escenario, Cansei de Ser Sexy, además de Moby y The Rapture, a quienes lamento haberme perdido pero es que no había de otra. Porque ahí les va. No sólo era el hecho de que se empalmaban algunos grupos, muchos tuvimos que hacer la dolorosa elección de quedarnos en un escenario para asegurarnos una buena vista de los grupos principales, pues a esa hora ya era tanta la gente que se volvía difícil caminar por los largos pasillos, y ni se diga ir al baño o a comer. De hecho, esa fue la razón por la que decidí quedarme a ver a los Editors, pues Portishead cerraba después de ellos y yo no quería ver sólo un escenario de fondo. Así, pasadas las 20:30 horas, salió el grupo a tocar por primera vez en nuestro país. Y todo fue magia.
Obviamente la banda no trabaja con espectáculos sino con música y emociones. Enfundados en prendas sencillas, con luces de diversos colores pero más de atmósfera que de show y una pantalla de fondo que por momentos tomaba a Beth Gibbons y por momentos mostraba animaciones en colores básicos, el trío y su banda de acompañamiento arrancaron la noche con “Silence” y todo el mundo fue feliz.
El sonido perfecto en su estruendo (de nuevo, para alcanzar a todos, aunque los de adelante sufrimos bastante), los músicos parcos en sus movimientos pero no por ello menos apasionados, y un setlist de 15 canciones que alcanzó temas como “Magic Doors”, “Wandering Star”, “Machine Gun”, “Glory Box”, “Chase the Tear” y “Threads”, motivaron a los asistentes a corear, mover la cabeza al compás de la música y gritar a todo pulmón: “Portish, Portish”, lo que de hecho provocó una sonrisita en Beth, quien no habló mucho pero sí lo suficiente, diciendo que estábamos muy locos y agradeciendo la recepción por su primera vez en nuestro país.
Para mí fue increíble ver cómo este grupo de adultos, ya en la segunda mitad de su vida y con una carrera que comenzó hace muchos ayeres, lograban hipnotizar al público, reproducir su sonido fuerte y al infinito y hacer sonar canciones lanzadas hace ya varios años tan actuales como si formaran parte de una producción de este 2011. La voz de Beth simplemente perfecta en sus tonos, una heroína oscura de cuento capaz de robarnos el alma con sólo abrir la boca y emitir sus deliciosas canciones; sus compañeros de años con toda la experiencia del mundo bajo el brazo y evidentemente contentos de estar aquí. La banda tocó un encore que incluyó una de mis favoritas “Roads” y así, después de “We Carry On”, se retiraron del escenario para dejarnos hechizados en nuestros lugares.
Pero no había tiempo para regodearse, pues una vez más hubo que iniciar la larga (y por momentos oscura, pues no había luces en algunas partes) caminata hacia el otro escenario principal para ver a quien cerraría la jornada. Aquí precisamente viene la falla más grande de la organización este año: el número de boletos vendidos. Ahora, entiendo que esto es un negocio, y además no voy a negar que en lo general los organizadores supieron calcular los servicios para 84 mil personas (números finales). Pero vaya, si el Festival Glastonbury juntó 135 mil en cuatro días, no veo la necesidad de vender tantos boletos para un sólo evento.
Porque no sólo hay que considerar el hecho de que muchos tuvimos que luchar a brazo partido para salir del lugar al término de la noche, pues la caminata a oscuras fue bastante larga y no había un sólo elemento para indicarte por dónde ir, además los organizadores, que anunciaban que el evento terminaría justo para alcanzar el metro, no contaban con el inteligente personal de la delegación, quienes decidieron cerrar la estación a las 11 de la noche, (algo a considerar antes de hacer semejantes anuncios). Pero lo más terrible fue, creo yo, que de los 84 mil que estábamos ahí sólo los primeros 5 o 10 mil pudieron ver a The Strokes en el escenario o al menos en alguna de las pantallas del lugar.
El resto de nosotros (aquellos que decidimos quedarnos hasta el final del otro grupo principal, sabiendo o intuyendo el costo que esto tendría en la última presentación), nos conformamos con escuchar, a todo volumen eso sí, a la banda de Nueva York, pues la gente era tanta que ni siquiera se podían ver las pantallas dispuestas al lado del escenario. Sé, eso sí, que el grupo comenzó con “New York City Cops”, tema que de inmediato arrancó gritos enfurecidos de los fans, quienes luchaban con todo por estar hasta adelante. Al menos eso intuyo por el comentario de Julian, quien comenzó a preguntar si todos estaban bien, pidiéndole incluso a la seguridad que checaran que la gente estuviera viva y asegurando de paso al público que no se preocuparan, que iban a seguir tocando.
Y así fue. La banda se arrancó después con “Heart in a Cage”, “Modern Age, “Under the Cover of Darkness”, “12:51”, “Reptilia” “You´re so right”, “Alone together”, “Under control”, “Hard to explain” y “Take it or leave it”, entre otras. La gente gritaba, bailaba incluso sin ver absolutamente nada, o iniciaba el rápido camino a la salida deteniéndose aquí y allá para escuchar el sonido que alcanzaba casi hasta el final del lugar a los asistentes. Como una máquina bien aceitada, los Strokes mientras tanto desgranaban sus canciones al público sin mucha alharaca, con un Julian bastante bromista, quien en más de una ocasión se dirigió al público en un no muy buen español, según sus propias palabras.
Francamente yo nunca he sido fan de esta agrupación, aunque sí me gustan algunas de sus canciones. Debo decir que, al igual que con Editors, no deja de sorprenderme la cantidad de gente que los adora en este país, en las buenas y en las malas. Al final, la verdad es que la banda ya tenía al público en el bolsillo desde la mañana, algo que no iba a cambiar aunque no vieras absolutamente nada. Un show de luces sencillo y efectivo, cinco músicos ya con una década de actividad y algunos muy buenos discos solistas a la espalda, y 84 mil personas fueron suficientes para que una luna de octubre observara amarilla la fiesta de la noche, a pesar de la frustración de muchos (¿o fui la única?) por haber pagado un boleto para escuchar “algo”.
Yo francamente sólo esperé hasta “Last Nite”. Después decidí que estar parada en el frio viendo algo a lo lejos ya me había aburrido. Así que, como miles de personas, inicié mi camino esperando agarrar el metro todavía vacío (también creo en Santa Claus, por si se lo preguntan). Al final, el festival cumplió pero con fallas. Los escenarios tan alejados definitivamente desempeñaron su labor de dispersar al público pero también de obligarnos a perder a más de una agrupación por simple practicidad; además de esa idea de entre más fuerte mejor que estoy segura que dejó sordo a más de uno.
Además, aunque las ganancias sean primero, también hay que considerar la seguridad de los asistentes, que se volvió dudosa luego de todo un día de sol y cerveza: gente borracha más agresiva de lo usual (aquí me puse a pensar en si esto será un reflejo de lo que pasa en estos días en nuestro país) que te empujaba ya sin pedir permiso para caminar o salir y que como yo se agolpó a la salida sólo para descubrir que le iba a tomar bastante llegar a su casa al no haber metro o camiones suficientes. Creo, en verdad, que hacer un festival de estas características no sólo implica pensar en el sonido o la comida y bebida; sino en la señal de celular, que nuevamente volvió a fallar, el transporte o la vista. Personalmente, esa es la razón por la que odio los festivales y había decidido no asistir después del año pasado. No me importa pagar un boleto caro, pero sí quiero ver algo, aunque sea algo, y francamente tampoco me gusta estar en medio de tanta gente (ese sí es un problema mío, lo sé).
Así que el Festival Corona Capital 2011 cumplió así, a secas. Creo que los organizadores deberían preguntarse muy seriamente si ellos, y la ciudad (que se han hecho eventos más grandes aquí, también hay que decir en su defensa, pero en los últimos a los he ido el transporte ha fallado y mucho), tienen la capacidad suficiente para brindarles una buena experiencia a 80 mil personas en un lugar abierto, sin sillas, y con tantas variables. Yo la verdad lo único que espero es que el próximo año no agenden a mi banda favorita del ciclo (de verdad que si no hubiera sido por Wild Beasts lo hubiera pensado mucho más) y que ojala entiendan que más no implica mejor. De ahí de hecho viene el título de este post, pues con tanta gente hubiera sido imposible para mi poder ver a más bandas, algo que de verdad me hubiera gustado hacer por esta reseña, para no hacerla tan personal. A las agrupaciones como siempre les damos un agradecimiento por su profesionalismo y calidad. Porque si algo tengo muy claro, después de haber pasado más de 11 horas parada al sol como muchos de ustedes, es que al final, lo que realmente importa, es la música.










Estoy de acuerdo contigo. Lo importante de ir a ver una banda en vivo radica en poder verla. Estar a kilómetros de distancia del grupo sin ni siquiera alcanzar a ver las pantallas, apesta.
pues el festival a mi parecer como es cualquier opinion, estuvo muy bueno, en cuanto a lo del transporte no creo que ellos sean los que tengan que ver por nosotros para que regresemos sanos y salvos
si saliste antes hubieras caminado a otra estación del metro y listo- en cuanto a por donde salir, pues tampoco es tan difícil, igual que por dónde entraste y no esta tan oscuro como para confundirse.
MUY BUENA RESEÑA! Pero te faltó ver a Antlers. Buenísima presentación
Por la calidad de las bandas no hay ninguna queja, pero la seguridad fue pésima. Hubo decenas de personas que salieron asfixiadas y cero paramédicos cerca del escenario, pudo haber muertos.
La verdad si se pusieron feos los empujones había varias personas en el piso y desmayados, fue cuando Julian preguntó que pasaba y los organizadores ni sus luces…ojala garanticen mayor seguridad
pues yo me la pasé de lujo tanto en esta edición como en la pasada…sin duda the rapture lo mejor! portis de lejitos :( los strokes muy divas y wild beast implecables :)
Te envidio horrore spor haber visto a Portishead. Tu lo haz dicho. Masivo=mas gente en un día aunque el público no vea. Pero síganle pagando a OCESA un pastel por los pedazos y les dará migajas.
como tu lo dices es experiencia personal. Te comento que el M Ciudad Deportiva yo lo tome cerca de las 11.30
En glastonbury se juntan 135mil personas pero diarias, solo venden una pequeñísima cantidad de boletos por día a los habitantes de Somerset y solo para el día sábado.
Precisamente eso pense en mi estancia en el festival que habia sido sobrevendido y la organizacion no fue lo mejor. Y yo tmb me fui en the strokes porque no tenia caso estar tan lejos sin ver carajo.
Concuerdo con lo de “experiencia personal” ya que para mi el sonido (volumen) fue el adecuado, fuerte un poco, pero almenos a mi no me lastimo ni me causo algun conflicto, eso si la salida horrible :S