
La primera vez que escuché a Leslie Feist fue en el 2004 con su colaboración para el tercer álbum de Kings of Convenience. Sin embargo, para ese entonces la cantante ya estaba presentando su segunda producción discográfica, Let it Die, un disco con el que comenzaría la senda de un éxito que tendría su punto más alto (hasta el momento) en los brillantes vuelos pop y orquestaciones perfectas para comercial de The Reminder del 2007.
Sin embargo, Feist no es una cantante pop cualquiera, como lo demostró el pasado lunes 12 de diciembre, cuando debutó en México con el primero de una serie de conciertos en el Teatro Fru Fru de la capital mexicana. Poseedora de una voz capaz de derrumbar torres y abrir corazones, la canadiense no sólo se plantó ante el público azteca con la sonrisa en los labios y la actitud abierta; también logró, en las casi dos horas que duró el recital, ganarse la atención absoluta de seguidores y agregados, cual poderosa sacerdotisa en un ritual no apto para cínicos ni distraídos.
La noche arrancó exactamente a las nueve en punto, tal y como se había anunciado en el programa, con un teatro medio lleno listo para ver a Mountain Man, un trío de chicas compuesto por Molly Erin Sarle, Alexandra Sauser-Monnig y Amelia Randall Meath, quienes trabajan con vocales multi-tonos y pocos instrumentos para crear una versión femenina y muy desenchufada de Fleet Foxes.
Debo decir que, durante la media hora que duró el set, la mayoría del público se mantuvo en silencio. De hecho, hacia el final de su actuación comenzaron a escucharse aplausos bastante nutridos, especialmente cuando empezaron a imitar animales de granja como parte de uno de sus temas. Las chicas tienen ya un primer lanzamiento en su haber, sin embargo, por el momento forman parte de la banda de acompañamiento de Leslie, como descubriríamos media hora después.
Llegadas las 10 de la noche y ya con el teatro completamente lleno, las luces finalmente se apagaron para recibir a Leslie y su grupo, entre los que se incluyen Charles Spearin de Broken Social Scene y James Shaw de Metric (quienes de hecho andarán por tierras mexicanas a principios del próximo mes), demostrando así que los canadienses realmente saben de estos asuntos de colaboraciones y grupos alternos.
La velada comenzó con “Undiscovered First”, uno de los temas de su nuevo disco, Metals, con el que la canadiense ha dado una nueva vuelta de tuerca a su estilo para incorporar más jazz y (por supuesto) metales a la mezcla, retomando además la introspección de su segundo álbum, como les platicó César cuando hicimos de éste el disco de la semana.
Es importante señalar esto porque el show estuvo completamente cargado hacia esta nueva producción, algo que provocó que los coros de la audiencia no fueran tan nutridos pues es evidente que muchos apenas estamos familiarizándonos con este material. Así aparecieron de este álbum melodías como “How Come You Never Go There” y “A Commotion”, ante un Teatro Fru Fru sonriendo como idiota ante la voz y la magia de esta canadiense.
Las cosas comenzaron a calentarse con “Graveyard”, tema que dio pie para que Feist comenzara a platicar anécdotas sobre las canciones. En este caso, según dijo, apenas se había dado cuenta que este tema había estado influenciado por su visita del año pasado a nuestro país, en la que presentó su documental y además formó parte del concierto que ese mismo fin de semana ofreció Broken Social Scene. Durante este viaje la cantante fue a Mixquic para el Día de Muertos, algo que acabaría sirviendo de inspiración para esta melodía.
Ahí quedó demostrado además que Leslie no es sólo una buena cantante sino toda una contadora de historias, pues logró mantener atenta a la audiencia con anécdotas como ésta, además de otras como que esperaba que los fantasmas que seguramente había en el lugar (por haber estado abandonado por mucho tiempo) salieran a darse una vuelta por el concierto; y por sus numerosos esfuerzos por cantar y hablar en español que llevaron a situaciones bastante graciosas y frases como “tienen ustedes ‘cajones’”, que provocaron la risa de un público realmente agradecido por sus esfuerzos los cuales, hay que decir, en general no fueron tan malos aunque el librillo que tenía a mano para saber la traducción exacta de las palabras no siempre fue de mucha ayuda.
La cantante también nos pidió ayudar en los coros de temas como “Mushaboom”, canción que comenzó con unos “ohohohs” fuertes y escandalosos, aunque al final ya todo el mundo estaba escuchando calladito. Y es que aquí viene otra peculiaridad de este evento pues, como buena parte del mismo estaba dedicado a su más reciente disco, la banda estaba ensamblada precisamente para hacer lucir este material y no el anterior.
Además, supongo yo, Feist ya debe estar un poco aburrida de cantar los mismos temas, de ahí que canciones como ésta no se escucharon con su sonoridad habitual, pues fueron alteradas no sólo para empatarse con la banda sino con ritmos y melodías diferentes, lo que llevó a que buena parte del público se perdiera y no pudiera cantar con el volumen acostumbrado. Incluso creo que más de uno se perdió totalmente, pues en la segunda parte del show hubo gente que todavía pedía “Mushaboom”.
Nuestras ansias de cantar sin embargo fueron aliviadas después, pues al terminar “The Circle Married The Line” llegó “So Sorry”, en la que todo el recinto se unió para el coro final ayudados por Feist, quien incluso nos pidió que cantáramos la canción en español, algo que por supuesto causó confusión en la mayoría, dando pie a un momento disfrutable y muy entretenido.

A mitad del show llegaron también “My Moon My Man” y “I Feel it All”, igualmente con las instrumentaciones cambiadas pero más parecidas a las versiones originales. Debo decir que, por obvias razones, mucha gente parecía estar esperando las melodías de su segunda producción. Por ejemplo, en algún punto de la noche la canadiense nos pidió que la ayudáramos a cantar un coro y comenzó a contar “1,2,3,4” para dar pie al mismo, sin embargo, la gente pensó que iba a comenzar esa canción y comenzó a gritar emocionada. El resultado obviamente fue chusco y terminó con Leslie diciendo “¿es esa la manera en la que cantan los mexicanos?”.
Sonrisas y buenas vibras se desgranaron, además de uno que otro “¡shhh!” que pronunciaba la audiencia y provocó mi curiosidad, pues realmente el sonido era tan bueno y su voz tan potente que alcanzaba todo el recinto sin problemas. Realmente para mí fue muy curioso, en primera por mis experiencias en conciertos anteriores (sí, no se me ha olvidado lo que pasó en Kings of Convenience), en los que el público realmente grita hasta acabarse la garganta. Y aquí hubo gritos, no me malentiendan, pero también un gran respeto por esta mujer, lo que realmente me extrañó pero también nos permitió disfrutar el recital de una manera diferente.
La gente calladita escuchó así canciones como “Honey, Honey”, “Anti-Pioneer” (que sonó preciosa y trajo uno de los mejores momentos de la noche para mí) y “Caught a Long Wind”, además de “Get It Wrong, Get It Right”, con la que terminó la primera parte del show.
Feist regresó para regalarnos “When I was a Young Girl” y “Sealion”, demostrando además que, ya sea con banda o sólo con su guitarra, la cantante puede prender audiencias y conquistar auditorios sin ningún problema. Es definitivo que esta mujer afincada hoy en día en Francia tiene una vena de intérprete que conquista a la primera, además de ser francamente divertida, como pudimos constatar con el penúltimo tema de su set y sin duda una de mis favoritas de toda la vida “Let It Die”.
En este punto la cantante invitó al público de enfrente a subirse al escenario, escoger a su pareja y bailar. Sin embargo (como cualquiera hubiera podido predecir), los afortunados se dedicaron más bien a tomarse fotos con ella, tratar de abrazarla y gritar de alegría, algo que llevó a la intérprete a decir cosas como: “¿Podemos pretender que estamos en el siglo XVIII, cuando todavía no había celulares?”, o “¡Santa juventud tecnologizada!”. También se extrañó ante la falta de baile de los suertudos, diciendo que tal vez era un mal generacional y que ella estaba tratando de traer el baile de regreso para esta juventud.
Sin embargo (y obviamente), todo el mundo siguió en lo suyo así que mejor se arrancó con el tema, distraída un poco por las constantes peticiones de foto que le hacían los que estaban arriba. Al terminar la canción, Feist salió nuevamente de escena para dar tiempo al desalojo de los fans, pero regresó para agradecerle al público con una “canción de cuna”, que resultó ser no otra que “Intuition”. Versión descarnada y suave que nos llevó así al fin de este concierto realmente memorable.
El único pero que le pongo a esta presentación, además de la falta de canciones de su primer disco como “Gatekeeper” o “Inside and Out” (que realmente hubieran hecho mi noche) es la elección del foro, pues el Teatro Fru Fru tiene un acomodo muy “vertical” que realmente no te deja disfrutar mucho de un concierto a menos que estés en piso. Lo siento especialmente por los que estaban hasta arriba de balcones y la sección general pues yo, que estaba en primera fila de esa misma sección, veía medio bien, de ahí que no me quiero imaginar lo que habrán visto los que estuvieron hasta atrás. Yo realmente nunca había estado ahí y sinceramente se me hizo un foro muy incómodo para un recital, aunque la acústica fue simplemente perfecta, pues el sonido nunca se escuchó saturado, teniendo siempre una muy buena referencia no sólo de la banda sino de la voz de Feist.
Por lo demás, supongo que muchos hubieran preferido escuchar más temas de su segunda producción o versiones más apegadas a las originales. Yo también, sinceramente, soy partidaria de escuchar cosas similares a lo que un artista nos ofrece en sus discos pero, como ya lo dije al principio de esta reseña, Leslie Feist no es una cantante pop cualquiera. Esta noche ofreció un gran show en sus propios términos y, la verdad, al final nos dejó a todos con una sonrisa. Quedan todavía dos recitales más como parte de su residencia en México, que les recomiendo no se pierdan si realmente son fans de esta mujer, capaz de mantener callados, a fantasmas y hombres por igual, en un hechizo de duración prolongada.










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