No solemos apreciar todo lo que tenemos hasta que lo perdemos. Unos son más materialistas y para ser un poco más felices necesitarían un coche y otros son más idealistas, pensando más en estados absolutos como la paz en el mundo. Cada uno de nosotros podríamos personalizar nuestra lista particular de deseos, pero probablemente no siempre pondríamos en los primeros puestos lo que ya tenemos. Vaya tontería, ¿no?

Pues seguro que si sometemos a la prueba a William Fitzsimmons nos llevamos una sorpresa. Sus padres eran ciegos y él tuvo la suerte de ver lo que ellos no pudieron. Se crió en Pittsburgh (Pennsylvania) y ya desde pequeño empezó a tocar instrumentos como el banjo, el ukelele, la melódica o la mandolina, animado justamente por sus padres, que empleaban su tiempo libre en la música. Al tiempo empezó a tomar clases de piano y de trombón para, posteriormente, aprender por sí mismo a tocar la guitarra.

Su vida giraba en torno a la música, pero también le gustaba ayudar a los demás, así que acabó convirtiéndose en tereapeuta de enfermos mentales. No fue hasta que consiguió algo de dinero para un equipo de grabación propio que estrenó sus dos primeros discos. Su interesante mezcla de folk, pop y electrónica comenzó a llamar la atención por la zona noreste de Estados Unidos y poco a poco le fueron surgiendo conciertos. Un día la ABC se puso en contacto con él por una de sus canciones. “Passion Play” acabó sonando en Grey’s Anatomy y ello sirvió para darle el empujón necesario para vivir de la música.

Con este contexto no es difícil imaginar que Gold In The Shadow es un disco lleno de paz, tranquilidad y buenas melodías. Comienza con un arpegio de guitarra cautivante y tremendamente bonito. “The Tide Pulls From The Moon” pone el listón alto con armonías de guitarra eléctrica y piano entrelazadas con la voz suave de William. Y justo después llega “Beautiful Girl”, el single del que el artista ha grabado un videoclip. Es una canción corta -quizá demasiado-, acústica, intimista y que va añadiendo detalles con el paso de los segundos.

Más adelante nos encontramos temas en los que la electrónica y el soft rock son los protagonistas. Así, “The Winter From Her Leaving” y “Psychasthenia” ponen el toque de ritmo necesario para no adormecernos demasiado. Lo más destacable de estos cortes que saben conjugar perfectamente los sintetizadores y los efectos con una idea muy naturalizada como es una guitarra acústica y una voz. El resultado sorprende para bien.

“Fade And Then Return” es, sin duda, mi canción favorita del álbum. El inicio espiritual con la guitarra eléctrica en limpio y una buena dosis de delay es memorable. Más adelante, los arreglos de piano y los efectos oníricos echan el resto para un tema que gana ritmo sin que te des cuenta.

Del lado más sentimental y al más puro estilo “cantautor” nos topamos con composiciones redondas como “Bird Of Winter Pray” o “What Hold”, en donde William no necesita mucho más que una guitarra y su voz para cautivarnos. Cabe destacar también la colaboración de Julia Stone en “Let You Break”, en la que los elementos tradicionales de la canción de autor se sustituyen por la electrónica, obteniendo un interesante y resultado.

Todo el mundo necesita un remanso de paz de vez en cuando. Por eso no vendría mal tener cerca este álbum de William Fitzsimmons.

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Canciones destacadas
“The Tide Pulls From The Moon”, “Fade And Then Return”, “Let You Break”.

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