Lo teníamos para escuchar en Spootify, habíamos leído las elogiosas reseñas de más de un medio con respecto a la salida del disco y hasta teníamos detalles de su salida mucho tiempo antes de que viera la luz a principios de marzo. Ahora, mis muy queridos, ha llegado el momento de dar nuestra opinión del último disco de Bruce Springsteen, sí, Wrecking Ball.

A ver, vayamos al contexto: la sociedad norteamericana, en los últimos tiempos, ha entrado en un profundo estado de decepción luego de que el gobierno demócrata de Barack Obama no haya hecho otra cosa que continuar la política republicana en muchísimos ámbitos y, encima, vaciar de contenido, de carga sentimental, una serie de representaciones medulares a la política muy apegadas a los Civil Rights de los sesenta: vease la participación o la iconografía "obamesca" que apareció en el momento en que el citado presidente asumió su mandato. Todo eso sin carga emocional, sin deseo social, hueco. A raíz de este tipo de situaciones, podemos observar la aparición de diferentes producciones en el campo de la cultura popular que apuntan a esta decepción, desde películas hasta libros y, claro está, música: en Wrecking Ball se escucha la frustración de alguien fuertemente ligado a la vida política norteamericana.

Bruce "The Boss" Springsteen siempre ha estado ligado a este tipo de conexiones entre la música popular y la vida social y política norteamericana. Sólo para marcar un hito, su disco más vendido, Born in the U.S.A. (1984), contiene uno de los éxitos más notables de su carrera operando, al mismo tiempo, como una fuerte crítica a la política del gobierno republicano de la época con respecto al trato de los veteranos de guerra. Ironías del destino, el propio Ronald Reagan usaría el mismo tema para su campaña de re-elección. Existen muchas líneas de conexión entre este disco y el último aparecido: si bien los dos son críticos con la sociedad norteamericana, el primero tenía un tono más celebratorio, Wrecking Ball, por el contrario, porta un tono triste, casi a título de responso.

Primera conexión con el disco de 1984: el fuerte reverso a la gloria localista de "My Hometown", último tema de Born in the U.S.A., en "Death to my Hometown", un tema en donde persiste la crítica a todo ese mundo "anti-norteamericano" que se apoderó del "good old neighbourhood" de New Jersey... Esos mismos monstruos que acechan y que arruinaron el pueblo natal. Con un tono que recuerda mucho a las canciones irlandesas que hacen las veces de responso, este tema como todo el disco estará acompañado por fuertes coros que compiten con la voz del propio Springsteen y que también permiten entender toda la tónica de la placa a la manera de algo oscuro, siniestro, vaciado.

Dos cosas, entonces, para considerar el álbum: el sonido a final, a responso, y el gusto a revancha, de fuerza ejercida en contra de los popes de la economía, verdaderos responsables de esta debacle de la cultura norteamericana. Por eso, tenemos "We Take Care of Our Own" y el propio "Wrecking Ball". Mientras el primer tema muestra un gusto por la renovación del clásico sonido de Springsteen mezclado con un aire definitivamente pop -- logro del productor Ron Aniello --, el segundo es un Springsteen más clásico, también volcado a la guitarra como todos los temas de la placa, pero no por eso sin tener una marcada impronta de sonidos de la época -- es más, el tema me recuerda un poco a "Dancing in the Dark", de Born in the U.S.A., también --.

Sonidos nuevos hay, claro, eso lo veníamos diciendo, pero no por eso se pierde esta sensación oscura que insiste en cada uno de los temas: ahí está la genial "My Depression", con las guitarras de Tom Morello para acompañar, y "Rocky Ground", que también tiene una fuerte participación de lo vocal y hasta un rapeo incluído.

Jon Stewart, el famoso periodista y conductor norteamericano, fanático él del Boss, escribió para la Rolling Stone en una nota exclusiva:

En el nuevo álbum de Springsteen, Wrecking Ball, los personajes no están buscando un escape -- ellos sólo quieren trabajo. Con potentes canciones populistas como "Death to my Hometown" y "Jack of All Trades", Springsteen pinta una Norteamérica en donde "el banquero engorda/ y el trabajador enflaquece". Springsteen quiere que las nuevas canciones relaten "lo que pasa en la fábrica social en la que se ha convertido el mundo de nuestros días".

8/10

Con sonidos renovados, con el mismo espíritu de lucha que siempre lo ha identificado, con cierto aire de decepción y melancolía -- a mi juicio, la sensación global que ha producido el mandato de Obama --, defensor de la vida del hombre medio norteamericano, Springsteen lanzó un disco sólido que, es muy probable, tenga tantas buenas reseñas por llegar en el momento justo y, encima, sorprender con un sonido renovado. En definitiva: es un buen disco como para seguir escuchando por mucho tiempo, a los fanáticos les va a encantar, a los que no lo escucharon tanto, los va a atrapar; a todos, les va a dejar cierto gusto amargo en la boca, pero ya un poco más alejados de lo estrictamente musical... ¿No?.

Fecha de lanzamiento: 06/03/2012.
Discográfica: Columbia Records.
Compra el disco: Desde Amazon.

We take care of our own by Bruce Springsteen on Grooveshark

Tres canciones destacadas: "My Depression", "We Take Care of our Own", "Jack of All Trades", "Death to my Hometown"

Para cerrar, una entrevista reciente hecha al Boss en relación a su nuevo disco.