Los conciertos siempre constituyen experiencias únicas por la posibilidad de ver en acción a tus artistas o grupos favoritos, visualizando y escuchando en vivo esas canciones que tanto te apasionan para guardar cada minuto en el baúl de los recuerdos, recuperando posteriormente esas sensaciones en posteriores escuchas. Pueden decepcionar, simplemente agradar, funcionar como una especie de descubrimiento si conocías poco a quienes actúan o, como en el caso de Sharon Jones & The Dap-Kings, elevar la ya de por sí alta estima musical que tenías por ella y por ellos hasta una categoría insuperable, esa élite cercana a los dioses y a los reyes.

No se trata de una exageración o del sensible fruto de la empatía. Son conclusiones a las que uno llega tras degustar en el Circo de Price de Madrid ante cerca de 2.000 personas una lección básica de música soul en estado puro con una voz portentosa, una interpretación gestual extremadamente sincera en cada tema y la adorable sintonía con unos músicos impecables, virtuosos, a la altura de una mujer única.

Uno alucina al saber que esta maravilla humana de 54 años trabajaba como funcionaria en un cárcel del estado de Nueva York y sólo lleva una década publicando discos, o lo que es lo mismo alegrando nuestros oídos, con The Dap-Kings. Su presencia, magnetismo y capacidad vocal recuerda a las más grandes de siempre, incluyendo a esa Aretha Franklin que ella considera la reina del soul, y de no conocer sus raíces pensaría que es la hermana secreta de James Brown por su fogosidad sobre el escenario, característica de la locura más cuerda que se conoce. Acompañada por ocho instrumentistas y dos coristas, cada cuál más soberbio, Sharon Jones tardó muy poco en conectar con unos espectadores sedientos de esos sonidos estilísticos tan habituales en los 60 y los 70 que pocas formaciones y nombres, como los aquí presentes, han sabido trasladar, regenerar hoy en día.

Mucho soul y gotas de funk provenientes de aquella época musical constituyen la base artística de Sharon Jones & The Dap Kings, aunque su autenticidad se aleja de cualquier copia porque les sobra identidad. Tardaron un ratito en calentar motores, sin que esta progresión estuviese exenta de calidad, y enseguida llegó una ‘jam session’ constante que incluso provocó la subida al escenario de un espectador que se marcó un baile con Jones. Las estrellas de la noche centraron su repertorio en Soul Times!, álbum más reciente formado por rarezas y caras B, pero tuvieron tiempo (ganas nunca les faltaron) de destrozar caderas o causar múltiples tortícolis mediante ‘hits’ como "100 days, 100 nights" o "How do I let a good man down".

El concierto, que rondó las dos horas, fue un entusiasmo infinito, incluso cuando cayeron lágrimas en nuestras almas por esas personas que ya se han ido, principalmente la madre de Sharon (falleció hace pocos días). En el ámbito musical, recordaron a Amy Winehouse (The Dap-Kings grabó con la británica el estupendo ‘Back to black’), Etta James y Withney Houston antes de una despedida en la que los asistentes se quedaron con las manos rojas de tanto aplaudir. Con los pies doloridos tras tanto baile y el placer posterior a un orgasmo sonoro, volví exhausto a casa.