Alguien con una personalidad menos inquieta que la de Jack White hubiera celebrado tranquilamente los primeros 10 años de vida de su banda principal sin preocuparse por nuevos proyectos o colaboraciones alternas. Sin embargo, el que hasta el año pasado fuera la mitad de una de las agrupaciones más afamadas de la anterior década no sólo se dedicó a ganar fama con de The White Stripes, sino a producir y colaborar con diversos artistas como si la vida le fuera en ello, convirtiéndose en el camino en una de las personalidades más reconocidas y admiradas del rock actual.

Inquieto, extravagante y un notable guitarrista. Estos son algunos adjetivos que nos sirven perfectamente para definir a White. Uno más sería ecléctico, palabra que también nos puede ayudar a describir Blunderbuss, la nueva entrega del músico que finalmente ha decidido abandonar los alias para tomar las riendas en este, su primer álbum solista. Aunque apegándonos a la realidad, lo cierto es que esta placa no es necesariamente un trabajo en solitario. El artista contó con la ayuda de gente como Ruby Amanfu y su ex-esposa Karen Elson, entre un aproximado de 18 personas, para armar este primer intento de 13 temas que, más que ser una nueva vuelta de tuerca al sonido del músico, representan un camino lleno de paradas conocidas e influencias ya utilizadas que rinde tributo al pasado en el muy particular estilo de White.

No obstante, sería injusto decir que el músico no ha sabido reinventarse para esta nueva entrega, pues en ella Jack ha dejado de lado la aspereza de los Stripes aunque sin abandonar de todo la estruendosa guitarra. También ha sabido rescatar las influencias blues y de las bandas de rock de los 70 sin la agresividad de The Dead Weather, además de agregar el blues y el rock & roll a la mezcla pero en una manera mucho más pulida que la que ya nos había presentado con The Raconteurs.

Así, el músico salta de ritmo en ritmo sin demasiado ánimo de cohesión. Por ejemplo, “Missing Pieces" ofrece un giro funk con algo de progresivo y hasta un solo de guitarra en el medio, un instrumento que por cierto, aunque sigue apareciendo de manera frecuente en la placa, ya no ocupa el primer lugar, especialmente en la segunda parte de la misma, cuando el piano toma la batuta para llevarnos entre sus melodías. Además de éste, aquí aparecen además de manera frecuente numerosos órganos y teclados, mandolinas, clarinetes, percusiones y por supuesto los recurrentes del rock: bajo y batería.

El ritmo cambia con "Sixteen Saltines", melodía que de manera lógica fue elegida como uno de los sencillos de presentación, pues nos acerca más al White agresivo y gritón de los White Stripes, aunque con una producción mucho más cuidada y clara. White baja el tono en "Freedom at 21", con un picoso y pegajoso ritmo que acompaña con unas vocalizaciones de espíritu hip-hop.

Nasville llega para cambiar el ritmo en "Love Interruption", melodía en la que el cantante se hace acompañar de Ruby Amanfu en las vocales para ofrecer una visión de rechazo al amor acompañada de buenas dosis de blues y un poco de ritmo country, para presentar de este modo una cara diferente de la producción. Este mismo espíritu también aparece en "Blunderbuss", melodía construida de manera muy básica con algo de violín y un ritmo baladesco que complementa de manera perfecta el mal parido engaño de que habla la canción.

Y es que, en este punto, el escucha la tiene muy difícil para no considerar a este como un álbum de ruptura amorosa. El músico de hecho terminó su matrimonio con Karen Elson a mediados del año pasado y, aunque ambos aseguraron haber quedado en buenos términos e incluso Karen colaboró con sus vocales en este disco, es imposible no pensar, al escuchar las melodías, que a White le afectó de alguna manera la separación, aunque él insista en lo contrario.

Y es que hasta este punto todas las canciones tienen como tema principal la parte oscura del amor. Desde la perspectiva del amante en "Blunderbuss", la un poco misógina burla a la mujer liberada del siglo XXI en "Freedom at 21", el sufrimiento que trae el amor y la necesidad de evitarlo a cualquier costo en "Love Interruption" y la de algún modo terrible seguridad de una adolescente que tiene a otro encandilado en "Sixteen Saltines"; todo dice: estoy dolido, y en un volumen muy alto.

Y qué decir de "Hypocritical Kiss", la canción con la que continúa este álbum y que ya con su nombre nos dice por dónde va la cosa. Con el piano por compañero, White explora nuevamente el blues, el folk y el rock más tranquilito para crear un tema muy adulto pero no por ello menos disfrutable. Estos mismos con ritmos vertidos en el piano, que continúa como protagónico, ayudan a vestir la primera parte de "Weep Themselves To Sleep", que ya en su segunda contiene uno de los solos distorsionados que White nos regaló en la primera parte de la placa y que ayudan a darle un giro diferente a una melodía, en la que el intérprete parece escupir a la cara, más que cantar, la adolorida letra.

EL rock & roll viene a levantar el ritmo en "I'm shakin", tema en el que el cantante utiliza los recursos de la época dorada de este género, incluso en la letra y los coritos femeninos que entran para producir una melodía muy del tipo de The Black Keys (quienes utilizan recursos muy parecidos, aunque con resultados no necesariamente similares, en su más reciente placa, El camino).

El mismo género, pero en un espíritu más de Mick Jagger y los Rolling Stones, es usado en "Trash Tongue Talker", mientras que "Hip (Eponymous) Poor Boy" se va por el lado del cabaret chusco y burlón. Ya para "I Guess I should Go to sleep", White regresa con el espíritu country para dar un sabor viejo oeste de cantina a la melodía y acompañar así la un poco irónica letra de la canción.

En este punto el disco va perdiendo ya su fuerza, ofreciendo una especie de ensayo contenido en "On and On and On", tema en el que hasta la guitarra se ofrece de manera pura y directa, sin ninguna distorsión. Finalmente, la placa termina con "Take Me With You When You Go", un pastiche auditivo que a mí me recordó al momento final de una obra escolar, cuando se reúnen todos los niños para cantar y tocar juntos lo que por separado estuvieron presentando durante la función.

Con un inicio mucho más directo y rockero, un intermedio melodioso, adulto y sureño y un final extremadamente tranquilo y casi de ensayo, Jack White demuestra en Blunderbuss que es incapaz de casarse con un solo género y que su paleta musical no solo es amplia y variada, sino que además le permite dirigir a los músicos sin quitarles la inspiración o la capacidad de improvisar.

Este álbum sin duda está bien construido y es disfrutable gracias a las diferentes facetas que el originario de Detroit demuestra en su construcción, pues salta de un género a otro teniendo sólo como hilo conductor su voz, que unas veces se ofrece en altos tonos mientras que en otras se presenta juguetona: ya sea rapeando o haciendo dúos con sus contrapartes femeninas.

Sin embargo, también hay que decir que por momentos, y especialmente al final, la diversidad hace de este un disco un poco débil, pues carece de la fuerza que ha sido una de las marcas registradas de White en todas sus agrupaciones, esa agresividad que sin ser demasiado seria tenía a todos moviendo la cabeza a la par de sus canciones.

8.2/10

Creo que los incondicionales de Jack White van a disfrutar este disco, e incluso aquellos con un espíritu más adulto y gustosos de melodías como las de The Black Keys, por ejemplo. Sin embargo, los demasiado casados con alguna de las agrupaciones del guitarrista encontrarán este disco un poco pesado y demasiado insustancial, especialmente si no comparten la adultez decepcionada del amor que parece ser la tónica del álbum, le guste a White o no.

Al final, lo que es un hecho es que aquí se alcanzan a reconocer las habilidades que han puesto a este hombre en las alturas del rock actual. No es un álbum perfecto, por momentos sabe a demo, pero lo que es cierto es que Blunderbuss no dejará indiferente a nadie.

Fecha de lanzamiento: 24/04/2012
Discográfica: Third Man
Compra el disco: en su web.
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Tres canciones destacadas: “Missing Pieces", "I'm shakin" y "Sixteen Saltines"