Martin Mills, presidente de Beggars Group, compañía que amalgama importantes discográficas como XL, 4AD o Matador Records, ha sido claro en una entrevista concedida al Daily Telegraph: el streaming da ya a algunos artistas más dinero que las descargas legales de discos o canciones sueltas. En sus propias palabras:

Si no tuviéramos lo digital, no tendríamos negocio. Las ventas físicas siguen siendo importante para nosotros, pero la lección que hemos aprendido en los últimos años es que tienes que encontrar un equilibrio entre lo que la gente quiere y lo que realmente alimenta el negocio.

Streaming

En el resto de la entrevista, Mills comenta lo que ya todos sabemos: que Internet ha cambiado la manera en la que escuchamos música y que, por tanto, eso acaba repercutiendo en la propia industria. Mientras tanto, la industria discográfica sigue empeñada en justificar sus acciones con afirmaciones como las de Nick Gatfield, director ejecutivo de Sony Music UK:

Aquellos que acusan a las discográficas de buscar su propia ruina no tienen en cuenta la dificultad de deshacerse de viejos contactos y otras cuestiones relacionados con ser un viejo negocio.

Este tipo de personas son las mismas que firman contratos abusivos como los que dieron a conocer nuestros compañeros de ALT1040 hace unos meses, con condiciones que restringen el crecimiento de la industria del streaming. A pesar de ello, la realidad es que cada vez más gente usa servicios como Deezer, Pandora o Spotify. En el caso de esta último, por ejemplo, hemos conocido hace poco que ya cuenta con 15 millones de usuarios en todo el mundo, cuatro de ellos de pago. Como es lógico, llegará un momento en el que haya una demanda tan alta que las discográficas no querrán empañar su imagen negando el servicio a través de contratos de este tipo ("que malas son las discográficas, que no quieren subir el catálogo de sus artistas a Spotify").

Las soluciones pasan por un servicio creado por las propias discográficas, con los riesgos que ello conllevaría, o, quizá lo más coherente, un acuerdo que satisfaga en términos de igualdad a todas las partes. ¿Hay alguna posibilidad de que eso suceda? A día de hoy resulta complicado, pero confíemos en que dentro de poco podamos hablar de un negocio musical que reporte el valor que a cada actor le corresponde. De otro modo, los artistas seguirán buscando alternativas -como la independencia discográfica- y los consumidores seguirán buscando la manera de satisfacer sus demandas musicales. Y recordamos, ya nadie se conforma con escuchar el single del nuevo disco del artista X, ahora quiere bucear en todos sus discos, descubrir grupos parecidos y, por supuesto, de la manera más económica posible -si es gratis, mejor, claro-.