Han pasado dos años desde que Soundgarden anunciase su reagrupación; sin duda, la noticia más esperada para sus fans y para todos los nostálgicos amantes del mejor grunge noventero. Tras 16 largos años de silencio, la banda vuelve con King Animal, un disco que ha nacido gracias a la ilusión de unos artistas cuarentones que han tenido que dejar atrás viejas disputas y desavenencias musicales para volver juntos a la palestra musical. Durante este paréntesis, todos los miembros se han mantenido activos dentro de la industria, especialmente Chris Cornell, con Audioslave y su andadura en solitario.

King Animal

Siempre me ha parecido que con Soundgarden no se ha hecho demasiada justicia: a pesar de ser un grupo que innovó y que derrochó raudales de calidad musical, han pasado a la historia como los hermanos pequeños del denominado sonido Seattle. Vivieron su apogeo en los años 90, especialmente con el aclamado Superunknown, que con canciones como "Black Hole Sun" y "Spoonman" les situó en la cresta de ola, tanto por reconocimiento como por el número de copias vendidas. Pero haciendo retrospectiva, la banda ideada por Chris Cornell parece condenada a ocupar un lugar secundario en la historia del grunge, donde Nirvana y Pearl Jam mantienen la indiscutible corona.

Para la grabación de King Animal se ha reunido la formación original: la portentosa y oscilante voz de Chris Cornell, el virtuosismo a la guitarra de Kim Thayil, el profundo bajo de Ben Shepherd y la gran batería de Matt Cameron. El disco consigue recuperar ese sonido sombrío y pesado que caracterizó a Soundgarden, pero sin caer en el error de convertirse en una simple imitación de sus anteriores trabajos: en King Animal sí hay novedades. Para todos los que no hayan seguido la reciente carrera de Chris Cornell, quedan avisados de que su voz ya no es lo misma. Hay que recordar que es un problema que arrastra desde hace años, bien por forzar demasiado su voz, por la ex-adicción a diferentes sustancias o por una cuestión de edad. Lo que está claro, es que a día de hoy el vocalista ha perdido frescura y es casi imposible que vuelva a alcanzar esos tonos vertiginosos con los que impresionó en canciones como “Jesus Christ Pose”.

El disco arranca con “Been Away For Too Long”, un título que es toda una declaración de intenciones. Es cierto que 16 años pueden ser demasiado tiempo, pero escuchando este tema no parece que el enorme parón haya acabado con Soundgarden. Musicalmente, la canción recuerda a Superunknown, con una base rítmica grave, acompañada por la excelente guitarra de Thayil. Cornell exhibe un tono vocal más desgarrado, aunque igualmente efectivo. Además, el cantante nos sorprende con esta estrofa: I’ve been away for too long / No, I never really wanted to stay. Una frase que podría ser el reflejo de su reticencia a la vuelta de Soundgarden.

“Non-State Actor” sigue la estela y rescata el sonido añejo del grupo: punteo de guitarra para empezar y Cornell dejándose las cuerdas vocales en los coros. “Blood on the Valley Floor” tampoco aporta demasiadas novedades: es un tema desapacible, con una melodía lenta y pesada, en el que sobre todo destacan las incursiones de Thayil para dar algo de vida a la canción.

No hay que dejarse engañar por “By Crooked Steps”: aunque empieza con suavidad, rompe con el guitarreo más metalero del disco. Además, los arreglos musicales son estupendos, mezclando por triplicado la voz y los coros de Cornell con los oportunos solos de guitarra de Kim Thayil. Un tema que abre nuevos horizontes para la banda de Seattle y que debería haber sido el primer single del álbum. Con “A Thousand Days Before”, el disco nos da algo de calma y nos intenta trasportar a otra época. El vocalista explora su lado más lírico y la canción seduce con un riff cálido y sinuoso que suena casi oriental.

“Bones of Birds” es un tema triste –algo que a muchos nos atrae casi de forma irremediable-. Cornell rebaja su tono para hablarnos del paso vital que tuvo que dar para convertirse en adulto y padre de familia. La inflexión emocional continua con “Taree”, un tema reposado que destila sentimiento y que se permite esos parones rítmicos tan habituales en el sonido Soundgarden.

“Attrition” suena a rock comercial y se aleja del sonido grunge. En cambio, “Black Saturday” comienza como si fuera un tema acústico y algo anodino, pero según avanza va cobrando fuerza, para acabar sorprendiéndonos con un final más psicodélico. Los últimos coletazos del disco pierden bastante fuerza con “Worse Dreams” y la comercial “Halfway There”, una canción atípica que denuncia el abuso de las grandes empresas y los gobiernos –nunca ha destacado Soundgarden por hacer canciones de temática social-. El disco se cierra con “Eyelid’s Mouth”, una pista floja y con unos coros demasiado irritantes, y una canción que me ha sorprendido muchísimo: la experimental y distorsionada “Rowing”, que nos hace vibrar a ritmo de hard rock.

7,5/10

En definitiva, King Animal me ha sorprendido positivamente y me parece un buen disco de Soundgarden, aunque es muy posible que a los fans más acérrimos les suene demasiado limpio. A pesar de que la banda se quede a medio camino entre romper con el pasado y rescatar su antiguo espíritu grunge, este disco nos ofrece temas realmente interesantes. Eso sí, sobran algunas canciones de relleno.

Fecha de lanzamiento: 13/11/2012
Discográfica: Seven Four Entertainment / Republic
Compra el disco: En Amazon
Escucha el disco: En Spotify o en Grooveshark
Tres canciones destacadas: “By Crooked Steps”, “Bones of Birds” y “Rowing”