Durante el último mes, una variedad de artículos en la prensa británica y norteamericana han vuelto a poner en la palestra a la excéntrica personalidad de Phil Spector. Uno de los productores más grandes y exuberantes del siglo pasado, Spector fue condenado por el asesinato de una actriz, uno de los puntos más dramáticos de su existencia, que motivó al aclamado director cinematográfico David Mamet a hacer una película sobre la vida del creador de la Pared de Sonido reclutando al mismísimo Al Pacino para el papel protagónico. Este filme, que fue estrenado por la cadena HBO, recibió fuertes críticas por pintar al sistema judicial de los Estados Unidos como simple “chiste”, pero sobre todo, por ignorar la evidencia en contra de Spector en el asesinato de Lana Clarkson y retratarlo en una luz favorable que podría hacer considerar su inocencia.

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No hemos visto la película todavía, por lo que no podemos hablar de primera mano ni podemos criticarla en base a sus cualidades fílmicas. Podemos, sí, retomar el testimonio de Harriet Ryan, del periódico Los Angeles Times, quien fue una de las encargadas de cubrir el juicio a Spector que lo terminó poniendo en la cárcel en 2009, y otra de las que está más que enojada al descubrir que la película de Mamet intenta pintar un cuadro más inocente de la figura de Spector.

Es particularmente mortificante ver cómo esta película comete el mismo crimen que denuncia. ‘Phil Spector’ argumenta que un excéntrico famoso no puede tener un juicio justo porque el público ignorante y sediento de sangre es ciego a los hechos. Pero la película soporta esta tesis ignorando, representando de forma incorrecta y manipulando la evidencia.

En fin, la llegada de una película como Phil Spector nos hace volver a acordarnos de un productor que muchas veces terminó siendo un nombre más pesado que las bandas que producía. Un personaje curioso, tan amado como odiado. Más allá de sus crímenes en la vida real, que ya han sido juzgados y por los cuales está pagando en prisión, es importante juzgar a Spector también por la música, un aspecto que probablemente no será tan considerado en vistas de la polémica que ya está generando el filme. Aún antes de disparar a Clarkson, las armas, las mujeres y la grandilocuencia formaron parte de la personalidad de Spector.

Spector nace como hijo de una familia de inmigrantes judíos provenientes de Rusia. A corta edad se muda a Los Angeles, una ciudad que terminará influyendo el resto de su vida. El primer instrumento que aprendió fue la guitarra, y no tardó mucho en involucrarse en la comunidad de músicos hasta formar su primera banda llamada, tan inocentemente, The Teddy Bears. Spector ya estaba demostrando un increíble olfato musical, y escribió el primer, y único, gran sencillo de su banda, “To Know Him Is To Love Him”. Llegó pronto al puesto número uno de las listas de ventas de Billboard, recientemente inauguradas, en 1958. La banda, que editó después un LP, se separó al poco tiempo al no poder replicar el éxito de su primera canción.

Poco después, también formaría una nueva banda llamada The Spectors Three, en la cual colaboró brevemente con el legendario Lee Hazelwood. Colaboró con muchos “productores del momento”, craneando hits que sacaba desde la galera gracias a su Pared de Sonido. La llamada Wall of Sound de Phil Spector es lo que hizo que fuera tan reconocido como productor, una forma de trabajar que consistía en una musicalización exuberante, con decenas de músicos en el estudio creando un sonido voluminoso, estridente y, en las palabras de su creador, un acercamiento wagneriano a la música, sinfonías digeridas para el oyente de radio. Su Pared de Sonido fue aplicada básicamente a todos los artistas que se acercaron, y fueron acercados, a trabajar con él. Otro aspecto importante del trabajo de Spector es su fascinación por las voces femeninas, evidenciadas por su trabajo con mujeres y la formación de grupos femeninos como The Ronettes, por ejemplo.

No podemos ponernos a hablar de todos los discos producidos por un artista como Spector pues no nos alcanza el tiempo. Sí nos concentraremos en dos discos en particular, que a su vez son bastante conocidos y al mismo tiempo, controversiales. Y antes de hablar de ellos, cabe mencionar dos hechos sobre Spector, relacionados, aunque parezca mentira, con pelucas y armas. Por un lado, Spector era un fanático de las armas de fuego. No solamente tenía licencia para tenerlas, sino que además formaban parte de la parafernalia de su casa, y no era raro que las llevara a sus sesiones en el estudio y las apoyara sobre la consola mientras grababa a los músicos. Los Ramones, que grabaron con él End of the Century, son uno de los grupos que mencionan la presencia de armas durante el trabajo con Spector. Por otro lado, la personalidad de Spector se volvió particularmente ermitaña durante los años ’70, después de un accidente automovilístico que lo dejó lesionado, y lo obligó a usar estrafalarias pelucas.

Photo of Phil SPECTOR

Ahora sí, pasamos a los discos. Por un lado, tenemos Let It Be de The Beatles, el útimo disco en ser editado por la banda, aunque no el último en ser grabado, controversial tanto para fanáticos como para los miembros de la misma banda. Y por el otro, tenemos Death of a Ladies’ Man, de Leonard Cohen, un personaje tan austero que resulta difícil de asociar con la producción rimbombante de Spector.

Let It Be fue un disco mal parido desde el comienzo. La banda ya se encontraba en un estado cercano a la separación, Lennon y McCartney ya no colaboraban como antes en las canciones, y Spector llegó con su Pared de Sonido para complicar las cosas. Después de las sesiones de grabación, Lennon y George Harrison quedaron contentos –de hecho, los dos volvieron a trabajar con Spector para diferentes discos solistas- mientras que McCartney se enfureció al ver sus canciones claramente manipuladas por la voluntad de Spector. Uno de los sencillos de Let It Be, “The Long and Winding Road”, fue particularmente criticado por McCartney, a tal punto que el músico comenzó a preparar una nueva edición sin la intervención de Spector, que se terminaría materializando en 2003 con el nombre de Let It Be… Naked.

Por otro lado, Leonard Cohen comenzó a trabajar con Spector por decisión de su manager, que también era el manager del productor. Congeniaron en una primera reunión, también repleta de armas de fuego, guitarristas sombríos y veladas que se prolongaban demasiado en casa de Spector en Los Angeles. Cohen atravesaba por una fase complicada en su vida, poco tiempo después se separaría de su esposa y todavía no conseguía hacer un éxito en los Estados Unidos. Spector estaba en las sombras, también, buscando completar un contrato, y Cohen era la excusa perfecta para hacerlo. A mitad de camino, Cohen se dio cuenta que había perdido las riendas no solamente de su vida privada, sino también de su trabajo. Las canciones de Cohen, usualmente sobrias y acompañadas con melodías sencillas, adquirían tonalidades gigantescas después de pasar por el filtro de Spector. Death of a Ladies’ Man no fue un éxito discográfico, y al final del día, Cohen tardó mucho tiempo en volver al estudio, desencantado.

Volviendo a nuestra reflexión sobre el trabajo de productor de Spector –pues no es nuestro trabajo juzgar algo que pertenece al ámbito de la justicia-, este norteamericano es uno de los productores más fascinantes de la década pasada. Desarrolló una técnica que no solamente fue rentable, sino también revolucionaria en un mundo donde la música necesitaba cambiar. No ha existido otro productor como Spector desde ese entonces, estemos satisfechos o no con sus resultados –he seleccionado los dos discos de ejemplo pues particularmente me parecen nefastos- y dudo que pueda volver a existir. También dudo de la posibilidad de que un productor pueda eclipsar a los propios artistas, de la misma manera en que podía hacerlo Spector.