Existen multitud de elementos que podrían utilizarse para calificar la calidad de un show en vivo. Particularmente, sea en el papel de crítico aficionado o en el de fan de algún grupo, cuando asisto a un concierto suelo atender a cinco agentes clave. Son estos los que, para mí, determinan que el show sea excelente, bueno, regular, malo o desastroso. A continuación, ordenados de menor a mayor, según su importancia, les dejo un breve comentario sobre los mismos. Pero que nadie se equivoque: todos ellos condicionan el resultado final.

el concierto perfecto

El público

Un ambiente "caliente" es esencial. Un público frío -impasible al espectáculo, desganado- o fuera de lugar -curiosos y "domingueros"- desmotiva. Primero a la banda, que no recibe feedback, y después a sus incondicionales. En ocasiones, me han mirado con asombro al dejarme llevar en algún que otro momento de un show que me calienta la sangre. No me avergüenza, pero algo, aunque poco, incomoda. Claro está, y espero que no se me malinterprete, que no es lo mismo ver a, por ejemplo, Gojira en una cita propia, que en un festival multitudinario, donde la mitad del público puede no haber escuchado a la banda en su vida.

La adrenalina se ha de contagiar por aire, y momentos únicos como el abrazo de un desconocido coreando un tema mítico, son impagables. Aun sin un público apropiado, el concierto puede dejar sabor de boca excelente, pero el recuerdo podría no resultar tan imborrable.

El emplazamiento

sala caracolEn Madrid, hay una sala en la que el número de conciertos a celebrar ha crecido de forma incomprensible: Penélope. Es una discoteca que, ocasionalmente, se utiliza para celebrar conciertos. Su mayor inconveniente es la disposición de unas tremendamente molestas columnas en la parte central del foso. Para colmo, una especie de balcones en un piso superior, desde donde la visibilidad debería ser considerablemente mejor, el público se encuentra con los focos que alumbran el escenario en mitad de su ángulo de visión.Todo un buen ejemplo de mal emplazamiento, donde un cuarto de los asistentes ni siquiera puede ver correctamente a los músicos cuando la sala está completamente llena.

Para conciertos "de estadio", localidades como el Palau Sant Jordi (Barcelona), o el Palacio de los Deportes (Madrid), resultan ideales. ¿El inconveniente? Un altísimo porcentaje de conciertos no atrae a tanto público como para que rente economicamente alquilar tan costosos recintos. Los grupos medianos y pequeños requieren de sitios ideados para conciertos: salas con buena visibilidad -escenario alto y ausencia de molestas columnas-, un techo a una altura considerable y espacio suficiente para respirar sin dificultad. El aire viciado por grandes cantidades de gente, sofoca. Aforos sobrepasados y mala ventilación, desaniman. Abundan las ratoneras, y la sensación de agobio que producen me ha impedido conectar con la música como me hubiera gustado.

El sonido

mesa mezclasSi un disco está mal producido, queda feo. Pero si es un concierto el que suena mal, es peor aún. La música se presenta y defiende en directo. Si el sonido es malo -una incorrecta ecualización, equipo sonoro regular, un técnico poco familiarizado con la banda...-, la calidad del concierto merma considerablemente.

Recuerdo un festival al aire libre en el que el exagerado viento zaragozano -el cierzo que lo llaman- creaba remolinos de aire que estropeaban la percepción sonora del público. Medio festival escuchando música a ráfagas no es asunto baladí. Y a lo que pretendo llegar con este ejemplo, es que el "sonido" es un factor muy difícil de controlar. Sujeto a caprichos del azar y carencias profesionales y económicos, es complicado conseguir un sonido óptimo. Es este factor indispensable que pocas veces es perfecto, y no es la primera vez, ni será la última, que no seamos capaces ni de distinguir unas canciones de otras.

Cuando el sonido es cristalino y potente, las probabilidades de llevarse el recuerdo de un "concierto perfecto" a casa son mucho más altas.

El repertorio

buffalo setlistLa banda presenta su último álbum. Este ha sido un despropósito, o se percibe tremendamente aburrido para el directo. Que la mitad del repertorio duerma al público, es una situación más común de lo que me gustaría, y por ello, agradezco que bandas como Iron Maiden cambian su setlist de gira en gira, intercalando presentaciones de nuevos trabajos con la recuperación de clásicos.

Por otra parte, la inclusión de solos largos duerme a las ovejas. Las versiones de otras bandas no siempre funcionan, y la elección de canciones para agrupaciones con más de tres discos de estudio puede ser una tarea titánica. El público suele ser tan variado que es casi imposible contentar a la mayoría.

He aquí el factor más subjetivo de todos, y el que puede echar por tierra los tres anteriores si el repertorio no es del gusto del consumidor. Tan decisivo como imposible de valorar con objetividad.

La banda

El grupo ha de funcionar cual mecanismo engrasado. Es fácil diferenciar cuando los componentes acumulan horas de ensayo y cuando no. Por otra parte, la entrega al público, la experiencia sobre escenarios, la buena relación entre los músicos, y por supuesto, que tengan "un buen día". El margen de éxito de esto último puede reducirse a base de desarrollar el resto de habilidades. Dejando aparte el riesgo de enfermedad de alguno de los músicos, la banda ha de haber trabajado bien los temas en el local de ensayo. Es indispensable que el calor se transmita del escenario al público, y viceversa. Si la banda no responde y toca por inercia, se pierde la comunión entre ambas partes junto con la magia. Y si los integrantes se tiran los trastos a la cabeza, es difícil que funcionen correctamente sobre el escenario -no imposible-.

La banda es, con diferencia, el factor más importante. Y es que, si un grupo no es bueno en directo, el concierto está condenado al fracaso.

the who live

Lo crean o no, a veces a uno le queda un poso con sabor a concierto perfecto. Yo, se lo debo a mi primer encuentro con Iron Maiden, hace diez años; a la reunión de Héroes del Silencio y su concierto en el Estadio de La Romareda (Zaragoza); a un pletórico show de Roger Waters en el Palau Sant Jordi, y a uno de los pocos que me ha sacado lágrimas de emoción, un recital que ofreció Jimi Jamison en la sala Heineken de Madrid. Habrá quien ponga pegas a cualquiera de los que nombro, pero en mi baremo particular fueron perfectos.

¿Recuerdan ustedes algún concierto perfecto?