Los modelos han cambiado, sin embargo, todavía hay muchos que recuerdan (con nostalgia, quizá) los tiempos en los que las discográficas ponían la limo a la puerta de la casa y "pagaban" todo el numerito para que pudieras convertirte en estrella. Por supuesto, para algunos todavía funciona así, pero la mayoría ha sabido utilizar las nuevas tecnologías para producir su arte sin necesariamente depender de las compañías o intermediarios. Entre los modelos más en boga hoy en día está el crowdfunding, o financiación en masa, en la que los creadores pueden ponerse en contacto directo con su público y financiar sus proyectos, en algunos casos con resultados muy exitosos. Pero no todo es tan fácil como parece, ¿o sí?

crowdfunding

Los inicios

Por supuesto, el crowdfunding existió mucho antes de la llegada del internet. Por ejemplo, el pedestal de la Estatua de la Libertad, en los Estados Unidos, fue pagado precisamente con una iniciativa de financiación en masa a través de una convocatoria publicada en el periódico New York World.

En cuestiones musicales tenemos a Extremoduro, grupo de rock español que en 1987, y ante la falta de interés de las discográficas, decidió vender una serie de "vales" con un costo de mil pesetas, para poder editar su primera producción de manera independiente. La cosa funcionó básicamente como funciona en los sitios de internet: los compradores pudieron obtener el álbum, y hasta aparecer en el arte, mientras que la banda consiguió el dinero necesario para sus fines.

También está el ejemplo de Marillion, uno de los pioneros en la recaudación por Internet, gracias a una iniciativa que les permitió juntar los 60 mil dólares necesarios para realizar una gira por Estados Unidos. Pero claro, ya con Internet como parte de nuestra vida diaria, era sólo cuestión de tiempo para que nacieran páginas relacionadas con el tema.

Crowdfunding, hoy

Entre los sitios que se dedican a estos asuntos está ArtistShare, considerado como el primer sitio web de financiación musical. La página inició en 1993 con la intención de conectar a los artistas con sus fans, para de este modo financiar los trabajos de los primeros a cambio de productos exclusivos para los segundos. La web ha dado vida a trabajos que han recibido premios estadounidenses tan importantes como el Grammy, el Oscar y el Pulitzer, no obstante, no es el único, ni el más conocido.

Entre los sitios dedicados a este negocio también podemos señalar a IndieGoGo, nacida en 2008; RocketHub, Appslplit, creada en 2010; Pledge Music, y por supuesto Kickstarter, quizá el más famoso en cuanto a financiación de proyectos, aunque, curiosamente, no parece ser de los más exitosos. De hecho, de acuerdo con Presskit.to Blog., apenas un 43% de los proyectos que se realizan en Kickstarter logran juntar los fondos requeridos, un porcentaje bajo, la verdad, pero también hay que considerar que este asunto del financiamiento público requiere de una confianza prácticamente ciega, pues no existe un contrato o una manera de obligar a los creadores a cumplir con sus compromisos, excepto la buena fe.

Por ejemplo, luego de la debacle de Amanda Palmer (que comentaré más adelante), surgió la noticia de que Deakin, uno de los miembros de Animal Collective, había organizado una iniciativa para juntar 26 mil dólares en donaciones para actuar en Mali. Sin embargo, al final el músico decidió donar el dinero a caridad, algo que sería muy bueno sino fuera porque al músico se le olvidó avisarle a la gente, y que sus fans no habían recibido, tres años después, ninguna de las cosas que les prometió a cambio de su apoyo. Eventualmente el músico se disculpó y explicó lo que había pasado, pero el daño ya estaba hecho.

¿Demasiado éxito?

Y es que, por supuesto, esto no es sólo un tema monetario sino publicitario, pues la fe de la gente es algo difícil de recuperar. También hay que considerar que, para que estas cosas funcionen, no sólo se requiere de una buena campaña publicitaria, sino de la capacidad de convencer a la gente de que tu proyecto es algo valioso y debe salir al mundo. Pero nunca con demasiado entusiasmo.

¿Por qué digo esto? Pues porque parece que demasiado éxito o demasiada calidad pueden ser contraproducentes a la hora de pedir el apoyo del público. Y sino, sólo basta con enterarnos del caso del libro The New Rockstar Philosophy, material que se publicará en edición física próximamente gracias a una campaña en indiegogo.com, campaña que tuvo algún resbalón al inicio debido a la calidad, según ha contado Matt Voyno, uno de sus autores, en un artículo. Resulta que los escritores decidieron pedir ayuda a un amigo para producir un video que los ayudara a publicitar la campaña. Sin embargo, el video estaba "demasiado bien producido" y esto les trajo problemas, pues la gente comenzó a sospechar y a creer que el audiovisual (realizado sin fondos y con pura buena voluntad) era signo de un nivel económico alto y del apoyo monetario de una editorial establecida e importante, de ahí que no tenía caso darles su dinero. Esto llevó a los autores a producir un mediocre segundo video para subsanar el problema.

Este asunto de apariencias tampoco ayudó a Alice Cooper. El músico montó una campaña en Kickstarter para realizar un proyecto titulado A Shock-Rock Horror Anthology Series, que comprendía un cómic, una novela gráfica y una producción televisiva con él como narrador. La operación apenas juntó una cuarta parte del dinero necesario, algo que yo creo que tuvo mucho que ver con la propia fama de Cooper, quien no parece ser un músico que realmente necesite fondos, ¿no creen?

Y qué decir de Laura Palmer. A ella le debemos este boom del crowdfunding, pues su exitosa campaña, orquestada para financiar su más reciente álbum Theatre Is Evil, obtuvo más de un millón de dólares, lo que la convirtió en el primer músico en superar la marca del millón en el sitio. Todo hubiera estado bien si no hubiera sido porque después nos enteramos que había solicitado la ayuda de músicos voluntarios para sus conciertos, lo que muchos consideraron una injusticia, visto que ella había pedido el dinero de los fans para poder trabajar. La cantante publicó una explicación en su blog que francamente no la ayudó, pues se sintió obligada a explicar con pelos y señales a dónde iría el dinero, lo que dejó a muchos con la idea de que, o les estaban tomando el pelo a ellos, o le estaban tomando el pelo a ella, pues las cantidades requeridas para la producción de viniles, CD's y el resto de los artículos prometidos, eran demasiado altas.

¿El futuro?

Polémicas aparte, lo que es un hecho es que la red ha ayudado a hacer del crowdfunding algo mucho más sencillo y útil para músicos no tan conocidos. Incluso, cantantes como Melissa Polinar, han hecho de este tipo de financiación su principal fuente de recursos para grabar producciones. Y la verdad es que, para las nuevas promesas de la música, el crowdfuning puede ser la solución, siempre y cuando tengan en cuenta que esto los obligará a rendir cuentas a sus fans, no sólo del producto final sino de la manera en cómo utilizarán su dinero. No se trata de inversión, eso lo debemos de entender, pues realmente no estaremos recibiendo ganancias, sólo un bien, de acuerdo con el dinero que aportemos, pero repito, este asunto de la financiación pública se basa en la confianza de la gente hacia tu proyecto, confianza que es importante conservar.

Los fans, por otro lado, finalmente podemos dejar de quejarnos del dinero que se va a las grandes discográficas o a terceros, involucrándonos de manera más cercana en proyectos que de cualquiera manera apoyaríamos, y ganando en el camino cosas que de otra manera sería difícil que pudiéramos conseguir. ¿O a ustedes qué les parece?