El año 2001 marcó una nueva época para la música salida de Nueva York. Fue el inicio del famoso revival, que trajo de regreso las influencias post-punk y garage, poniendo de paso a la guitarra en el primer plano musical. Al final, no importa que al día de hoy la mayoría de las agrupaciones involucradas se empeñen en decir que esto no fue producto de una escena ni mucho menos, lo cierto es que la conjunción de grupos ayudó a darle fuerza a sus producciones. Entre las agrupaciones de la época destaca un trío liderado por una chica de gran presencia llamada Karen O, tan extravagante en el escenario como la portada que adornaba su álbum debut. Fever To Tell de Yeah Yeah Yeahs, llegó así con la fuerza de una movida pero también con suficientes tamaños para reclamar un lugar para sí mismo, un lugar que sigue siendo importante 10 años después.

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La historia del grupo comenzó con el inicio de la década y la conjunción de Karen O y Nick Zinner, a los que posteriormente se unió el baterista Brian Chase. La banda editó un primer EP en 2001 y se lanzó de inmediato a una gira promocional que los llevó hasta Europa y los puso en el mapa trendy de la Gran Manzana, algo que curiosamente no les ayudó mucho, pues buena parte de la crítica musical los vio como una simple moda pasajera.

Esta misma idea incluso permeó en las críticas hacia producción, pues no fue difícil que muchos desconfiaran de la inmediatez y sencillez que definían a las melodías del álbum, tomando al grupo como un probable one hit wonder. No obstante, a 10 años de distancia es justo decir que la placa ha sabido envejecer con gracia. No es sólo la personalidad exuberante, sexual y confiada de Karen O, que lo mismo tira gritos que emite gemidos capaces de calentar hasta al más frío, es la solidez de un muro sonoro lleno de riffs de guitarra hipnóticos y poderosas percusiones el que le dio la base al primer larga duración de esta agrupación.

El sonido de los Yeahs en esta primera entrega se mostraba por momentos saturado y cacofónico, no obstante, la producción David Sitek y la mezcla del reputado Alan Moulder ayudaron a poner las cosas en el espectro de lo aguantable, permitiendo que los riffs de Zinner brillaran a cada paso, ya fuera en versión garage, como en "Man", o en la relativa suavidad de "Maps".

Fue de hecho esta melodía, que por cierto actuó como primer sencillo del álbum, la que ayudó a colocar al grupo en el radar comercial, gracias al sentimiento bien directo de su letra, inspirada en el entonces novio de Karen, Angus Andrew de Liars, y al sentido video, que los puso en la programación habitual de MTV:

Sin embargo, no eran las baladas las que definían a esta placa, sino la urgencia guitarrera de tracks tan contagiosos como "Date With The Night", un clásico de su discografía hasta el día de hoy; "Pin", "Y Control" y "Tick", todas ellas melodías llenas de gritos yacordes repetidos al infinito, que venían a demostrar que una canción no necesariamente tiene que estar definida por una estructura clásica verso/coro/verso para ser pegajosa. Otros, como la ya mencionada "Man", "Cold Night" y "Black Tongue" circulaban en el mundo del garage con buenos resultados.

El álbum ha computado más de un millón de copias vendidas hasta la fecha, y no es casualidad. Es cierto, este primer acercamiento pudo haber confundido a más de uno, pues la falta de refinamiento y el descaro, además de sus influencias punk, no parecían ser suficientes para sostener a la agrupación más allá de un primer lanzamiento. Afortunadamente, el grupo ha mostrado con el paso del tiempo que no sólo tienen ambición sino capacidad, lo que los ha llevado a entregar pocas pero bien estudiadas producciones, todas ellas con un sonido muy diferente al que presentaron en este primer disco.

Y es que el trío ha sabido cómo pulir su sonido sin terminar con la energía, además de incorporar influencias sin perder la inmediatez y la fuerza. Es verdad, no era fácil anticipar esto con un álbum como Fever To Tell, pero lo cierto es que el disco ya traía en su interior pruebas suficientes del talento de este trío.

Lo mejor es que, a 10 años de distancia, Fever To Tell continúa siendo un disco bien plantado en su naturalidad, con melodías básicas pero bien logradas que es imposible no cantar o bailar, y esos gritos excitados que te llaman a imitar a su tremenda vocalista. Tiene sus fallas, es verdad, pero también es el primer gran ejemplo de un grupo que siempre ha sabido jugar bajo sus propias reglas y salir airoso en el intento.