Incontables son las razones por las que Quentin Tarantino destaca entre tantos directores de su generación. La mayoría podemos dejarlas a comentar por nuestros compañeros de Extracine, pero aquí nos centraremos en una de ellas: su peculiar talento para elegir canciones. Su costumbre de “resucitar” actores es equitativa a la de sacar canciones del armario del sótano. La combinación de hip-hop con un tiroteo western en Django Unchained, o un bailecito con la mutilación de una oreja en Reservoir Dogs son dos de sus míticas bizarradas resultantes. Sin embargo, mis favoritas nacen de la estupenda banda sonora de Pulp Fiction.

banda sonora de pulp fiction

Rescatemos pues, en un disfrutable ejercicio de memoria, cinco de esos momentos que vienen a mi mente sin necesidad de revisar la cinta. No creo ser el único que haya disfrutado de esta historia musicalizada con surf rock americano más de una decena de veces. No señor, es una de las cintas más populares de nuestro tiempo. A sus fanáticos va dirigido este artículo, así como a quienes no encuentren motivos para verla por primera vez. Considero estos 5 ejemplos míticas escenas que marcan el corazón del cinéfilo a primera vista, debiendo la mitad de su encanto a la música que las ameniza.

Los títulos de crédito: “Misirlou”, de Dick Dale

Una breve conversación entre una joven pareja desemboca en tacos, gritos y unas exageradisimas amenazas a la clientela de un restaurante. “Misirlou” las acalla. La imagen se congela, y las letras de estilo vintage forman pareja perfecta con ese retro rock instrumental. Supone una declaración de principios que, de alguna forma, augura el torrente situaciones incómodamente corrientes y bizarras que se nos vienen encima.

La sobredosis de Mia Wallace: “Girl, You’ll be a woman soon”, de Urge Overkill

En lo que Vincent Vega mantiene un exteriorizado diálogo con su conciencia en el baño, Mia descubre en el abrigo del hombretón una bolsita con polvo blanco. No duda en aspirarlo, y es a ritmo de esta intensísima “Girl, You’ll Be A Woman Soon” de Neil Diamond, versionada por Urge Overkill, que vemos a la morenita interpretada por Uma Thurman tener una mortal sobredosis.

Pudiendo bien haber elegido un corte de frenética música electrónica, Tarantino es fiel al tono de su propia cinta, y elige una canción de autor, rockera y dramáticamente romántica. El director rompe la ecuación de chico+chica+cena+música romántica = cama, obteniendo un resultado realmente salvaje.

Butch elige arma: “Comanche”, de The Revels

El boxeador Butch, en plena huida del mafioso a quien acaba de estafar, es capturado junto a éste, Marcellus Wallace, por un par de sadomasoquistas que pretenden jugar a papás y mamás en el sótano de una casa de empeños. En una secuencia de lo más surreal, el boxeador consigue escapar de un tipo ataviado con cuero de arriba a abajo -”el pirado”-, mientras espera su turno para la sodomización. Dejando tirado a Wallace, que en principio, era su perseguidor, Butch echa el freno a punto de pisar la calle y recapacita a ritmo de “Comanche”, de The Revels.

De nuevo, el surf rock toma protagonismo. Se convierte en la melodía de las cavilaciones del que estaba a punto de tomar el dinero y correr. Decide volver atrás y liberar a su antagonista, pero necesita un arma. El gesto de Bruce Willis al ver la Katana, junto con la crecida de intensidad de “Comanche” es uno de los momentos más conseguidos de la cinta. Una gozosa forma de crear tensión previa a una explosión de violencia marca Tarantino.

Mia y Vincent ganan el twist contest: “You Never Can Tell”, de Chuck Berry

Si la mujer de Marsellus Wallace quiere un batido de 5 dólares, hay batido de cinco dólares. Y si quiere bailar, habrá que bailar. Ver a Vincent Vega bailar libremente el twist de Chuck Berry sobre un escenario -zapatos fuera, eso sí-, junto con una Mia bien pasada de vueltas, es de lo más inesperado. Todo ello, tras verle, en una de las primeras escenas, cubrir -por accidente- la tapicería del coche de Jules con el cerebro de un pobre diablo a tiro de pistola.

No se si antes de Pulp Fiction hubo algo parecido, pero esta es una de las escenas más, dados los extravagantes movimientos de sus protagonistas. Casi veinte años después, seguimos imitando a Travolta y Thurman a altas horas del sábado noche en la pista de baile.

El culmen de lo políticamente incorrecto: “Bullwinkle Part II”, de The Centurians

La escena más explícita de Pulp Fiction. Imágenes de muy mal gusto se entremezclan con el surf rock de The Centurians, pausado y psicotrópico. Vincent, goza un pinchazo de heroína de primera calidad, una imagen realmente poco agradable, y muy específica, que con la música, ayuda a hacernos una idea de lo que siente el protagonista. De nuevo, “Bullwinkle Part II”, la canción, es responsable de que sintamos algo más que incomodidad ante lo que se muestra. Y es que, si no fuera por el ojo de Tarantino y lo visual de la canción, las nauseas no me serían extrañas durante esta escena.