Es probable que la máxima del procedimiento de las promotoras al organizar festivales metaleros en España sea el de "cazar" a una banda grande -Metallica, Iron Maiden, Manowar, Rammstein, etc-. Y en segundo lugar, rellenar cartel. Nuestro historial de Metalway's, Metalmania's o Sonisphere's, ha estado caracterizado por headliners comunes, y frecuentemente, co-headliners igualmente emparentados. Slayer, Megadeth, Doro, Judas Priest, Kiss, Blind Guardan o U.D.O. son siempre nombres habituales en los pósters. Cada año, echamos un vistazo a los carteles del Hellfest o del Wacken y rabiamos de envidia al comparar con los festivales españoles. ¿Qué ocurre en España?

festivales españoles

Años de rodaje en estos menesteres me llevan a una sencilla conclusión: en España sufrimos un típico problema de pescadilla que se muerde la cola. El público venera a las bandas que monopolizan las portadas de la prensa especializada, quienes no expanden sus horizontes editoriales porque, de otra forma, el mismo público no compraría. Las promotoras sufren contagio del problema, quienes no se arriesgan a cambiar sus principios. ¿Por qué iban a hacerlo? Está claro que el grupo de gente que aviva los foros metaleros, que invierte horas en búsqueda de grupos que nunca podrán ver en directo a poca distancia de casa, es pequeño.

Sólo a veces, quien arriesga, gana

sonisphere faith no moreRecuerdo el año en que Faith No More dieron uno de los conciertos de mi vida en el Sonisphere madrileño. No les daba como apuesta ganadora, y sin embargo, encandilaron a casi todos. También recuerdo cómo, en la pasada edición, los asistentes se entregaron más al punk rock comercial de Offspring -difíciles de incrustar en un cartel tan pesado-, que a Soundgarden, que aburrieron. Los promotores probaron suerte con uno de los grandes de los 90, compartiendo cabecera con Metallica, y de nuevo, los de San Francisco arrasaron.

Otro ejemplo, basado este en la actitud del público en el mismo evento: mientras Orange Goblin, banda poco habitual en España, arrasaban en el escenario pequeño, miles de metaleros les daban la espalda en pos de coger sitio para Machine Head. No fue el mejor show de los de Rob Flynn, y la mayoría ni notó haberse perdido un concierto de stoner de raza auténtico. Los bestiales Clutch tocaron junto con Fear Factory a las tantas de la mañana, y a los curiosos, que estuvimos desde primera hora a la caza de nuevos descubrimientos, los horarios y la distribución del cartel nos ganaron la partida al aliarse con el cansancio corporal.

Algo parecido sucederá este año con Red Fang, una decente banda de árido stoner y con Ghost. A estos últimos, el año pasado, el público se lo reportó su imagen, y no su original propuesta musical. Pero total, las entradas las venderá Iron Maiden, y el resto sufrirán desde solapes de horario, retrasos y el pasotismo del público. La prensa dedicará sus textos a quienes ya sabéis. La mejor foto que consigan de Dickinson o Harris, ocupará la portada, y junto con el logotipo, las revistas, como los clicks de ratón, se venderán solos.

El huevo y la gallina, o el relevo generacional

Sonisphere (1)El padre que hace años se cortó la melena, el hermano mayor que lleva camisetas negras, o el tío soltero que sigue calzando mallas en los conciertos, te presenta a las bandas que llegaron a la cima en su juventud. Escuchamos sus joyas de los ochenta: Master Of Puppets, Powerslave, Fighting The World, Dr. Feelgood. Y para cuando comenzamos a indagar por nuestra cuenta, ya tenemos indiscutible banda favorita, con la suerte de que, año sí, año no, encabezan festival en la península. Y la historia se repite.

Por otra parte, ni el metal copa las radio fórmulas, ni aparece en televisión. Si es difícil que haya un relevo generacional a los clásicos de los ochenta, los medios especializados tampoco ayudan. Dan juego a algunas bandas como Angelus Apatrida, Crisix, Zerosi3te, o Vita Imana, siendo estos últimos quien más merecida recompensa reciben, pero el público pide lo que pide. Fácil para unos y otros, perezoso y cansino para unos pocos.

No soy capaz de augurar qué ocurrirá cuando los grandes nombres desaparezcan del panorama. No veo a Gojira encabezando un festival en España. Menos a Opeth, a quien seguro pondrían a tocar a las 5 de la tarde, como ha ocurrido con similares. ¿Testament, 4ARM, Overkill? Bandas de thrash que bien podrían sustituir a Anthrax o Megadeth. Tampoco en el lado heavy creo que se arriesguen con Enforcer o White Wizzard, a quienes valoraremos cuando sean ellos los abuelos. Apuesto por Blind Guardian, o con suerte Iced Earth y, en el lado más suave, me conformaría con unos Masterplan, en un futuro. Pediría a los fresquísimos Myrath, o los bestiales Orphaned Land, pero llego al mismo sitio: las pocas miras del público por las bandas de las que no podrán presumir de haber visto, y el consiguiente riesgo que las promotoras no correrán.

La situación económica española, el poco apoyo social a la cultura, y los hobbies imperantes en el país -el fútbol es mucho más rentable- terminan de encerrar al rock y al metal en un círculo vicioso en el que nunca deja de pelear con su propio público. Es la prensa quien juega un papel fundamental de cara al futuro, con cierto poder sobre el público. Hay grandes bandas nuevas, propuestas frescas que merecen más halagos. Es necesaria una renovación de la primera línea del género, un relevo generacional, y el público merece ser informado de sus protagonistas, que los hay.

Por suerte, tenemos alternativas

Cartel Resurrection Fest 2013No todo es del color del tizón. Tenemos el Azkena Rock, el cartel más clásico y variado del país. Arriesgado, barato, y mejor organizado que el resto, a los que la masificación se la suele jugar. Y que ni se nos ocurra menospreciar el Resurrection Fest, otro festival original, con emplazamiento sin igual y goloso cartel, formado por grupos hardcore de toda índole.

Los festivales underground son otra gran alternativa. Los hay a montones, pero son difíciles de seguir y uno tiene que estar atento a los carteles que empapelen su ciudad. Y como ultima opción, la más cara, pero seguramente, la mejor. Un buen viaje al Hellfest, Download, Grasspop, Wacken, Sweden Rock, o Firefest, según los gustos. La organización de los recintos y la calidad de los carteles, incluso compartiendo en ocasiones headliners, ofrecen interesantísimas propuestas poco habituales, son razones que aseguro merecen la pena el gasto.

Mientras tanto, en España tendremos lo que merece la situación. La escena vive en el país mediterráneo la consecuencia de ese círculo vicioso asentado con el paso de los años. Los festivales son un negocio, víctima de todo lo que gira alrededor de la propia música, y el público, en su mayoría, se deja llevar por el torbellino de consecuencias. Las minorías, simplemente, buscamos más en otra parte, a la espera de cambios.