Algunos discos son difíciles de digerir, pero cuando superamos las etapas más complicadas de la escucha, pueden ser disfrutables. Eso es lo primero que hay que advertir cuando nos sentamos a escuchar Shaking the Habitual, el cuarto disco de estudio de los suecos The Knife. Ya de entrada sabemos que no nos vamos a encontrar con algo normal. Pero por suerte, en lugar de ser un pastiche inconexo, Shaking the Habitual es una obra maestra de la electrónica experimental en la que los hermanos Olof y Karin Drejier obtienen inspiraciones tanto del estructuralismo francés como de las canciones de protesta. Esta es nuestra reseña de Shaking the Habitual, donde nos encargamos de la complicada tarea de dilucidar un poco las canciones de The Knife.

The Knife

Shaking the Habitual es el seguidor de Silent Shout, de 2006, esto si no tomamos en consideración a Tomorrow, In a Year, un disco colaborativo y experimental realizado junto a Planningtorock y Mt. Sims en 2010. The Knife nunca se caracterizó por brindar música accesible para los oídos inexpertos, y poder analizar y disfrutar de una canción de los suecos es toda una tarea que requiere nuestra atención. Esto está evidenciado por canciones más engorrosas como “Old Dreams Waiting to be Realized”, de apenas más de 19 minutos, de índole completamente experimental donde nos encontramos con silencios, crescendos, y cosas raras.

Las vocales de Karin Drejier, también conocida como Fever Ray, también son difíciles de procesar. Es una de las voces más reveladoras y cautivantes de la escena nórdica, y no por nada ha recibido comparaciones, aunque un tanto facilistas, con una artista del calibre de Björk. Sí, The Knife es una banda rara, quizás pretenciosa, pero no quita que sus canciones motiven a una actividad que el último sencillo pop de cabecera nunca podrá motivar. En Shaking the Habitual, The Knife nos presenta todo un arsenal de canciones explosivas, pero tranquilas, como la tormenta que se sacude debajo del mar.

Para Shaking the Habitual, los suecos volvieron a producirse a sí mismos en trece canciones donde la duración varía entre breves interludios de apenas menos de un minuto, y canciones que sobrepasan entre los ocho y los diez. Pero dentro de estas canciones, se encargan de crear estructuras complicadas e inestables, que desafían al escucha generando una cierta incomodidad y un desafío para terminar de escuchar la canción. Shaking the Habitual es un disco atrevido, pero coherente, brillante, un compendio de fascinación. Por otro lado, es también un disco de canciones de protesta, donde la crítica a la política y sociedad actual es moneda corriente y está a la orden del día, obteniendo inspiración de la obra del estructuralista francés Michel Foucault (expresado por el título, una frase de este autor) y de teorías modernas del género.

Pero pasaremos ahora a una reseña de Shaking the Habitual más detallada. El disco comienza con “A Tooth For An Eye”, toda una declaración de principios, donde una percusión que bordea lo world music sirve de colchón para las vocales desesperadas de Karin y diferentes capas de sonidos con ruidos que se van aclopando para formar una canción excéntrica. El video oficial es también una crítica al modo de vida y a la estructura impositiva neoliberal, donde se ofrecen descuentos de impuestos en Suecia a las familias adineradas que cuentan con una empleada doméstica. Con algunos vientos la canción va creciendo hasta convertirse en una bola de nieve. Lo mismo puede decirse de “Full of Fire”, con un comienzo de bases electrónicas ochentosas, un comienzo bastante largo donde se van incorporando meticulosamente sonidos que crean una atmósfera ominosa pero sin embargo bailable. Esta misma atmósfera sombría se puede detectar en las melodías –casi imperceptibles- de la esquizofrénica “Cherry On Top”.

De nuevo, una canción casi gemela a “A Tooth For An Eye” es “Without You My Life Would Be Boring”, donde nos encontramos con estos ritmos viscerales y fascinantes. Es una canción conducida principalmente por su sección rítmica y las curiosas vocales de la cantante. En “Wrap Your Arms Around Me”, nos encontramos con un comienzo más analógico que no pierde sus características épicas, de soundtrack de película de terror sofisticada. Encontraremos algunas similitudes con Bat for Lashes, pero con tintes mucho más experimentales. “Crake”, la siguiente, es una canción breve, que comparte la estructura de un himno eclesiástico pero ubicado para desestabilizar en apenas 55 segundos. La canción nunca llega a tomar forma y oficia de interludio en el que tomamos un respiro de la percusión altiva del resto del disco.

La siguiente en el tracklist es “Old Dreams Waiting to be Realized”, una canción complicada de describir con sus más de 19 minutos. En esta oportunidad, se nos ofrece un panorama intricado con diferentes melodías experimentales, electrónicas y hasta pop, pero con la clara diferencia de que son estiradas por minutos enteros. Durante una primera escucha puede volverse algo insoportable, si no perdemos de vista sus cualidades ambientales. “Raging Lung”, si bien no tiene la duración de su canción predecesora, dura casi diez minutos y de nuevo cuenta con una sección rítmica impresionante, combinando diferentes formas de percusión y un sintetizador juguetón pero oscuro de fondo. La canción, al darse el lujo de la duración, se toma su tiempo para crecer y desarrollarse en un intrincado mecanismo de paisajes sónicos.

Con “Networking”, de nuevo nos encontramos con una canción más pistera donde la melodía es rápida, generada completamente por computadora. Pero en el artificio también encontramos la naturalidad, con una canción rápida que demanda urgencia y que provoca ansiedad. No demora nada en convertirse en un viaje de speed por la música de The Knife. La voz modificada de la cantante hasta parece llevarnos al llanto de un bebé que se convierte en un mantra. “Oryx” es una canción distorsionada, que también parece estirada, donde los instrumentos son modificados intencionalmente para incomodar. No deberemos esperar demasiado para que termine esta orquesta desquiciada porque tiene una duración de 37 segundos. En “Stay Out Here”, el comienzo también es sombrío y cautivante, pero comienza a correr unas bases trance para incorporar ruidos que vienen y van. Es una de las canciones más “electrónicas” del disco, en el sentido más tradicional.

Nos acercamos al final del disco y nos topamos con otra canción con tintes de himno, “Fracking Fluid Injection”, con juegos de voces modificadas y una Karin Drejier en el tope de su juego. También tiene una extensión considerable con lo cual The Knife se toma su tiempo para hacerla explotar –pero, sin dudas, explota-. El disco termina con la potente “Ready to Lose”, donde la gravedad de la voz de la cantante conduce toda la canción.

Shaking the Habitual es un disco fantástico. No compartirá la grandeza de Silent Shout, pero es fascinante y extraño. Y también es un disco mucho menos accesible, por tener canciones de una duración extremadamente larga, que tienden a resultar algo cansinas con el correr del tiempo. Por otro lado, la instrumentalización de las canciones, si bien magnífica, queda en un segundo plano para dar rienda suelta a las aspiraciones políticas de la banda, donde la crítica y la protesta son el mecanismo principal de expresión.

Por otro lado, Karin Drejier se encuentra en un punto vocal excelente donde explora diferentes rangos y aprovecha completamente la edición digital. Y si bien las canciones no son accesibles y pierden toda tonalidad pop, también son fuertes y atractivas. Tienen un mensaje, y si nos tomamos la molestia de escuchar el disco más de una vez, vamos a encontrarlo. Nuevamente, The Knife demuestra que son sinónimo de electrónica experimental gracias a canciones cautivantes y potentes, pero además siguen entregando una producción cuidada en la que cada sonido tiene un propósito sincero y acertado. Uno de los discos del año, nos atrevemos a afirmar en nuestra reseña de Shaking the Habitual.

The Knife - Shaking the Habitual by Bárbara M on Grooveshark