El rock español, ya sea independiente, mainstream, o en cualquiera de sus derivados, curiosamente no tiene demasiada incidencia en el rock argentino –o en su público general-. En pocas palabras, en Argentina nada suena parecido a lo que se está haciendo en España, y viceversa, con lo cual siempre es interesante poder escuchar qué se está haciendo de ambos lados del Océano y provocar un intercambio. El pasado miércoles, y sorprendentemente por tercera vez en pocos años, los madrileños Vetusta Morla volvieron a pisar los escenarios de Buenos Aires ante un público que, con cariño y corazón, ya los trata de locales. Y esta es nuestra reseña de Vetusta Morla en Buenos Aires, que nos ha dejado más que buenas impresiones.

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En el escenario de La Trastienda, donde ya se habían presentado allá por 2011, Vetusta Morla le puso un relativo fin al ciclo de Mapas, su segunda placa discográfica de larga duración. En aquella oportunidad, los argentinos apenas habían podido atisbar algunas de las canciones adelantadas. Después del éxito de Mapas, el conjunto español se despachó con un set que repasó su breve pero exitosa carrera discográfica, con una receta balanceada que también incluyó algunas de las canciones poderosas de Un día en el mundo.

Este show, al menos para los que no tenemos la oportunidad de verlos tan seguido, demuestra que el sexteto madrileño se ha convertido en una maquinaria aceitada sobre el escenario. Después de aumentar el tamaño de las salas donde se presentan en España, en Argentina siguen llenando, de forma relativa, La Trastienda, un local con capacidad para 700 personas, donde el miércoles pasado todos los asistentes entraron en comunión con la música alternativa, con tintes rockeros, emotivos e indie.

El show comenzó apenas pasadas las 21.30 con “Los días raros”, canción también encargada de abrir el segundo disco de la banda. El público argentino, que ya después de tres veces se conoce todas las letras, coreó a todo pulmón el estribillo dándole una cálida bienvenida a la banda. Llegó luego el turno de “Boca en la tierra”, también de Mapas, canción que la banda aprovechó para aclimatarse. Pucho, el cantante, se movía por un área reducida del escenario con pies y manos, lamentándose enérgicamente, y con alegría, frente al micrófono, marcando además la veta de emotividad, de grandes amigos que no se ven hace mucho, del show.

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La tercera canción de la lista fue “Cenas ajenas”, demostrando que, al menos durante el recorrido inicial, Mapas estaría fuertemente presente en el recital. Con una melodía de guitarras ciertamente inspirada por Jonny Greenwood, “Cenas ajenas”, a pesar de la melancolía, no logró virar el ánimo festivo del público. Antes de arrancar con el cuarto tema, Pucho aprovechó para saludar a Buenos Aires en su tercera visita y arrancó con “Copenhage”, en esta oportunidad de Un día en el mundo. Demostrando que no somos de escuchar un disco y abandonar, el público también se compenetró.

La seguidilla del primer disco de estudio de la banda continuó con “Un día en el mundo”, donde las suaves melodías de piano cortaron un poco con tanta agitación. Que, sin embargo, se recuperó con la llegada de “Escudo humano”. “Baldosas amarillas”, la siguiente canción, fue uno de los puntos altos de la noche, también con la audiencia cantando las letras de Vetusta Morla como si se tratase de la gran banda argentina que anda faltando. No podrán llenar un estadio, como otras bandas internacionales, pero el público local de Vetusta Morla es fiel y por recurrir a otra analogía futbolera, los sigue a todas partes. Pucho también aclaró esto, y agradeció casi al final del show a los fans que llegaron desde bastante lejos –pues Buenos Aires no es, obviamente, toda la Argentina-.

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En “Autocrítica”, la introducción sirvió para aclarar que finalmente los discos físicos de Vetusta Morla llegaron a la Argentina. Un logro para nada menor, considerando que muchas ediciones internacionales, y no tantas de la escena independiente de España, llegan a las bateas de este país. El siguiente tema fue “En el río”, una composición cautivante, con fuerte contenido lírico, y que serviría para dar puntapié inicial a la parte más rockera del set de los españoles. Entre tema y tema, Pucho incorporaba algunos bocados de recuerdos del show anterior, donde le aclaró al público que en Argentina conocieron por primera vez el pogo –imposible saber si demagogia o realidad- y que fue la primera vez que se tiraron al público. También intentó, sin suerte, que el bajista Álvaro repitiera la hazaña.

Lo más rockero del set llegaría con “Sálvese quien pueda”, de su primer disco de estudio, que sería seguida con la introducción en percusión de “Valiente”. En esta oportunidad, Pucho le pidió al público que lo acompañaran durante el puente, confiado en que lo harían –y, claramente, lo hicieron, con un divertido juego entre los diferentes pisos de la audiencia-. “Cómo se nota que van a la cancha”, afirmó desde el micrófono el frontman para dar inicio a una avalancha del nefasto pero bien ponderado “olé olé” de los recitales porteños. La banda acompañó la salida con algo de música, un rock tropicalista que le quedó muy bien al cántico de estadio.

Así fue el comienzo de “Saharabbey Road”, que se continuó con la magnífica “Maldita Dulzura”. Acto siguiente, comenzaron con “Mapas”, la canción que le da nombre a su segundo disco, con una interpretación enérgica y un final cautivante, acompañado de un sonido de guitarras poderoso que parecía crear una pared de sonido. Para el siguiente tema, “El hombre del saco”, la banda introdujo al “señor Bidón”, un enorme, adivinaron, bidón, usado para la percusión grupal hecha con palos. Pucho se dedicó, durante la sección instrumental del puente, a golpear al señor con ahínco.

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Para el bis –los Vetusta Morla no se hicieron desear demasiado y apenas se tomaron algunos minutos de descanso- la banda decidió cerrar bien arriba con algunas de las mejores canciones de su repertorio, coincidentemente, también sus hits. El comienzo de la segunda y más breve parte del show fue “Al respirar”, una canción triste y agridulce en la que Pucho pide, aúlla, “respirar tan fuerte que se rompa el aire”. Después de los merecidos agradecimientos, dieron comienzo a la fantástica “Lo que te hace grande”, que motivó una extracción de las últimas energías del público para sumarse a un nuevo pogo. Para la última canción del set, “La cuadratura del círculo”, la banda sumó una GoPro al señor bidón, que sería retirada para que el tecladista Guillermo Galván lo usara de instrumento de percusión una vez más.

Vetusta Morla trajo un show contundente a Buenos Aires, que tuvieron la oportunidad de perfeccionar en su tierra natal, y por esto estamos agradecidos. Sin bajar los ánimos en ningún momento, pero manteniendo la humildad y la diversión, aún las canciones más nostálgicas y melancólicas del repertorio del grupo fueron una fiesta para el público porteño. Y nos quedamos con ganas de que el show se repita por una cuarta vez en nuestras costas.