Graveyard es una banda demasiado buena como para ser recibida en la capital española con un sonido tan deficiente como el que sufrimos en la Sala Arena de Madrid la noche del 16 de mayo. Llevo horas dándole vueltas a la cabeza a lo que me ha supuesto una gran desilusión: la de ver a una de mis indiscutibles bandas favoritas en mi ciudad, en sala, y junto un gran grupo de fieles, con un sonido horrible. La sala, hasta la bandera, pero ni parte de los asistentes eran tan fieles, ni el espacio estuvo a la altura de la música. A continuación, intentaré reproducir cada una de mis vivencias en esta personal crónica de Graveyard en Madrid.

cronica de graveyard en madrid

En principio, la organización no esperaba tanta afluencia de público. Me he hartado de recomendar al grupo tras descubrirlo hace algunos años, y muy poca gente los conoce. Muchos entonces caen rendidos a su música. El año pasado arrasaron en el festival Azkena Rock, dejando con la boca abierta a curiosos y fans. Demostraron que su directo es arrollador, y que incluso Joakim Nilsson y su forzada voz estaban a la altura de las maravillas que hacen en estudio. Supongo entonces que mucho tuvo que ver el boca a boca para que se vendieran tan rápido las entradas para el concierto de Madrid, provocando un consiguiente cambio a una sala de mayor aforo -de El Sol a la Sala Arena-. El sonido de la primera es mucho mejor que el de la segunda, y su ambiente era infinitamente más apropiado para Graveyard. El cambio sentó peor de lo que yo esperaba.

En favor de la mucha gente que no tenía conocimiento del cambio de emplazamiento, el show se retrasó, según nos dijeron en la puerta, de las 20:30 a las 21:15. Para los que llevábamos esperando allí ya una hora, esperar otra más a que el concierto comenzara no fue plato de buen gusto, pero todo sea por no dejar a nadie fuera con la entrada en la mano. Entendible pues que el grupo no empezara a tocar hasta pasadas las 21:30. Para entonces, el agobio en las primeras filas comenzaba a ser insufrible. La impaciencia del público se traducía en continuos silbidos, y el emplazamiento parecía un horno.

IMG_9146Graveyard saludaron al público entre humo y el sonido de una sirena. Aparecían vestidos como en las fotografías promocionales, luciendo los mismos bigotes. La imagen que tanto gusta de un grupo setentero como ellos les ayudó a ganarse al público desde el inicio, atacando con las brutales "An Industry of Murder", "Hisingen Blues" y "Seven Seven", una tras otra, sin pausas. En aquella zona, la más cercana al escenario, las guitarras apenas se escuchaban; bajo y batería parecían uno, y la voz de Joakim era la definitiva protagonista, muy por encima del resto de elementos. Aquello no sonaba bien, pero el grupo continuó con su habitual show de penumbras, poses enigmáticas y psicodelia. El público aplaudía, pero se percibían comentarios acerca del mal sonido de las guitarras.

Decidí asentarme junto a la mesa de sonido en busca de un sonido mejor, sin éxito. El calor y exceso de gente en el foso de la sala hacían del concierto algo muy incómodo. "Slow Motion Countdown" se dejó escuchar, dado su temple más relajado, pero de vuelta a sus canciones más pesadas, como "Ain't Fit to Live Here" o "Buying Truth (Tack & Förlåt)", el recital se convertía en una bola de distorsión y excesivos graves, lejos del sonido latoso y analógico de sus discos. Por suerte, tengo la certeza de que el grupo es capaz de hacerlo perfectamente gracias a mi anterior cita con ellos, pero anoche, culpa de la sala o de los encargados del sonido, Graveyard estuvieron a mil millas de sonar bien.

Todas esas líneas de guitarra desdobladas, con gran sensibilidad componen y graban, se perdían bajo el exceso de voz, bajo y batería, estropeando grandes espectáculos como el de la creciente "Granny & Davis". Para entonces, un servidor se había situado un poco más atrás, donde el público dedicaba su tiempo a charlar sobre otros menesteres, haciendo oídos sordos al concierto. Tampoco era difícil, dado que desde la parte central de la sala, apenas podíamos escuchar a la banda de lo excesivamente bajo que era el volumen y lo atronador de los bajos.

Aun con todo ello, uno se ve obligado a aplaudir a Graveyard. Su sangre fría, sobre el escenario, les da una imagen tan misteriosa, sombría e imponente, que enamoran. Su batería minimalista, los instrumentos de estética retro y el carisma inherente de Joakim Nilsson les convierte en carne de fotógrafos. Además, para mal o para bien, de la complicada y estridente voz podíamos dar buena cuenta gracias al desequilibrado volumen de la misma.

IMG_9158Tampoco fue un concierto demasiado largo. Tras una hora la banda se despedía con "Goliath", primer single de su más reciente Lights Out, que como todas, fue coreado por los presentes hasta la saciedad. Volvieron para un rápido fin de fiesta con "The Siren", "Endless Night" y "Evil Ways", llevándome otro chasco con la primera de estas. Uno de los pasajes más bellos de su repertorio para el que el público parece no tener paciencia, gritando y silbando sin parar ensordeciendo una canción delicada y atmosférica. Por otra parte "Endless Night" e "Evil Ways" épicas, muy grandilocuentes y acelaradas, una buena despedida que ni de lejos consiguió endulzarme el agrio sabor de boca que el mediocre sonido me provocó.

"Otra vez será", me repito una vez tras otra desde que salí anoche de la Sala Arena. No he perdido la certeza de la genialidad de Graveyard, y es lo importante. Habrá más salas, otro público, y otro sonido. Con una buena acústica, esto hubiera sido algo cercano a un concierto perfecto, pero otra vez será.

Setlist:

  1. An Industry of Murder
  2. Hisingen Blues
  3. Seven Seven
  4. Slow Motion Countdown
  5. Ain't Fit to Live Here
  6. Buying Truth (Tack & Förlåt)
  7. Uncomfortably Numb
  8. As the Years Pass by, the Hours Bend
  9. Granny & Davis
  10. Hard Times Lovin'
  11. Thin Line
  12. Goliath
    Bis:
  13. The Siren
  14. Endless Night
  15. Evil Ways

Graveyard en Madrid by Edgar Carrasquilla on Grooveshark