Una reciente polémica envolvió al megahit “Somebody That I Used to Know”, del australiano Gotye. El cantante decidió usar “Seville”, del brasilero Luiz Bonfá, en su canción. El problema pasó por no dar el crédito –y por ende, los dividendos- al músico (en este caso, al estar fallecido las ganancias irían a parar a sus herederos). Después del clásico baile judicial, Gotye, que nunca negó los orígenes de la canción, debió pagar lo correspondiente. Esto es un comportamiento habitual en la industria de la música, pero para nosotros sirve para revisitar la polémica del sampling, que tanto amor y odio ha generado, sobre todo en las últimas tres décadas.

polemica del sampling

El sampling es, en la música, tomar una muestra (de ahí viene la palabra “sample”) de una canción previamente grabada, para usarla como un instrumento en una composición diferente. Así, las notas de “Seville” se terminaron transformando en el pegadizo comienzo de “Somebody That I Used To Know”, encontrando un éxito inusitado años después de su lanzamiento. El uso de samples en la música es habitual, y grandes artistas como Daft Punk se han especializado en su utilización. Sin embargo, a veces el sample puede ser casi irreconocible –apenas algunas notas repetidas una y otra vez en loop- y en otras, lo que es peor, es no reconocido por los artistas que usan una muestra. En este caso, el sample se transforma en plagio.

Derechos de autor

Ya podemos ver para qué lado va la polémica del sampling. No en realidad por el plagio –ese es un asunto completamente diferente, y habla de la carencia de creatividad de los artistas que lo hacen- sino por el uso del material que pertenece a otra persona. Y en este caso, nos estamos metiendo de lleno en el tema de los derechos de autor. Tenemos, creo, tres posiciones en este caso. Por un lado, aquellos que hablan de una violación a dichos derechos de autor en el caso del sampling. Están quienes, por otro lado, no se oponen desde un punto de vista legal sino desde una perspectiva más bien musical: si estamos usando trabajo de otra persona, ¿qué queda del trabajo actual? ¿Dónde está la originalidad? Finalmente, la tercera posición es más optimista y trata de ver el sampling como una reformulación del trabajo de otros artistas. Me encuentro dentro de esta tercera posición.

Tomemos por ejemplo el Ulises de James Joyce. Muchos consideran que es la obra maestra del siglo XX. Las andanzas del moderno Odiseo del irlandés se trasladan a su tierra natal, siguiendo una herramienta literaria, el paralelismo. El personaje principal de Ulises, Leopold Bloom, es el equivalente a Odiseo en la obra de Homero. Molly Bloom es Penélope, mientras que Stephen Dedalus es Telémaco. La obra es revolucionaria en muchos sentidos, que no ampliaremos aquí. Pero está tomando la obra de otra persona, de una época diferente, para adaptarla a una época moderna. Es la obra cumbre del modernismo y, como las canciones sampleadas, también generó su buena dosis de controversia en la década del ’20.

Ya que estamos hablando de historia, repasemos entonces la historia para poder comprender un poco mejor la polémica del sampling. Los primeros desarrollos se producen aproximadamente en la década del ’60, con los primeros músicos experimentales. En esta oportunidad, los discos de vinilo eran manipulados en loop para obtener sonidos diferentes, inspirando variados movimientos artísticos. El sample continuaría teniendo una presencia algo así como secundaria en las décadas siguientes, pero realmente experimentaría un verdadero boom con el hip hop. Antes de eso, la música popular tenía sus buenas dosis de samples, cuyos heraldos fueron los DJs de música disco. En los años ’70, tanto el hip hop, la música electrónica y la música disco contienen los principales ejemplos de samples en grabaciones. Hoy en día, el sampling se realiza de forma generalmente digital, aunque todavía existen los puristas que lo hacen a través de bandejas.

Lo nuevo a partir de lo viejo

Pues bien, volviendo a nuestra controversia. Hablábamos de tres posiciones fundamentales. Repasaremos primero la legal. Es una cuestión de permisos: muchos artistas que usan samples no piden autorización a los artistas originales. En su primer momento, los músicos experimentales que comenzaron a trabajar con samples tuvieron algunos problemas dado que no pedían autorización. En el caso del hip hop, en los comienzos de los usos del sample y el scratching, la realidad es que el permiso prácticamente no era necesario, pues su uso estaba reservado a las fiestas. El problema sobrevino cuando el hip hop, y con él, el sampling, llegaron al mainstream a mediados de los ’80.

Muchos de estos problemas estaban relacionados con el uso de canciones que no fueron acreditadas en los datos del autor. La creatividad de los artistas del hip hop se vio coartada por una inclemente ley de derechos de autor que castigó fuertemente esta conducta. Uno de los casos más controversiales y emblemáticos es el de Gregg Gillis, más conocido como Girl Talk, el artista del sample y el mashup. Creando canciones únicas en base a porciones de otros temas, Gillis se va de gira con su show sin necesidad de haber creado una nota original en sus canciones. Y, al mismo tiempo, creando obras completamente diferentes. ¿Es un crimen? La industria discográfica considera que sí.

Girl Talk es básicamente un productor que realiza remixes a través de la técnica del mashup. En sus canciones, aproximadamente una docena de samples son usados para crear una composición única. No cualquiera puede hacerlo, es importante pensar esto: requiere de un talento especial. Mientras algunas publicaciones, como The New York Times, se concentraron en las implicancias legales de las canciones –e incluso Gillis habló en cierto momento de abandonar su carrera debido a los problemas legales producidos por sus discos-, Girl Talk defendió sus composiciones basándose en el uso justo –que, en la ley de Estados Unidos, permite el uso de material con copyright sin obtener el permiso de sus autores originales, y que normalmente aplica para realizar comentarios, críticas y demás.

Girl Talk

Las canciones de Girl Talk no se parecen en nada a las canciones de las que toma sus samples. De hecho, son tantas que si nos tomamos el tiempo para reconocerlas, nos perdemos de su música. En All Day, su último disco de estudio de 2010, Girl Talk usó 374 samples de canciones pertenecientes a artistas tan disímiles como Devo, 50 Cent y a-Ha. Si bien la mayoría de los artistas del sample no llega a estos límites, imaginemos un juicio por derechos de autor hecho al productor. Sería demasiado.

La música zombie

La segunda posición fundamental está relacionada con la calidad musical de los artistas que usan el sample. Simon Reynolds, en un ensayo publicado en Generation Ecstasy: Into the World of Techno and Rave Culture (1998), habla en profundidad sobre las características del sampling, pero selecciono un párrafo en particular que llama la atención:

La sampladelia (así es como Reynolds habla del sampling, o en realidad a una particular expresión del mismo) es música zombie: sonido muerto y reanimado como el zombie (un cadáver haitiano reanimado por un hechicero vudú, que adquiere una semi vida de robot, y luego es utilizado como esclavo). Beats, gritos y riffs incorpóreos –nacidos de aliento y sudor humanos- son viviseccionados de su contexto musical y luego literalmente galvanizados. (Cuando se descubrió la electricidad, los médicos electrocutaban cadáveres y hacían que sus miembros se movieran, para el entretenimiento macabro del público). Los primeros sampleos de hip hop eran como el monstruo de Frankenstein: miembros desanimados crudamente atornillados, las puntadas claramente audibles. Con su carácter cuasi orgánico, “sin costuras”, la sampladelia de hoy es más como la quimera, el monstruo mítico compuesto de partes de diferentes animales. Su cualidad quimérica se compara con efectos de video digital como el morphing, por el cual las caras se transforman unas en otras imperceptiblemente y los cuerpos humanos se distienden y mutan como animaciones de Hanna-Barbera.

Reynolds está quitando las capacidades creativas del sampling, sus aspiraciones. Pero sus críticas están enraizadas en una creencia fuerte de que la originalidad está completamente ausente del sampling. El crítico se está concentrando en la carencia de contexto que tiene el sampling, una muestra que es ubicada en otro ambiente, y al ser removido de este contexto, la pérdida del toque humano que tienen estas canciones. Al mismo tiempo, está marcando la muerte de la música en el mismo momento en que se separa de la mente del artista. Cuando en realidad, la música es un organismo vivo, generado y que genera al mismo tiempo.

Sin embargo, es interesante la comparación de Reynolds del sampling con la quimera. Podríamos decir que acertada. Habría que analizar, claro está, la negatividad que se siente en esta polémica del sampling. Más allá de cuestiones legales, ¿estamos frente a un parate en la música? ¿Es realmente nocivo que los artistas tomen canciones de otras personas para generar material propio? ¿O es simplemente otras de las expresiones que tiene la creatividad humana? Se ha dicho muchas veces, también por el mismo Reynolds, que la música pop actual carece de creatividad e innovación, que estamos atrapados en un loop permanente del cual el sampling es un exponente literal y metafórico.

El sampling es también parte de una cultura mucho más grande que afecta no solamente a la música. Trataremos entonces de ubicarnos en una posición intermedia entre todas estas. Si bien me inclino más bien a favor del sampling, también se puede decir que solamente debería ser aceptado cuando los autores originales de las canciones son reconocidos como inspiración o también como autores, como suele suceder. Caso contrario, nos encontraremos en un caso de plagio. De ahí a hablar de la carencia de creatividad, de “vida” dentro de las canciones que usan sampleos, como afirman los amantes de la polémica del sampling, hay una distancia enorme. Un abismo.