Decir que Laura Marling es una de las voces más importantes del folk actual en Gran Bretaña no es estar exagerando. Es simplemente la voz de todo un movimiento, acompaña quizás en parte por Noah and The Whale y otras bandas representativas, que toman la clásica música inglesa y la trasforman en algo más pop y digerible. Poco de esto se puede decir sobre Once I Was an Eagle, su cuarto trabajo discográfico, que la encuentra más oscura y deliciosa que nunca. Es el trabajo más difícil de entender de Marling, pero al mismo tiempo el más completo, el más profundo, el más desgarrador. En nuestra reseña de Once I Was an Eagle, veremos cómo Laura Marling nos vuelve a sorprender con una madurez inusitada.

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De nuevo con Ethan Johns en la cabina de producción, Marling nos entrega una propuesta mucho más complicada y diferente a la que pudimos apreciar en su trabajo anterior, A Creature I Don’t Know. En esta oportunidad, se refugia en instrumentos diferentes, sin perder la sensibilidad de su guitarra o el poderío de su voz. También nos entrega letras confesionales con coherencia sorprendente para sus 23 años de edad, que no será revelador para quienes la vienen siguiendo desde hace tiempo. Aún en su primer disco, Alas, I Cannot Swim, el encanto de Marling residió en sus letras, como bien sucede en la tradición folk.

En Once I Was an Eagle, desde el título podemos apreciar que se tratará de un esfuerzo nostálgico, una oda al pasado feliz y poderoso, desde un presente que no está tan mal pero que puede ser dudoso. Sonoramente, Marling incorpora algunos instrumentos de la India, con los que también había coqueteado en su trabajo anterior, pero también hay algo de espontaneidad. El disco se grabó en el transcurso de diez días, y las voces y guitarras se hicieron en una única toma. Lo que no quiere decir que sea de alguna manera desprolijo, dado que el trabajo de Johns, como siempre, es impecable. Muchas de las canciones están entrelazadas, dándole al disco una especie de concepto en el trasfondo.

Este concepto hace que Marling declare que se trata del disco más sencillo que ha escrito. Tenemos que estar en desacuerdo. I Speak Because I Can, con toda su magia, no acaba con la potencia que se encuentra presente en el subtexto de esta canción. La línea conductora de estas canciones es una figura central que reniega de la inocencia y del amor, pero que durante el transcurso del disco recibe una especie de segunda inocencia. Durante la primera mitad del disco, encontramos las canciones más nostálgicas, más oscuras, mientras que las más esperanzadoras, que aún así no pierden este toque de oscuridad, se encuentran presentes en la segunda mitad.

Las primeras cuatro canciones fluyen juntas y son ciertamente el punto más alto del disco. “Take The Night Off” es un comienzo ominoso en el que Marling desata toda su amargura. Con un poco más de nostalgia, y amor perdido, llega “I Was an Eagle”, una canción verdaderamente desgarradora, un punto intermedio entre la dulzura y el dolor, donde el sabor amargo de la pérdida de la inocencia se siente por completo. Completamente ligada se encuentra “You Know”, donde Marling se ubica como una pieza de conocimiento. Con una instrumentación que recuerda a las canciones típicas de la India, y con una melodía muy similar a la canción previa con la que está entrelazada, “Breathe” es quizás un canto donde Marling se envalentona a seguir respirando.

El sencillo que pudimos escuchar por primera vez es “Master Hunter”, donde la percusión se lleva una estrella dorada. Y donde Marling, quizás, hace algunos intentos bluseros con su guitarra, y habla de cazadores, animales, y bestias, un concepto que se irá repitiendo durante el disco. Además, quizás riéndose de su primer disco, afirma que ya no mira fijo el agua. Ha curado su piel para que nadie pueda volver a penetrarla. Esta amargura y la figura del maestro se vuelve a repetir en “Little Love Caster”, donde habla de un hombre malo y de un hechizo de amor que se termina.

En una de las canciones más movidas del disco, y que recuerda a esfuerzos como “Rambling Man” y “Ghosts”, “Devil’s Resting Place”, Marling vuelve a repetir este concepto de la amargura y el agua que no puede limpiar, con una percusión fuerte y casi tribal. “Interlude” es, como bien indica su nombre, un esfuerzo instrumental que sirve de separación entre los dos lados del disco, esta nueva llegada de la inocencia que se representa por tibias composiciones en cuerdas.

La segunda mitad del disco comienza con “Undine”, donde Marling habla sobre el amor de una ninfa marina, el espíritu elemental del agua. Aquí, Marling le pide que le devuelva la inocencia, pero cuando afirma “you cannot love me”, también deja entrever esta cierta amargura. La segunda mitad, que se siente más débil que la primera, sigue con “Where Can I Go?”, en la que Marling se pregunta quién la llevará a casa, dónde encontrará ese lugar donde finalmente podrá parar. En “Once” se lamenta por su corazón oscuro, casi ciego, y dice que una sola vez es suficiente para romperla, para hacerla pensar dos veces en otorgar su amor. A pesar de lo deprimente que puede sonar esa descripción, Marling logra hacer una canción encantadora, acompañada con una instrumentación austera y tan elegante como su voz.

“Pray for Me” es un canto a la ilusión, o mejor dicho, al engaño de la ilusión, mientras se pregunta por el regreso de su familia, de su amor, y se lamenta por el engaño del diablo, una figura importante en las canciones folklóricas que Marling reinterpreta ingeniosamente en un contexto contemporáneo. En la canción con el título más deprimente de todo el disco, “When Were You Happy? (And How Long Has That Been?)”, una suave introducción con guitarras y percusión, Marling introduce el nuevo amor, un nuevo amigo que se encuentra del otro lado del mar, y recita las líneas rápidamente, tan rápidamente como puede moverse el arpeggio de la canción.

En “Love Be Brave”, este nuevo amor ha florecido en un mundo donde es muy fácil perderse, dice. Pero también se preocupa por la continuidad de este amor, la rapidez con la que la vida puede moverse. Con “Little Bird”, el disco adquiere tonalidades un poco más dulces, pero ya estamos llegando al final. Para “Save These Words”, Marling busca la inmortalidad dentro de su propio mundo, y vuelve a confiar en el amor, aunque admite que no es fácil.

Con Once I Was an Eagle, Marling recuerda por qué es el exponente más importante del nuevo folk británico. Aún más que Mumford and Sons, mucho más que Noah and The Whale, Marling logra representar en sus canciones este espíritu. Pero, desde la salida de su primer disco allá por 2008, cuando ella no llegaba a los 20 años, su sonido ha claramente evolucionado para incorporar otros aprendizajes. Así, en sus viajes por la India Marling logró reclutar otra sensibilidad para componer canciones, y ahora puede mechar esto con sus marcas registradas.

7,5/10

Nuestra reseña de Once I Was an Eagle, sin embargo, tiene que notar que este disco de Marling es el más difícil de digerir. Las primeras cuatro canciones, junto con “Master Hunter”, son una excelente puerta de entrada. Pero el disco se demora demasiado en terminar de crear este clima, y cuando llegamos a las tres últimas canciones, que deberían simbolizar este paso a una segunda inocencia, estamos un poco hastiados. Aunque hay que afirmar que el disco resiste una escucha tema por tema, perdiéndose el concepto. Como en todos los elepés, hay canciones más fuertes que otras; en este caso, todas se pueden escuchar al comienzo del disco. Marling es, ciertamente, una de las artistas femeninas más interesantes en salir de Inglaterra en la última década, y merece todo el crédito que recibe.

Fecha de lanzamiento: 27/05/2013
Discográfica: Virgin Records
Compra el disco: en iTunes
Tres canciones destacadas: “I Was an Eagle”, “Once”, “Master Hunter”
Escucha el disco: en Grooveshark y Deezer

Laura Marling Once I Was an Eagle by Bárbara M on Grooveshark