Long Gone Before Daylight – The Cardigans

¿Alguien se enteró de la salida de este álbum, por ahí de 2003? Yo no. Es más, cuando lo descubrí, por pura y mera casualidad en una tienda de discos a finales de 2004, ni siquiera sabía que existía, cosa que me resultó rarísima dada la popularidad del grupo. Sin embargo, en ese momento lo achaqué a que por aquella época llevaba un ritmo de vida bastante desordenado y agitado, por lo que me enteraba de muy pocas cosas. Me llamó la atención la iluminación tenue de la portada, la actitud tranquila pero sutilmente retadora y sugerente del grupo, que hace como que nos está invitando a un banquete muy íntimo y, por qué no decirlo, también el cambio de look de Nina Persson ("¡Ya no es rubia! ¿Será que el cambio de look apunta a un cambio de estilo?", pensé) y sin más lo compré, llena de curiosidad. Y tras apenas haber escuchado los primeros momentos de "Communication" supe que había hecho una sabia inversión y que era una pena que no hubiera sabido antes de ese maravilloso disco.

Me resulta increíble que una joya como Long Gone Before Daylight haya pasado de noche en la escena musical--resulta ser que, igual que yo, la mayoría del público no se enteró de su publicación debido a que el álbum fue promovido poco (y mal, diría yo) por la disquera, mientras que la prensa apenas le hizo caso. En Suecia se hizo de premios importantes y estuvo en el tope de las listas, pero fuera del país de origen de The Cardigans, el disco fue prácticamente ignorado. ¡Auxilio, Señor Justicia!

Long Gone Before Daylight es un discazo de principio a fin. El cambio radical en el estilo de The Cardigans podrá, en primera instancia, sorprender y quizá hasta desconcertar (vaya, que de "Carnival" a este material hay un abismo), pero jamás decepcionar. Lejos quedaron los acordes indiepoperos, los coros y las melodías sesenteras características de los primeros trabajos del grupo; lejos quedó también el sonido electrónico/triphopero de Gran Turismo, pero el espíritu y esencia de este permanecen en la forma de experimentación y cambio de rumbo sonoro, el cual pisa los terrenos del country y del folk, además de coquetear con el rock en un par de canciones.

Esta nueva faceta de The Cardigans se ve reflejada en, y complementada con, una nueva manera de escribir canciones (en este proceso, Nina recibió la ayuda de su esposo, el músico estadounidense Nathan Larson) y describir emociones más sombrías y maduras. Un vistazo a las letras del álbum revela de imediato que Long Gone Before Daylight es como una larga carta, sin restricciones ni tapujos, que Nina Persson le dedica a las relaciones y amores de su vida: a los fallidos ("Communication"), a los que la han marcado con dolor ("And Then I Kissed You"), a los que a pesar de dicho dolor han valido la pena ("For What It's Worth), a los que le han dejado algo más que un mal sabor de boca ("Live and Learn"), a los que mejor hay que dejar en el olvido ("A Good Horse") y también a los que de tan eufóricos son como un campo de guerra ("You're The Storm"). Agréguense a estas letras (que sin dificultad nos dicen algo sobre nuestra propia existencia), melodías tan sencillas como irresistibles y potentes, y el resultado es una verdadera delicia: si las emociones no se cuelan en el escucha en forma de palabras, entonces lo hacen con la música, y viceversa.

Gracias a esa facilidad y a esa franqueza, resulta que sin darnos cuenta ya hemos escuchado el disco varios días sin parar, convirtiéndose en un verdadero clásico personal pero que bien valdría la pena que fuera descubierto y llegara a los oídos de muchos más. Y por ello hay que reivindicarlo y colocarlo en el lugar que tan bien merecido tiene: ¡este es un verdadero must del indie!

Puntuación: 10/10