Með suð í eyrum við spilum endalaust – Sigur Rós

No hace falta escuchar el nuevo álbum de Sigur Rós por completo para percatarse de que los islandeses han cambiado de rumbo para hacer su música. El primer sencillo de Með suð í eyrum við spilum endalaust (With A Buzz In Our Ears We Play Endlessly), "Gobbledigook"--cuyo nombre original era "Gobbedigobb" (o "Clippety-clop") pero que quedó como lo conocemos ahora debido a un error de traducción--, es una muestra clara de que la banda sigue en busca de nuevas maneras de crear. ¿O acaso alguien pensó que Sigur Rós alguna vez recurriría a coros y percusiones tribales? Se trata de una orientación poco predecible, pero que a la vez parece más que lógica cuando se habla de una banda que no ha hecho sino romper esquemas desde la publicación de su primer álbum en 1997.

Með suð í eyrum við spilum endalaust está plagado de incursiones en nuevos terrenos. Lo más notorio, a primera vista, es la brevedad de las canciones que componen el álbum--brevedad, claro está, para los estándares anteriores de Sigur Rós, quienes por primera vez presentan tracks con una duración "promedio" de tres a cinco minutos. Las excepciones son las épicas "Festival" y "Ára Batur (Row Boat)", lo más cercano al material anterior del grupo.

Otra señal de renovación es el proceso de grabación (bajo la producción de Flood) en sí, durante el cual la banda trabajó por primera vez fuera de su natal Islandia en puntos del globo tan variados como Nueva York y La Habana, hecho que sin duda se ve reflejado en los nuevos paisajes, sonidos y texturas presentes en el disco en la forma de temas alegres como "Við spilum endalaust (We Play Endlessly)" o la magnífica y jubilosa "Inní mér syngur vitleysingur (Within Me A Lunatic Speaks)", sin duda el mejor ejemplo de este nuevo paso en la carrera de Sigur Rós.

A estos cambios se añade "Íllgresi (Weeds"), en la que la banda se desnuda por completo para ofrecer una pieza en la que la voz de Jónsi Birgisson y una guitarra acústica son los únicos protagonistas. ¿Un cambio más? "All Alright", la cual cierra el disco y representa la primera incursión del grupo en el uso del inglés en sus canciones (¿alguien lo veía venir?).

Así, este es un álbum lleno de nuevos hábitos y primeros pasos, y ello quizá sea la causa de que sea un disco, si no fallido (¡por supuesto que no!), sí algo carente de homogeneidad. La experiencia de escucharlo es igual de placentera que con cualquier álbum de Sigur Rós, simplemente, como sucede con cualquier ajuste, sólo es cuestión de acostumbrarse.

La portada (a cargo del fotógrafo Ryan McGinley) podría resumir a la perfección de qué va el disco: los islandeses han optado por dejar atrás la gravidez y abundancia de trabajos anteriores; han decidido deshacerse de muchas y pesadas capas de densidad sonora para ofrecernos un álbum más ligero (que no superficial), en un estado más natural, más orgánico, más inmediato. Ello no los despoja de su esencia, sino que la refuerza, pues Með suð í eyrum við spilum endalaust sigue siendo un disco con todo el carácter de la música de Sigur Rós, quienes en él se desnudan para ofrecernos una nueva faceta de su creatividad.

E igual que en la portada (que por primera vez la banda encarga a alguien completamente ajeno a ella) con el par de personajes que aún no terminan de atravesar la carretera, los islandeses demuestran que apenas han recorrido una parte del trayecto y que su evolución es un proceso inconcluso, en el que Með suð í eyrum við spilum endalaust es indicador de que, lejos de estancarse en un punto del mapa, se aventuran a cruzar senderos nuevos.

Puntuación: 7.5 / 10