El sueño se cumplió: Kashmir en la Ciudad de México

En uno de los capítulos de la colección de ensayos sobre canciones que Nick Hornby escribió hace algunos años, el escritor mencionaba la importancia de escuchar ciertas canciones a la edad adecuada en el año correcto, pues él está convencido (y yo concuerdo) en que esto les da una dimensión totalmente diferente.

Claro que hay excepciones que confirman la regla. ¿Qué hubiera pasado si Kashmir hubiera venido a México hace 6 años? No puedo adivinar pero creo estar en lo correcto si les digo que los gritos, la euforia, la locura a veces desmedida y la magia presente en el aire no hubieran sido iguales a lo que se produjo en las últimas semanas.

La reacción tal vez fue sorpresa para muchos, especialmente para aquellos miembros del mainstream mexicano acostumbrados a meternos con atizador a una banda. Sin embargo, para aquellos que durante varios años vimos y firmamos las numerosas peticiones en línea para que vinieran, para aquellos que fuimos testigos de la cantidad de personas que no dejaban un sólo día de mandar un mensaje a sus sitios oficiales para pedirles un concierto, para ellos, nosotros, la única sorpresa fue que el cariño fuera correspondido. (Por cierto, va la nota aclaratoria para cierto fotógrafo que aseguraba que la radio los había hecho famosos. No, no fue la radio, de hecho, la radio y la tele y los programas que "promueven" música independiente no los pelaron hasta que estuvieron aquí).

Aquí hago un paréntesis para decir que esta nota está escrita desde la perspectiva de una fan, así que me habrán de perdonar la falta de cualquier imparcialidad periodística. Pero es que cómo podría ser de otro modo si esperamos tanto tiempo. Si aquellos que nos alistamos para estar en primera fila el primer minuto del primer día en el que comenzaron a vender los boletos, no teníamos en la cabeza otra cosa que asegurar nuestro lugar en la primera presentación anunciada para el 12 de marzo.

Vinieron dos fechas más, todas agotadas, pero hasta eso al final tuvimos recompensa. No sólo porque los que asistimos el pasado viernes al Lunario del Auditorio Nacional de la Ciudad de México tuvimos el placer de ver a una banda despojada de cualquier asomo de rockstar y completamente entregada a su público, con la sorpresa todavía fresca de ver que gente al otro lado el mundo conocía y adoraba su música; sino porque además tuvimos el setlist más largo de toda la gira mexicana: 21 canciones, que aún así se antojaron cortas para todos estos años de espera.

Yo creo que hay al menos dos maneras de estar en un concierto. A mi me tocó la de hasta adelante, que aunque no lo crean, también tiene sus defectos. Por un lado, la emoción no se compara, los gritos no paran, se siente la energía contagiosa de aquellos que esperaron bajo el sol varias horas y se puede apreciar cada gesto de agradecimiento de Kasper y compañía, las sonrisas que imparables aparecían al término de cada canción, las ganas con las que tocaban los temas que seguramente ya tienen un poco demasiado ensayados (por aquello de que llevan años tocándolos).

La parte fea estuvo en los gritos de la gente. Francamente, había momentos en los que sentía que había pagado para escuchar a los tempraneros, a las que gritaban a todo pulmón en la parte de atrás y a los que al lado de mi repetían sin cesar el "¡no mames guey!", en lugar de a la banda. ¿Mala sonorización? No, en realidad yo creo que si bien el sonido estaba un poco bajo, el problema eran los gritos excesivos, algo a lo que presiento no están tan acostumbrados estos daneses.

En fin, además de este detalle, sobra decir que fue un concierto perfecto, pues ni el grupo ni la audiencia lo dejaron caer un sólo momento. Detalles hay muchos, como cuando Kasper comenzó a lanzar dulces al público para agradecer la dulzura con la que los habían tratado. También está la manera en cómo el frontman puso a todos a aplaudir, mover los brazos al compás de la música, cómo le permitió tocar su guitarra a uno de los que estaban hasta adelante casi al final del concierto; las anécdotas que contaron sobre su viejo y ya desaparecido estudio, Petite Machine; la cara permanente de enojo de Mads que al final descubrimos era sólo apariencia, pues estaba encantado de estar ahí; las instrucciones en danés y los tamborazos certeros de Asger, la maravilla multi-instrumental y discreta que es Henrik Lindstrand y la broma de Kasper sobre que estaba seguro que nadie conocería "Petite Machine".

Porque el setlist se basó principalmente en el Zitilites, ese disco que volvió fans a muchos simplemente porque fue el único que se vendió en edición nacional. Temas como "The Aftermath", "In the Sand", "Big Fresh", "Ruby Over Diamonds", "Melpomene" y en especial "Petite Machine" y "Surfing the Warm Industry", fueron de las más coreadas por la audiencia.

Pero también destacaron "Kalifornia", canción con la que el cuarteto abrió la noche;"The Cynic", la no tan aplaudida pero igual de buena "The Curse of Being a Girl" y por supuesto "She´s Made of Chalk", uno de los sencillos de su producción del 2005, No Balance Palace.

La banda también se dio tiempo para presentarnos algo del nuevo material. Sonaron sus dos primeros sencillos "Mouthful of Wasps" y "Still Boy", además de la que sin duda alguna es mi canción favorita de esta placa "Mantaray", todas con muy buena aceptación por parte de los presentes. La que menos prendió fue "Bewildered in the City", lo que es una lástima porque de hecho es uno de los grandes temas de este disco. Por cierto, Kasper la presentó como una melodía de amor hacia una ciudad (en este caso Nueva York, donde la agrupación grabó parte de este disco), pero aclarando también que podía ser para cualquier cosa o persona.

Finalmente, la banda nos brindó algunos temas viejos como "Miss You", que para mi sorpresa fue uno de los más coreados de la noche, además de la fabulosa aunque sumamente triste y controversial "Lampshade". También nos regalaron dos melodías viejísimas, pertenecientes a sus dos primeros discos "Vote 4 Dick Taid" y "Leather Crane".

Y no, no se me olvida, pero la quise dejar hasta el final. Porque la historia de esta noche, la de aquellos que los conocieron gracias a su video programado en las madrugadas de MTV, la de los que esperaron impacientemente por casi 6 años y abarrotaron por 3 noches el Lunario; esa historia comienza con el track con el que cerraron su primer encoré "Rocket Brothers". En lo personal no es la canción que más me gusta de ellos pero sí fue la que los dio a conocer y la que sin duda alguna recibió las más esforzadas ovaciones el pasado viernes.

Así, luego de una larga, larguísima espera, de meses de duda, incertidumbre, de constantes mensajes en Twitter, así llegó y se fue la tan ansiada cita entre daneses y mexicanos. Una cita que esperamos podamos repetir, aunque por ahí dicen que nada le gana a la primera vez. ¿Valió la pena la espera? Absolutamente sí.