Reseña: ‘Trespassers’ – Kashmir

El tiempo. Con él medimos nuestros días y horas, los acontecimientos más importantes de nuestra vida, con él intentamos darle dimensión a nuestra existencia. Por ello, no es extraño que nos perturbe, especialmente si ya has sobrepasado los 30 años de vida y tienes una carrera musical de 2 décadas sobre tus hombros.

Es de hecho, el tiempo, una de las grandes obsesiones de Kasper Eistrup en el nuevo disco de Kashmir, un disco por el que sus impacientes fans tuvimos que esperar cinco largos años.

Trespassers es, además, el viaje inaugural hacia la vida de adulto, esa que el rock siempre ha tratado de evitar pero que en algún punto nos alcanza a todos, lo queramos o no. Tal vez por lo mismo este es un disco serio, aunque no solemne, con un sonido bastante familiar, en el que la banda ha mezclado algunas influencias alternativas con lo más rápido y movido del Zitilites y la parte menos sombría del No Balance Palace.

La placa está dividida en dos partes. La primera, más comercial, incluye todos los posibles sencillos, mientras que la segunda se va un poco más por el lado de la experimentación, utilizando cuerdas y artilugios para crear un sonido más espeso que requiere de varias escuchadas para poderse digerir.

La parte más ligera de la producción arranca con el primer sencillo, "Mouthful of Wasps", un tema pegajoso, de sintetizadores omnipresentes y en el que Kasper pide dejar atrás los miedos y decir las cosas con la honestidad por delante.

A éste le sigue "Intruder", una de las canciones que el vocalista escribió durante su exilio de dos semanas en una cabaña sueca, en la que se encerró sin internet o teléfono celular para buscar inspiración y evitar las distracciones. Ésta es una melodía de influencias electrónicas y obscuridad escandinava en la que se hace presente la obsesión por el tiempo y la necesidad de aprovecharlo sabiamente antes de que una intrusa llamada muerte venga a robárnoslo.

Los siguientes dos temas retoman el eterno y siempre explorado terreno amoroso, aunque con diferentes resultados. Por un lado tenemos a "Mantaray", una de las mejores canciones de la producción en la que el músico pide dejar los juegos a un lado para compartir una dicha momentánea.

"Pallas Athena", por otra parte, es más experimental, con sólo dos minutos de duración, pianos, sintetizadores y un par de versos llenos de una voz distorsionada con deseos amorosos que finalmente no acaba de cuajar, dando como resultado un simple intermedio para dos de los mejores temas de este disco.

El segundo se llama "Still Boy" y es probablemente el más digerible de la placa: rockero, movido y con una batería precisa y contundente. En él Kasper examina de nueva cuenta el tiempo, esta vez desde la perspectiva de un apático que no sabe si seguir adelante o quedarse en donde está, mientras el reloj sigue incólume su marcha, robándonos los segundos y haciéndose cada vez más ligero.

Así llegamos a la segunda parte del álbum, la más experimental, que empieza con otra gran joya llamada "Bewildered in the City", dedicada a la ciudad de Nueva York, lugar en donde fue grabado parte del disco y al que Kasper también acudió en busca de inspiración. El resultado es una especie de banda sonora de seis minutos de duración, en la que las cuerdas hacen su aparición gracias a la brillante conducción de Henrik Lindstrand, quien casualmente (o no tanto) se dedica a componer soundtracks en su tiempo libre.

A ésta le sigue el que en mi opinión es el peor tema del disco, "Pursuit of Misery", pues a pesar de sus inclinaciones rockeras, es denso a más no poder, con una letra bastante obscura y de difícil comprensión. Las cosas mejoran un poco con "Time has Deserted Us", en el que las fuerzas exteriores son mencionadas de nueva cuenta, acompañadas por una melodía a medio tiempo bastante cumplidora.

Casi al final aparece "Danger Bear", una balada a piano con magníficos arreglos de cuerdas que finaliza abruptamente, como para recordarnos que la vida termina de ese modo, sin aviso ni explicación. Así llegamos al final, no sin antes escuchar "The Indian (That Dwells Inside This Chest", una canción que inicia con una siniestra y obscura guitarra y finaliza con una triunfante sección orquestal, proveyendo así un cierre de proporciones épicas.

¿Es este un buen disco? Por supuesto que sí. Tal vez el problema es que no supera a ninguno de sus dos álbumes anteriores, ni arriesga mucho en su conjunto, pero en términos generales es un álbum trabajado, cimentado por la cada vez mejor voz de Kasper, la solidez del talentosísimo Henrik y la capacidad interpretativa de Mads y Asger.

8/10

Lo que escuchamos en Trespassers es a una banda en perfecta sincronía, obsesionada con el tiempo y en todo el esplendor de su adultez. Para aquellos que ya son fans, este disco resultará sumamente disfrutable, pues es Kashmir en su mejor forma. En el resto del personal sin duda dividirá opiniones, pues no es una producción contundente, más bien cómoda y por momentos tambaleante, que pierde en comparación con glorias anteriores. Al final, podríamos considerarla como una especie de intermedio entre la juventud y la madurez, un punto luminoso en la brillante trayectoria de un grupo que esperamos siga brindándonos alegrías por muchos años más.

Fecha de lanzamiento: 2010
Disquera: Sony Music
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Descarga el disco: En la web