Dënver: «La tecnología no se detiene ante ningún romanticismo»

Invocando un reflector sobre el under latinoamericano y ganándose una gran etiqueta de "revelación", el dúo Dënver logra consolidar su segunda placa de estudio (sucesora de Totoral, de 2008) como uno de los trabajos hispanoparlantes más coloridos de este 2010. Los chilenos acaban de lanzar Música, gramática, gimnasia, una odisea de pop electrónico asistida por el productor Cristián Heyne. En su camino por resucitar los ochentas europeos (y al mismo tiempo no dejar de hacer canciones que sirvan de postales de los paisajes que los vieron crecer), Milton Mahan y Mariana Montenegro se detuvieron a hablar con Cuchara Sónica.

Aunque ya tenía un disco en su haber, Dënver es para muchos un descubrimiento de este año. Por ello podríamos arrancar con un poco de historia... ¿cómo surgió el dúo?

Milton: Surge en San Felipe por el 2005, aproximadamente. Mariana colaboraba en los teclados en otra banda que tenía en ese entonces. Después de que la banda se disolvió, nos seguimos juntando para ensayar temas (para algún día, quizás, hacer un proyecto en banda) y sin siquiera tener un show armado un chico nos invitó a una tocata. Nos dimos cuenta de que podía funcionar hacer algo en dúo aunque en ese entonces sólo tuviésemos un teclado y una guitarra. Después de grabar un EP, salimos del colegio y nos vinimos a Santiago. Acá se dio la oportunidad de grabar Totoral, y empezamos a meternos un poco más dentro de la escena.

¿Cuáles son sus influencias? ¿De qué manera creen que las han asimilado y plasmado en su material?

MM: Las influencias son muchísimas, tantas que incluso a veces no somos conscientes de todas las que hay. En cuanto a sonido, para este disco queríamos hacer algo medio ABBA, sobre todo como The Visitors… intentar llegar a la calidez de ese sonido de principios de los ochenta. Siempre nos gustaron los muros de sonido que lograban llenando de arreglos sus canciones.

Nos ha influido mucho la literatura, creo que hemos sacado de José Donoso parte de la perversión adolescente que puede verse en libros como “Casa de campo” o “Este domingo”. También algo de Adolfo Couve, ese sentimiento anacrónico que parecen tener sus textos – de hecho “Cartagena” es una clara alusión a como este escritor se recluyó en ese balneario a crear gran parte de su obra.

Su más reciente álbum es Música, Gramática, Gimnasia. ¿Qué desafíos se propusieron en este segundo largo? ¿Qué evolución han notado ustedes mismos?

MM: Lo primero que queríamos era desligarnos un poco de las bases y poder hacer cosas con instrumentos reales: entonces era todo un desafío armar las maquetas, las cuerdas, escribir los arreglos y seguir con pasarle las partituras a los músicos, dirigirlos, tratar de explicarles la intención que se tenía, etc. Todo eso era complejo por ser nuevo para nosotros, pero sin duda fue divertido, una experiencia muy enriquecedora. Además, creo que nos interesaba que el disco tuviese más coherencia que nuestros trabajos anteriores y creemos que en eso el rol de Cristián Heyne fue súper importante.

¿Cómo reclutaron a Cristián para la producción? ¿Él les ayudó a decidir el sonido que querían lograr en cada canción, o cuando entraron al estudio ya sabían qué querían hacer con cada tema?

MM: Grabamos algo así como 14 canciones, que fueron las maquetas del disco, y se las presentamos a Cristián, las oyó y aceptó. A partir de esas canciones comenzamos a trabajar. Nos pusimos a oír varios discos para intentar llegar al sonido que queríamos. Si bien teníamos un poco claro como queríamos sonar, una vez que te enfrentas a la mezcla la cosa cambia, te vas dando cuenta que en verdad es imposible sonar como uno quiere, uno suena como puede, pero de todas formas quedamos bastante conformes con el resultado final.

¿Cómo funciona lo de trasladar sus canciones del disco a los conciertos? ¿Piensan en ello cuando están en el estudio? ¿Tienen músicos que los acompañan en él o graban todo ustedes solos?

MM: Esa es una pregunta que mucho tiempo nos hicimos. Finalmente optamos por verlas como cosas completamente distintas. El disco es un registro que queda para la posteridad, así que preferimos no detenernos en las cosas que se nos vayan ocurriendo sólo por pensar en cómo haremos luego. Creemos que el show en vivo es finalmente como una obra de teatro: una representación, en la medida en que se puede, del disco. Además está bueno hacer otras versiones de nuestros temas para los shows. En vivo tenemos una banda base que es de batería, guitarras, sintetizadores y bajo. Ahora queremos empezar a incluír arreglos de bronces y cuerdas, pero la idea es también ir haciendo distintas presentaciones, así además sorprendemos a la gente que nos va a ver y a nosotros no se nos hace tan monótono tocar. En cuanto a cómo lo grabamos, la mayoría de las cosas las hicimos nosotros.

El video de "Lo que quieras" es una excelente carta de presentación para la obra. ¿Cómo fue realizado? ¿A quién se le ocurrió su extraño concepto?

MM: ¿Extraño? ¿Por qué? Bueno, al video lo dirigí yo junto con Bernardo Quesney, y fue completamente gestionado por nosotros y los chicos de cellar.cl. A mí me interesaba primero hacer un video donde se pudiera mostrar San Felipe y que el paisaje y los grandes planos generales jugaran un rol importante, así que la geografía de esa zona era perfecta para eso. Quería hacer algo medio Two-Lane Blacktop (una peli de Monte Hellman que me encanta), pero, en general, al concepto lo armamos juntos Bernardo y yo. A los dos nos encanta el cine, así que queríamos vincularlo a algo más cinematográfico que a algo netamente promocional de una banda (los videos de “performance” nunca me han gustado mucho). Respeto a la trama, sabíamos que alguien debía morir en el video. A esa cosa perversa ya la había trabajado antes en otros videos, así que fue algo súper natural seguir esa línea.

Su proyecto está acaparando cada vez más lugar en la blogósfera musical, y ustedes parecen muy internautas. ¿Cómo se toman las opiniones que reciben de los medios?

MM: Tratamos de tomarlas bien, sin mucho entusiasmo, pero tampoco tan en serio. Sabemos que es imposible agradarle a todos y que el internet se presta para que haya muchísima mala onda, pero hasta el momento el feedback que hemos recibido ha estado bastante bueno. Pero siempre hay que estar preparado para lo peor. Uno al final hace esto porque le gusta y creo que si tal vez no le gustásemos a nadie lo seguiríamos haciéndo, es algo inevitable.

Tenemos una ligera tendencia por repetir la siguiente pregunta. En un momento en el que la red revoluciona las formas de distribución y encontramos tiendas y sellos digitales ¿cómo ven el asunto de las descargas ilegales y el streaming de música de servicios como Spotify o Grooveshark?

MM: Si bien es una buena manera para darle un acceso más fácil a que la gente llegue a cierta música, me da pena porque ya ni siquiera tienes los archivos. Pasamos del CD a los archivos mp3 y ahora ya no necesitas darle un espacio a tu computadora para almacenar música. A mí me encanta ver los archivos, inventar cómo clasificarlos, sentir que están ahí, es algo casi romántico, pero, claro, sabemos que la tecnología no se detiene ante ningún romanticismo.