Reseña: Radiohead – «The King of Limbs», o cómo escuchar a las flores

Ya se había mencionado durante la época de la salida de OK Computer, uno de esos títulos que capturan en una nota todo lo que un disco puede representar para una generación: "Punk Floyd". Y con eso estamos. Y eso es lo que volvemos a confirmar luego de una cuidada escucha de The King of Limbs, el último disco de la banda británica Radiohead.

¿"Punk"? Todos sabemos que uno de los leit motiv del movimiento de finales de los setenta y comienzos de los ochenta presente en el mundo anglosajón, pero sobre todo en Inglaterra, tenían esta idea de "hazlo por tu propia cuenta" que ha llegado a nuestros días como una de las banderas más importantes de algo que se considera extinto por internalizado: de más está decir que no había nada más pro-sistema que esta moda anti-sistema, pero mal o bien supo instalar una serie de conceptos y discusiones que siguen siendo importantes para pensar la producción artística, al hombre mismo en los últimos treinta años. Y ese "hazlo por tu propia cuenta" impacta también en la circulación económica de bienes simbólicos, de arte: ya con el experimento que llevaron adelante al momento de lanzar In Rainbows, Radiohead había demostrado ser capaz de poder poner en circulación su material por fuera de las cadenas de distribución clásicas, apostando por una nueva instancia de aparición del disco, esto es, la digital: download por una página oficial en donde se paga un determinado valor por la descarga correspondiente o por la compra de un disco en formato material que llega a nuestras casas para sorprendernos con su arte de tapa y sus más que variados valores adicionales.

¿"Floyd"? El disco, en cuanto a su composición, no puede menos que recordarnos los diversos trabajos de otra de las bandas que han hecho época. Está en la primera canción del disco: "Bloom" no hace otra cosa que recordarnos esa atmósfera marina de "Echoes" de Pink Floyd al mismo tiempo que se conecta con esa suerte de universo sumergido que evocaban temas como "Pyramid Song" de Amnesiac. Ese "oceano que florece" de la letra de la canción no es otra cosa que una explosión, un desplegarse de un mundo que sigue en la misma línea que la incorporación paulatina de cada uno de los instrumentos luego del loop inicial de piano. A medida que el tema se cierra, no hay otra cosa que un oceano de ecos hasta el pulso final y el piano en loop, nuevamente, con un bajo bien adelante que da cierre al tema sólo para ser reemplazado por le beat de "Morning Mr. Magpie": la encadenación que se da entre el primer y segundo tema va a ser la regla general de sucesión de cada uno de los tracks de la placa.

¿Flores? Todo el disco es eso, flores: desde "Bloom" hasta el corte de difusión "Lotus Flower" --- canción que Yorke tenía desde hace tiempo en carpeta, como muestra esta interpretación en vivo del tema en el año 2009 ---, pasando por una de esas imágenes de "amanecer" que ofrece el título "Morning Mr. Magpie", además de la compleja trama de sonidos loopeados que operan como trasfondo que emula lo natural... Antes que flores, el disco, en tanto obra, respeta esa suerte de mandato estético que ya el filósofo Theodor Adorno había señalado como característica de la obra de arte actual: ese trabajo artesanal con los materiales, esa compleja relación que se establece con la naturaleza no alienada que se trabaja amorosamente en el marco de la producción artística --- nada de someterla, sino trabajar desde ella hacia ella: apenas un despegarse del trasfondo, si se quiere... ¿Los sonidos de Radiohead no son eso? ¿Las palmas descolgadas, grabadas por fuera de todo que sólo suenan de un solo lado del parlante en "Lotus Flower" no señala eso? ---, esa necesidad de ser oscuro pero al mismo tiempo extrañamente atractivo: "The King of Limbs", como las flores, no dejan indiferente a nadie, o se ama o se odia.

9/10

Volviendo al esitlo de Kid A y Amnesiac y salteándose un poco el nuevo rock que exploraron en Hail to the Thief e In Rainbows, The King of Limbs es un disco espectral --- nada mejor para pensarlo que "Give Up the Ghost" o "Codex" ---, con la duda de si sera o no la primera parte de un disco o apenas una placa de menos de cuarenta minutos, Radiohead insiste en la misma búsqueda creativa que caracterizó a la banda desde el comienzo, más específicamente, desde OK Computer: el punto que le falta tiene pura y exclusivamente que ver con el hecho de que un diez se lo tendría que llevar un disco que cambie la historia de la producción musical, título que se le podría dar a Kid A, pero no a esta placa, sencillamente por una cuestión cronológica. Lo que hace a un artista es la insistencia en el trabajo sobre los mismos elementos, los mismos materiales, a lo largo de toda una vida, cosa que se salta la producción de la industria cultural, obsesionada por la novedad y el cambio constante operando como valor diferencial. Radiohead, gracias a Dios, son otra cosa. Casi como las flores.

Fecha de lanzamiento: 18/02/2011
Discográfica: básicamente, ellos mismos.
Descarga el disco/Compra el disco: En la página oficial.
Tres canciones destacadas: “Lotus Flower”, “Bloom” y “Give Up the Ghost”