Reseña: James Blake – James Blake

Con un poco más de veinte años de edad, una voz sensacional y una fachada de popstar, James Blake podría haber audicionado en “The X Factor”. Pero no lo hizo. Aunque se crió en una modélica familia británica e incursionó en la música desde las lecciones de piano que comenzó a tomar en su adolescencia, decidió salirse del camino tradicional y se aventuró a sumergirse en la escena del dubstep en busca de un elemento exótico para su concepto de canción pop melancólica y confesional —heredado de su padre, un cantautor que en estos momentos prefiere mantenerse en el anonimato—. Muy irónicamente ante sus deseos de no ser mainstream, hoy se consagra como uno de los intérpretes revelación de su país en 2011, y aquel género conoce su mayor exposición desde sus orígenes en los oscuros antros londinenses.

Blake no deja de mencionar su escasa ortodoxia con éste. Se lo debe a esa casi “aleatoria” combinación que da origen a su sonido característico, el que los críticos frecuentemente clasifican como “post-dubstep”; y lo manifiesta con otras actitudes: aunque trabajó codo a codo con DJs y productores de la escena —por ejemplo, es conocida su admiración por Jamie xx, el responsable de las percusiones en The xx— ha dejado en claro que odia los remixes, ya que considera que son una “prostitución musical”, y que su práctica es “cínica” y “vacía”.

En James Blake, su álbum debut (sucesor de los EPs The Bell Sketch, CMYK y Klavierwerke, que se lanzaron en 2010 y fueron su primer acercamiento con la prensa especializada), encontramos once pistas que brillan como proezas de la experimentación. Construidas sobre acordes de piano que esbozan canciones soul, éstas siempre destacan en primer lugar la voz de James, la cual siempre está desbordando en tensión, jugando con el auto-tune de manera desmedida, o haciendo ambas cosas, como en el tema apertura, “Unluck”.

El elemento electrónico es omnipotente: pone beats de bajos estremecedores, desequilibra estructuras, acribilla a samples y, lo más importante, hace que todo ello tenga un énfasis dramático de una manera indescriptible, algo que su repertorio no podría conseguir valiéndose de sus letras, que son bastante simples y literales (“mi hermano y mi hermana no me hablan/pero no los culpo” es lo único que se oye en “I Never Learnt To Share”).

8/10

Durante toda su duración, el disco se turna entre momentos difíciles (como el minimalismo extremo de “Lindesfarne I”, una introducción al más cálido “Lindesfarne II”), momentos accesibles (como el cover de Feist “Limit To Your Love” o “The Wilhelm Scream”, casualmente ambos fueron elegidos para sencillos), pero, después de una buena cantidad de escuchas pacientes, descubrimos que funciona como un reloj. Sólo el tiempo nos dirá si nos encontramos ante un genio musical o un suertudo con una fórmula que perderá su gracia en el siguiente intento.

Fecha de lanzamiento: 07/02/2011
Discográfica: Universal
Compra el disco: Amazon
Tres canciones destacadas: “Limit To Your Love”, “The Willhelm Scream” y “Lindesfarne II”