Reseña: The Strokes – Angles

Es imposible tener un mejor arranque de carrera que el que tuvo The Strokes allá por 2001 con la edición de su primer álbum, This is It. Imposible no sólo porque llegaron justo en el momento en el que el mundo necesitaba traer al rock de vuelta a sus bocinas, sino porque este comienzo les dio una popularidad que hoy, una década después, todavía les alcanza para ser una de las bandas más adoradas del mundo sin haber sacado un buen disco en más de cinco años (seamos sinceros, First Impressions of Earth no le gustó ni a sus fans).

Así, Angles llega no sólo con la responsabilidad de demostrar que los neoyorquinos merecen dicha adoración, sino que carga además con una ausencia musical tremendamente larga, que por si fuera poco fue sazonada por proyectos alternos de casi todos sus integrantes, algunos (como Little Joy) tan buenos que era imposible no pensar que esta banda ya estaba más allá de una resucitación.

Y sin embargo, ocurrió. Ya sea porque necesitaban pagar sus hipotecas, o simplemente mantener el estatus, el asunto es que los Strokes finalmente decidieron volver al estudio para mostrarnos, luego de un tortuoso camino de dos años (que como ya es costumbre implicó el cambio de productor a mitad del proceso), la cara 2011 de la agrupación.

¡Y vaya que han cambiado las cosas! Por un lado Angles hace honor a su nombre y ofrece una variada selección de caminos y géneros como el reggae, new wave, el pop y la electrónica en vez de la ruta única del rock de influencias punk, guitarras poderosas y testosterona en grandes cantidades que contenía su producción debut.

Y es que la hechura de este álbum está definitivamente marcada por la experimentación y la libertad que tuvieron todos sus miembros para aportar sus propias composiciones, arreglos e ideas; pues a diferencia de sus anteriores producciones, esta vez la dictadura Casablancas desapareció para dar paso a una democracia multipartidista, que como cualquiera de éstas no deja de tener sus problemas.

Al final, el inconveniente de este disco es la falta de cohesión. No hay un espíritu de conjunto, sólo una mezcla de canciones que bien pudieron haber salido de los tracks descartados de cada uno de los álbumes solistas de sus miembros. "Machu Picchu" por ejemplo, suena en sus primeros segundos como un tema que quedó del disco solista de Casablancas, pues recupera el amor por los sintetizadores, el new wave y la electrónica ochentera del proyecto, combinándolo con algunos de los riffs de guitarra que ya son marca registrada de esta banda.

"Two Kinds of Happiness" también comienza como un auténtico tema de new wave ochentero pero a la mitad cambia estas influencias por una guitarra que a mí me recordó muchísimo al U2 de esa época. En esta categoría también está "Games", sólo que la canción no alcanza a despegar en ningún momento, quedándose completamente en el pasado.

"Under Cover of Darkness" recupera las guitarras rápidas y poderosas que ayudaron a construir la marca Strokes pero con un sonido mucho más pop y cercano a su tercera placa. El track de adelanto de hecho es uno de los pocos temas que en estructura suena a lo que la banda solía ser, sin embargo, no define la producción en lo más mínimo, ya que su intención es simplemente introducir al grupo de nuevo en la radio y las lista de éxitos.

Dentro de la categoría de sencillo también está "Taken for a fool", tema que contiene el sabor a himno guitarrero de sus anteriores producciones pero con algunas actualizaciones. Con la misma intención pero no los mismos resultados, aparece más adelante "Gratisfaction", una canción auténticamente Strokes que por momentos suena hueca y forzada.

"You're so right" nos muestra a un grupo más experimental, con un solo de guitarra intermedio cortesía de Valensi. El tema contiene una vibra obscura también presente en "Metabolism", canción que trabaja en la línea que la banda siguió en First Impressions of Earth y que recuerda por momentos no a Television o Lou Red sino a Muse.

"Call Me Back" es sorprendentemente simple y contenida, luego de toda la producción que contiene este disco, chocante por momentos, encantadora por momentos, pero en general sin la fibra que cualquier fan de los Strokes esperaría.

La placa cierra con "Life is simple in the moonlight", el único tema que sobrevivió de sus sesiones con el productor Joe Chiccarelli y que tal vez por eso trae la nota de diversidad a este disco, con un inicio francamente adorable aunque al final se descompone un poco.

No es casualidad que la carta fuerte de Angles sea la guitarra de Nick Valensi. Y es que tal vez por haber sido él el único Stroke que no realizó un proyecto solista, el músico y su instrumento parecen ser los únicos con ganas reales de hacer un disco en conjunto, convirtiéndose así el hilo conductor de este álbum, apareciendo en cada una de las canciones para salvar el día, ya sea poniendo el tono Strokes, llevar la melodía a buen término o acompañar la voz por momentos súper-producida de Casablancas.

Sin embargo, el resto de los integrantes parece haber olvidado que esto de hecho es una banda, pues los cambios de ritmo a mitad de casi todas las canciones, las influencias dispares y un cierto desgano combinado con una ejecución demasiado mecánica nos llevan a pensar que este es un disco hecho más por obligación que por las ganas de hacer algo con tus viejos compinches.

Es cierto, no obstante, que el largo descanso les permitió expandir sus horizontes y aprender nuevos trucos, logrando algunos momentos muy buenos, aunque para descubrirlo el escucha tiene que tener mucha paciencia, pues no es un disco fácil ni inmediato, por momentos diría que incluso suena torpe, pues parece que todos los músicos se esforzaron por meter sus influencias y sus gustos, más por capricho que por aportar algo a la mezcla.

En "Under Cover of Darkness", el primer sencillo, Julian canta: "Everybody's been singing the same song ten years (Todo el mundo ha estado cantando la misma canción por 10 años)" y yo creo que eso refleja de hecho el espíritu de esta producción: el cansancio de la marca registrada que se volvió obligación y que ahora la banda intenta cambiar para adaptarla a una nueva era, diferentes aspiraciones y otra edad.

7.7/10

Al final, el disco no es malo, pero se va desinflando conforme pasan las canciones, sobre todo, como ya mencioné, por su falta de cohesión. Tiene sus buenos momentos y en comparación supera por mucho a su anterior placa pero esa es su única ventaja. Este es un álbum de transición y como tal debe ser tratado.

Sólo esperemos que la próxima vez los neoyorquinos regresen al estudio no por la obligación, el estatus o las hipotecas, sino por el verdadero gusto de estar entre compañeros. Únicamente así, en conjunto, la banda logrará construir ese anhelado sonido para la nueva década. De otro modo, sería preferible poner a esta agrupación a dormir el sueño de los justos, dejando a sus integrantes libres para construir una buena carrera solista, algo que sabemos pueden hacer. Por lo pronto, el 2011 trae a los Strokes de regreso con un nuevo sonido. ¿Es el inicio de una nueva época o el inicio del fin?, eso sólo el tiempo nos lo dirá.

Fecha de lanzamiento: 18/03/2011
Discográfica: RCA, Rough Trade
Compra el disco: En la página de la banda
Descarga el disco: En la Web
Tres canciones destacadas: "Machu Picchu", "Life is simple in the moonlight", "Under Cover of Darkness".