Más allá de los premiados: la rutina de Colin Stetson

A estas alturas probablemente ya sabréis que Arcade Fire se ha hecho con el Polaris Music Prize, el equivalente canadiense al Mercury Music Prize, del que hablamos hace unas semanas y que consiguió PJ Harvey. Y es que cada año leemos o vemos en la televisión quiénes son los mejores artistas en los diversos galardones que se entregan. Aparte de los cambios en las tendencias que generan en el mercado, no podemos olvidar que en muchos casos sirven para descubrir nuevos talentos. Está claro que en esta tarea los que recompensan la labor de los artistas mainstream no nos van a ayudar demasiado, puesto que para ello ya son de la "corriente principal".

Sin embargo, a veces los grandes olvidados son los nominados que no se hicieron con "el premio tal". Sus nombres, con suerte, suelen aparecer en las quinielas previas pero después, cuando se anuncia el ganador, pasan a engrosar la lista de los perdedores. Suena mal decirlo, pero en los medios no suele hablarse de los perdedores, sino de las virtudes de quien se ha hecho con el galardón.

En este caso, con el citado Polar Prize han sido nueve los artistas "descartados": Austra, Braids, Destroyer, Galaxie, Hey Rosetta!, Ron Sexsmith, Timber Timbre, The Weeknd y Colin Stetson. Seguro que alguno nos suena (del video de "Kaputt" de Destroyer hablamos hace un tiempo) pero hoy nos vamos a centrar en el último: Colin Stetson.

Aparte de formar parte de los músicos que acompañan en las giras a Arcade Fire, este saxofonista tiene un currículum de impresión que incluye a grupos como Bon Iver, TV On The Radio, LCD Soundsystem, The National o Sinéad O'Connor. Vamos, que al hablar de saxofón bajo, clarinete, trompa de pistones, flauta o corneta es inevitable que surja el nombre de este estadounidense, un músico de referencia no solo en el indie/rock, sino también en el avant-garde y en la música ambiental. Y es que, al parecer, ya destacaba mientras estudiaba en Brooklyn o San Francisco.

Uno de los secretos de su éxito como músico es el dominio de la técnica de respiración circular, que permite coger aire por la nariz mientras sigues expulsando más por la boca, algo que, obviamente, resulta muy útil para tocar.

Pues bien, por si no fuera suficiente con su ajetreada agenda de conciertos con los grupos que hemos mencionado, Colin también tiene una carrera en solitario y su disco New History Warfare Vol. 2: Judges fue el que le sirvió para ser uno de los nominados al Polar Prize. A pesar de que finalmente no obtuvo el mayor reconocimiento, todo este prestigio tiene un precio. Él mismo lo ha comentado en una entrevista:

El dólor se concentra sobre todo en mi cara y mis manos porque la mayor parte del material que toco es una pesadilla estresante muy repetitiva. Y en los conciertos no tienes unos minutos para descansar, tienes 30 segundos y entonces, de repente, empiezas con otra canción. El esfuerzo que hago con los pulmones y el sudor es el mismo que si estuviera corriendo.

Él mismo sigue comentando que para poder estar a la altura en directo tiene que seguir una rutina que le lleva unas cuatro horas entre ejercicios de respiración, yoga y práctica con el instrumento. Todo ello conlleva un esfuerzo en su vida cotidiana y le obliga a llevar unos hábitos saludables haciendo que "casi sea un atleta", como él mismo dice. No obstante, confiesa que no podría vivir sin tanta actividad física:

Para mí, cuando estoy corriendo o tocando, sentir dolor, fatiga o euforia es bueno, me hace ver que estoy vivo. Son cosas como estar sentado todo el día, con los ojos muertos, mirando una pantalla viendo lo que dice una persona sobre otra cosa, las que me resultan más cercanas a la muerte. Son momentos de estancamiento que te hacen perder la mente.

Como vemos, el trabajo de un "nominado perdedor" está demasiado infravalorado. Por eso, será bueno si, a partir de ahora, le damos una oportunidad también a los que no consiguen alzarse con el primer premio. Es una buena costumbre sentir curiosidad por quiénes eran los competidores de Arcade Fire este año e ir más allá de los premiados. Al fin y al cabo, un premio es un premio. No tiene porqué decidir sobre la música que nos guste, ¿no?

Foto: Keith Klenowski