Reseña: Björk – Biophilia

Un órgano tubular chapado a la antigua que se hace controlar digitalmente, un arpa en forma de péndulo gigante, una bobina de Tesla conectada a un sintetizador y algún que otro artilugio semi-analógico más, construido por encargo, que aprovecha las fuerzas de la naturaleza para crear música. Una serie de aplicaciones multimedia que la combina con efectos visuales y una interfaz interactiva. Una ópera científica que rinde culto a los fenómenos físicos. Lo primero que notamos al acercarnos al séptimo (¿octavo?) álbum de estudio de Björk es que, sí, efectivamente, nos encontramos ante su proyecto más ambicioso hasta la fecha.

Biophilia llega cuatro años después de Volta (2007), y es a la vez un disco conceptual, un show en vivo adjunto a una suerte de exposición tecnológica que promete dar vueltas por el mundo, y un conjunto de apps de iPhone y iPad –una por cada pista– que se descargan individualmente y se guarecen bajo una app madre.

Como en toda obra de electrónica experimental con tendencias lutieres, el nuevo puñado de canciones de la islandesa busca hacerse notar más por su ejecución que por intentar llegar a un resultado concreto y ortodoxo dentro de las reglas de la música convencional.

En algunos momentos, las reminiscencias de sus anteriores trabajos son muy evidentes: "Virus" podría encajar muy bien en el repertorio de la era Vespertine (2001), mientras que "Cosmogony", introducido por arreglos de metales à la “Dull Flame Of Desire”, es muy parecido a lo que escuchamos en Volta. En otros, Björk saca provecho a algunos de los instrumentos extravagantes nombrados al comienzo para crear momentos verdaderamente brillantes: en el movido “Crystalline” presume el gameleste, otro de sus inventos, a la vez que deforma aleatoriamente toda estructura que la encasille en algún ritmo particular; y en “Mutual Core” le suelta las riendas a un frenesí tropical que constituye una de las partes más divertidas de la obra.

Sin embargo, la apreciación completa requiere verla a ésta desenvolverse en su ecosistema audiovisual, una experiencia interactiva que ilustra sus canciones, echa luz sobre su concepto y atenúa la densidad de sus momentos más abstractos y minimalistas. La app suite para iOS, que contó con la dirección artística del neoyorquino Scott Snibbe, incluye imponentes tratamientos visuales que interactúan con el oyente, narraciones y ensayos.

No podríamos dejar de ver en ella el futuro de la industria musical de no ser porque el soporte es, además, una plataforma comercial que se aprovecha perspicazmente del boom de las aplicaciones móviles y las interfaces táctiles. Por ello, por transgredir una vez más los estándares del pop, y por intentar disolver aquel divorcio entre ciencia y arte, Biophilia es uno de los proyectos indispensables del 2011.

8/10

Fecha de lanzamiento: 10/10/2011
Discográfica: One Little Indian
Compra el disco: Amazon (álbum); iTunes (app)
Tres canciones destacadas: "Crystalline", “Mutual Core”, "Virus"