Björk pone un alma en la electrónica de Biophilia

Cuando comenzó a circular información sobre el proyecto Biophilia, en seguida me quedó claro que no sólo iba a ser el último disco de Björk sino que sería una nueva propuesta concentrada en un universo multimedia de grandes posibilidades. Mientras la información se iba acumulando, me encontré con historias sobre aplicaciones para iPad y iPhone, sobre diseños de nuevos instrumentos híbridos y de una puesta en escena conceptual, que vuelve dependientes a todos los elementos que la componen.

A decir verdad, Biophilia en directo no se limita a la idea clásica de concierto sino más bien a una instalación entera que incluye hasta una zona de “aulas prácticas” para niños, donde durante cinco días experimentan y aprenden por medio de las aplicaciones diseñadas para el proyecto en cuestión. Así mismo el disco no se limita a la idea clásica de soporte de transmisión unilateral para el disfrute de ondas sonoras, sino que además te permite “visualizar” las canciones desde fuera. Cuando escuchas música con auriculares y cierras los ojos ocurre un proceso interno. Con las aplicaciones de Biophilia se buscaba poder “ver” los sonidos delante de ti, tal como Björk lo describe.

A pesar de conocer la importancia de los elementos anteriormente descritos, me permitiré centrarme de manera especial en el aspecto musical y sonoro del disco. Y claro está, que algunos aspectos tecnológicos han de ser mencionados para un mejor acercamiento a los elementos sonoros, aunque antes, para seguir el camino que me he trazado, formulo la siguiente pregunta:

Además de la innovación en cuanto al soporte físico del proyecto, ¿qué más hace que Biophilia sea un disco diferente a los anteriores?

Bien. Creo que puedo comenzar recordando algunas palabras de Björk sacadas de alguna entrevista:

…solía colaborar más, pero ahora en el estudio yo tomo todas las decisiones. ¡Soy una mandona!

Si Björk toma todas las decisiones que le interesa tomar, no es de extrañar que su identidad haya vuelto a impregnarse en cada centímetro de cada canción. Confieso que después de la publicación del “Volta” en el 2007 tuve cierto temor de que Björk comenzara a convertirse en una vaga imitación de sí misma.

Hoy puedo respirar no de alivio sino de profundo agradecimiento de que esto no haya ocurrido, y puede que los nódulos que encontraron en las cuerdas vocales de la cantante tenga algo que ver con esto. En el 2008, mientras estaba en plena gira del “Volta” fue cuando los médicos le diagnosticaron nódulos en las cuerdas vocales y le aconsejaron operarse. Como es evidente, Björk temió que una operación limitase su voz de por vida, así que decidió investigar formas alternativas para resolver su problema. Así lo hizo y a través de determinados ejercicios, que desconozco, logró recuperarse y seguir adelante.

El término biophilia, como hipótesis, sugiere que existe un vínculo instintivo entre los seres humanos y cualquier otro sistema vivo. No puedo dejar de imaginar la influencia que debe haber ejercido sobre Björk la relación con “esos seres anclados en su garganta.” No me extrañaría en absoluto que por lo menos una parte de la experiencia de enfrentarse a la posibilidad de no poder volver a cantar detonara en la artista la necesidad de contar y expresar todo lo que probablemente fue aprendiendo durante el proceso de recuperación. Es que ya se sabe: las enfermedades pueden ser grandes maestras.

Un factor que considero determinante para la identidad sonora del disco es la intención de “insertar un alma a la música electrónica”.

Durante 20 años lo que he escuchado decir a gente que prefiere la música indie, clásica, jazz, o lo que sea es: ‘Sí, pero la música electrónica no tiene alma’. Y durante 20 años he debatido: Claro, es porque nadie la ha puesto allí.

Biophilia es un disco donde podemos encontrar varios instrumentos diseñados especialmente para el proyecto, los cuales teniendo una base de resonancia acústica, funcionan con las propiedades de una máquina. “Haces que la máquina haga lo que mejor sabe hacer.” Y a partir de herramientas hambrientas de algoritmos, “puedes tomar decisiones impulsivas dependiendo de tus sentimientos en cada momento.” Esta es sólo una de las varias vías que Björk ha encontrado para proveer de alma a la mecanicidad.

Así progresa Biophilia:

Para comenzar nos ponen a girar alrededor de La Tierra. Orbitamos sobre las cuerdas de un arpa que dibuja motivos melódicos, estabilizando el movimiento con espasmos irregulares. “Moon”, el primer tema del disco, de algún modo recupera el sonido propuesto en “Vespertine”, con patrones rítmico-melódicos punzantes del arpa y el enriquecimiento vocal a través de un coro perfectamente trabajado. Aunque esta vez el espíritu es mucho más cadencioso, recordando una especie de canción de cuna.

Con “Thunderbolt” volvemos a tocar tierra iluminando el cielo en un destello. Encontramos un carácter “tubular-orgánico” (de organismo y de órgano de iglesia), y un sonido analógico modulado que se percibe como la oscuridad que esconde lo más preciado de un conocimiento ancestral que guarda la luz de los cristales.

A paso sincopado se desliza la aguja por el vinilo y encontramos los cristales “que crecen como plantas bajo nuestros pies”. En “Crystalline” podemos escuchar el gameleste, uno de esos instrumentos diseñados especialmente para el proyecto. Lo que hace que te muevas así como te mueves cuando escuchas este tema es el contraste rítmico entre el contratiempo de la línea melódica de la voz y la estabilidad de las corcheas que canta el gameleste. Para rematar, nos regalan una coda eléctrica, con drum and bass incluido. Final frenético que da paso a la dulzura de “Cosmogony”.

En “Cosmogony” Björk observa hacia el cielo y nos cuenta el origen del universo a través de símbolos animales y vegetales. Nos canta suavemente preguntas al oído, construyendo una melodía afable, de aquellas que nos transportan a los mejores sueños de la infancia donde volamos y amasamos nubes con los dedos.

Llegamos al túnel oscuro del disco. Dos temas dibujan un embudo en la estructura del mismo, como si quisieran probar nuestra constancia en el deseo de volver a ver la luz: “Dark Matter” y “Hollow”. Las cuatro primeras canciones del álbum poseen un tinte más claro, mientras las dos canciones mencionadas forman la parte inferior de un embudo. El tramo final se resuelve con cuatro canciones que recuperan tonos menos grises, un 4 -2 -4 (no insista, esto no es fútbol) que sitúa aquel túnel estrecho en toda la mitad de la estructura.

“Dark Matter” y “Hollow” están bastante bien descritas con sus títulos. El tono en ambas es claramente oscuro, donde Björk aprovecha para disfrutar con la experimentación vocal y armonías más disonantes, además de retomar el órgano como personaje relevante en el discurso. No puedo evitar recordar los giros que pudimos escuchar en “Prayer of the Heart” de John Tavener, donde Björk nos regaló frases tejidas en un registro agudo y de carácter cromático imponente. En general, tanto la obra de John Tavener como los dos temas que forman el oscuro puente de Biophilia suenan como cantos ceremoniales de tiempos ya perdidos.

Retomamos los tonos más iluminados con “Virus”. Es como una especie de recapitulación “conceptual-sonora” en una sonata. Nos devuelven la dulzura, los timbres cristalinos y la melodía afable. Volvemos a balancearnos al ritmo de un compás circular.

“Sacrifice”, “Mutual Core” y “Solstice” cierran la función como a modo de conclusión. Resumen todo lo que hemos escuchado antes, y parecen continuar con la idea de recapitulación. Tal vez no solo tomando del Biophilia sino invocando algunos espectros del pasado, como diciéndonos que las fibras que nos unen no conocen el tiempo. Por ejemplo, en “Mutual Core” puedo reconocer claramente un giro melódico muy característico que aparece en ‘The Modern Things’ del álbum “Post”, o el frío sonido templado de ‘Immature’ del “Homogenic” que se puede sentir por momentos en “Sacrifice”. Claro está que es normal que Björk suene a Björk, aunque me permitiré sospechar de que muchas de esas decisiones, que la “Señora Mandona” tomó a la hora de producir el disco, no tienen nada que ver con la casualidad.

Para terminar, puedo concluir que la música de Biophilia no depende en absoluto del apartado tecnológico (no como la propuesta del directo) y que puede ser escuchado a la “vieja usanza”. Que el valor musical implícito en el disco es incalculable y que el tiempo lo irá añejando como el mejor de los vinos. Y que la posibilidad de convivencia entre tradición y tecnología queda perfectamente demostrada con coherencia, criterio, equilibrio y el mejor de los gustos.

Así os dejo, entre la luna y el solsticio de todos los tiempos. Permitan que las vibraciones más sutiles de la naturaleza y todos los sistemas vivos recorran vuestros oídos hasta llegar a la membrana basilar para convertirse en miles de explosiones de células ciliares, como estrellas moribundas comprimidas por tanta vida.