Reseña: The Twilight Sad – No One Can Ever Know

The Twilight Sad tomó por asalto el mundo de la música en 2007 con el lanzamiento de su primera producción, Fourteen Autumns & Fifteen Winters, un álbum que mostraba las fortalezas de un sonido único inmerso en los géneros del shoegaze y el rock, alimentado por el fuerte acento, las letras oscuras y vocalizaciones profundas de James Graham. El cuarteto también ganó fama por sus ruidosas presentaciones en vivo, una cualidad que por cierto comparten con otras agrupaciones escocesas como Mogwai, de quienes se han pronunciado grandes admiradores y con quienes han compartido giras en numerosas ocasiones.

Era de hecho la propuesta musical de este grupo una de las grandes influencias para el trío que, sin embargo, ahora ha decidido darle una vuelta de tuerca a su sonido para su tercera producción discográfica, No One Can Ever Know, álbum que oficialmente sale a la venta el día de hoy y del que ya hemos venido hablando con bastante emoción aquí en Cuchara, pues sus primeros adelantos nos mostraban un interesante nuevo acercamiento a su música. Ahora, ya con la producción en nuestros reproductores, podemos asegurar que el cambio ha traído buenas noticias.

Lo primero que hay que recordar es que sus primeros lanzamientos se distinguían por un sonido lo-fi muy intencional, pues el trío utilizaba casi exclusivamente instrumentos antiguos en la grabación. También era notoria la pared de notas reverberadas y sumamente intensas que daba peso a cada una de sus canciones y que se complementaba con la oscuridad de las letras de Graham.

Y el asunto es que, aunque si bien su sonido sigue siendo negro como la noche, las influencias electrónicas le han dado una nueva cara mucho más refinada y menos saturada. Los escoceses decidieron llevar al estudio una serie de sintetizadores análogos rusos y baterías electrónicas para combinarlas con las guitarras llenas de efectos de Andy MacFarlane. No obstante, y al contrario de lo que pasó en sus dos primeros discos, éstas se han quedado en esta ocasión al fondo del telón y no como protagonistas de la obra.

Así, este conjunto de canciones ofrece una mezcla entre la oscuridad del primer álbum y la intensidad del segundo pero con un nuevo acercamiento. En lugar del mazazo directo a la cabeza, esta vez el trío comienza poco a poco y sin demasiada estridencia, retomando influencias como las de Nine Inch Nails, Depeche Mode e incluso The Cure y Joy Division para crear melodías sombrías pero también con un aura pop más amable y menos cruda que en sus anteriores producciones.

Aquí hay sencillos muy obvios como "Alphabet" o "Another Bed". La primera tiene una vibra totalmente thecuresca con unos sintetizadores sacados de las épocas más brumosas de Depeche Mode, aunque también sigue sonando a The Twilight Sad gracias sobre todo a la excelente voz de Graham, quien cierra diciendo "I was hoping on a good day that you would be mine (estaba esperando que un buen día serías mia)". "Another Bed" por otro lado suena más industrial, con influencias de gente como Trent Reznor y compañía en sus sintetizadores atiborrados y un cierto aire de indiferencia en las vocales.

En el departamento de la saturación también hay buenas opciones, aunque la producción de Andrew Weatherall (quien también ha trabajado con gente como Primal Scream y Beth Orton) le ha puesto, como ya dijimos, una cara mucho más fina y menos cacofónica a la propuesta. En esta área tenemos canciones como "Dead City", con su sonido electrónico de hechuras industriales y un ritmo más movido que también es lo más cercano a su anterior placa que podrán escuchar en esta ocasión.

"Sick" trabaja con acordes repetitivos y contenidos en capas lineales de vibra misteriosa e influencias joydivisionescas, las cuales también son notorias en "Don't Move", una canción que sin embargo suena mucho más dura, prendida y saturada, con un solo de guitarra intermedio y coros a dos voces que le dan un aire de novedad al asunto.

Los acordes de sintetizador que llevan la melodía de "Nil" también pagan tributo a lo más oscuro de Joy Division, sin embargo, al mismo tiempo conservan el sello de este trío. El resultado es definitivamente uno de los mejores temas de la placa.

La banda rinde homenaje a las capas superpuestas y la cacofonía de anteriores intentos en "Don't Look at Me", uno de los temas que tal vez recuerdan más a su segunda propuesta, aunque realmente le falta algo del poderío de esas melodías. "Not Sleeping" ofrece una especie de descanso atmosférico introductorio para "Another Bed", que como ya dijimos es de los temas más fuertes de la placa. La agrupación cierra duro con "Killing it in the Morning", melodía de influjos Nine Inch nailescos y un tono un poco más atiborrado y energético.

Así llegamos al final de este conjunto de nueve canciones que por su número podría sonar breve, sin embargo, tenemos temas de cuatro, cinco y hasta seis minutos de duración para compensar el número de tracks. En favor de este disco debo decir que nunca te cansa, pues fluye de principio a fin ofreciendo pequeños cambios de ritmo, superposiciones y melodías para formar un álbum completo, algo que de hecho fue la intención de la banda desde un principio, pues pensaron esta producción como un conjunto de canciones y no sólo como una colección de melodías.

Ahora, si bien el grupo ha utilizado mucho del rock ochentero como inspiración para esta producción, su sonido conserva el sello lóbrego y particular de sus inicios, aunque actualizado y mejor producido. Es cierto que por momentos parecen más fríos y menos apasionados, pero también hay que resaltar que hubo disposición para el cambio y para tomar riesgos que pudieron haber salido muy, pero muy mal.

Debido a que el álbum se filtró hace ya una semana, las opiniones en la red respecto a esta nueva placa también han comenzado a fluir. Y me ha llamado la atención que a muchos parece haberlos decepcionado, por considerarlo un intento flojo y sin la belicosidad de antaño. Esto sobre todo debido a que Graham y compañía han abandonado las capas superpuestas y extremadamente saturadas de su segunda producción, una cualidad aparentemente perfecta para aquellos a quienes les gusta el rock duro y ruidoso y no las sensibilidades de las bandas modernas.

Es decir que, a aquellos a quienes les gustaba esta banda por esas cualidades, este álbum les sonará suave y sin ninguna fibra. Sin embargo, a aquellos que saborearon más las canciones de su primer intento, o que apenas están conociendo a estos escoceses, esta nueva producción les va a encantar. Personalmente he estado escuchando el disco ya desde hace varios días y me parece de esos álbumes que crecen conforme los vas oyendo más y más.

Es muy cierto que esta vez The Twilight Sad ha abandonado el rock directo y sin cortapisas para producir un sonido mucho más fino que incluso en algunos momentos alcanza las esferas del pop. Sin embargo, en el intento han salido bien librados al conservar su personalidad y al mismo tiempo renovar su propuesta musical con nuevos elementos.

8/10

Así, No One Can Ever Know es el gran regreso de una de esas bandas que parecen trabajar siempre al margen del mainstream con audiencias pequeñas y cautivadas; y de las que no te cansas de preguntar por qué no son más famosas o más reconocidas. Repito que habrá quien prefiera el rock duro y sin cortapisas de su anterior intento, sin embargo, la inmediatez y atractivo de este nuevo ofrecimiento merecen una larga oportunidad.

Fecha de lanzamiento: 6/02/2012
Discográfica: Fat Cat Records
Compra el disco: en su web.
Escucha el disco: en Spin.
Tres canciones destacadas: "Dead City", "Alphabet", "Nil"